
07 January 2026
El turismo vinculado al aceite de oliva comienza a consolidarse como una alternativa económica en distintas regiones del mundo, más allá de los grandes productores tradicionales. La propuesta promete diversificar ingresos para pequeños agricultores, aunque enfrenta obstáculos como la falta de infraestructuras y la marcada estacionalidad.
Según Abderraouf Laajimi, director ejecutivo adjunto del Consejo Oleícola Internacional (COI), esta modalidad turística no solo impulsa el sector oleícola, sino que también contribuye a difundir la cultura del olivo y la excelencia del aceite de oliva virgen extra (AOVE). "Es un modelo que garantiza sostenibilidad productiva, ambiental, social y económica", subraya.
Identidad y territorio como reclamo
Experiencias que combinan naturaleza, gastronomía y tradición refuerzan valores como autenticidad y arraigo, especialmente en países como España, Grecia o Túnez, donde el visitante puede ir más allá de la simple visita a la almazara. Laajimi destaca que el oleoturismo dinamiza la economía rural, incluso en zonas donde el olivo es la única fuente de ingresos.
Sin embargo, el desarrollo de esta actividad exige inversión en digitalización, promoción y formación especializada, desde la atención al visitante hasta la cata profesional de aceites, un reto para explotaciones pequeñas. A ello se suma la estacionalidad: la mayor afluencia coincide con la campaña de recogida, lo que obliga a diseñar propuestas atractivas fuera de temporada, como rutas gastronómicas o talleres.

Un turismo en expansión
El COI organizó recientemente un seminario sobre oleoturismo como motor de desarrollo sostenible. Allí, el catedrático Manuel Parras de la Universidad de Jaén subrayó la necesidad de coordinación entre actores locales y una comunicación eficaz para consolidar un producto turístico sólido. Las actividades abarcan desde visitas a almazaras y participación en la recolección hasta museos, rutas paisajísticas y celebraciones tradicionales.
El interés por lo rural, reforzado tras la pandemia, respalda esta tendencia: más del 80 % de los viajeros busca experiencias gastronómicas y un 30 % demanda propuestas innovadoras que permitan interactuar con productores, según la Organización Mundial del Turismo.
Ejemplos no faltan: en Creta, el oleoturismo complementa el clásico "sol y playa"; en Puglia (Italia), una almazara ofrece visitas todo el año junto a talleres de cerámica y yoga entre olivos; en Argentina, la familia Zuccardi invita a ser "oleicultor por un día"; y en Brasil se organizan recorridos inmersivos. Túnez y Portugal también avanzan con iniciativas que combinan aceite orgánico, educación y tecnología.
