10 March 2026
20 min
La guerra en Irán golpea al campo español: costes disparados, rutas cortadas y mercados en vilo
El encarecimiento de fertilizantes y gasóleo, la paralización de exportaciones de alfalfa al Golfo y las tensiones en el mercado del pistacho anticipan los riesgos indirectos del conflicto para el campo español

El estallido del conflicto armado en Irán a finales de febrero ha añadido un nuevo foco de tensión para el sector agroalimentario español. Aunque el intercambio comercial directo entre España e Irán es relativamente limitado, sí que existen efectos indirectos que ya se están dejando sentir en aspectos como: los costes de producción, en algunos flujos exportadores específicos y en la evolución de determinados mercados agrícolas internacionales.
La experiencia reciente con el conflicto en Ucrania ha demostrado que este tipo de crisis puede transformar el entorno económico del campo con rapidez, lo que ha llevado al Ministerio de Agricultura a calificar la situación de "singular" y a instar a todos los actores de la cadena alimentaria a prepararse ante posibles escenarios más adversos si la guerra se prolonga.
Insumos agrarios: fertilizantes y gasóleo agrícola en el punto de mira
El encarecimiento de los medios de producción es el primer efecto tangible que están registrando organizaciones agrarias y cooperativas. Los precios de fertilizantes y gasóleo agrícola han experimentado incrementos que oscilan entre el 20 % y el 50 %, impulsados por la volatilidad energética asociada a la inestabilidad en Oriente Medio.
El carburante agrícola es especialmente sensible a estas tensiones geopolíticas: cada repunte en el precio del petróleo se traslada directamente a las labores de campo y al transporte de alimentos a lo largo de toda la cadena agroalimentaria.
A ello se suma la amenaza de movimientos especulativos en los mercados de insumos, un fenómeno que ya se vivió anteriormente con la crisis ucraniana y que podría agravar aún más la presión sobre los márgenes de los productores si el conflicto se enquista.
Los precios de fertilizantes y gasóleo agrícola registran subidas que oscilan entre el 20 % y el 50 %
Exportaciones afectadas: la alfalfa española hacia el Golfo, paralizada
En el plano comercial, uno de los efectos más llamativos hasta la fecha es la interrupción temporal de los envíos de alfalfa española con destino a los países del Golfo Pérsico. Se trata de un mercado muy especializado —este forraje se utiliza principalmente para la alimentación de caballos y camellos en la región— que ha visto alteradas sus rutas marítimas y operaciones portuarias por la escalada militar. Aunque es un nicho exportador específico, su parálisis no hace más que ilustrar la vulnerabilidad que pueden presentar determinadas cadenas logísticas ante disrupciones geopolíticas.
En un sector agroalimentario cada vez más internacionalizado, las consecuencias de un conflicto a miles de kilómetros pueden llegar con rapidez al campo español
El mercado del pistacho, bajo vigilancia
Las consecuencias indirectas del conflicto también se hacen notar en algunos mercados agrícolas globales. El caso más destacado es el del pistacho: Irán es uno de los principales productores mundiales de este fruto seco, y cualquier afectación significativa sobre su producción o sus exportaciones podría generar tensiones en la oferta internacional, con repercusiones en precios y disponibilidad. Este tipo de efectos refleja cómo las crisis geopolíticas pueden alterar el equilibrio de los mercados agrícolas, generando tanto riesgos de abastecimiento como oportunidades para otros países productores.
Un impacto aún limitado, pero con alta incertidumbre
Por el momento, el Gobierno español considera que el impacto económico global del conflicto sobre España debería ser limitado. Sin embargo, desde el Ministerio de Agricultura se reconoce que el principal riesgo no procede del comercio bilateral con Irán, sino de los efectos indirectos que atañen a la energía, los fertilizantes, el transporte marítimo y los mercados de materias primas agrícolas.
A la postre, será la duración del conflicto el factor más determinante: si la tensión se prolonga, el encarecimiento de los insumos podría trasladarse progresivamente a los precios finales de los alimentos y erosionar aún más la rentabilidad de agricultores y ganaderos. El sector, por ahora, observa la evolución con cautela.

