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21 July 2026

7 min

Por qué 2026 amenaza con convertirse en uno de los peores años de incendios en España

El país concentra ya cerca del 40 % de la superficie quemada en la Unión Europea. No es solo el calor: es la suma de una sequía persistente, el abandono del campo y un monte que lleva décadas acumulando combustible

Cambio Climático
Desarrollo Rural
Humo denso y fuego de un incendio forestal cubren un paisaje árido con un puente.

A mediados de julio de 2026, España acumulaba más de 60.000 hectáreas forestales quemadas y 18 grandes incendios forestales, una cifra muy superior a la registrada en las mismas fechas del año pasado y que sitúa al país como el más afectado por el fuego en la Unión Europea. Según los datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), España concentra cerca del 40 % de toda la superficie quemada en el conjunto comunitario.

El balance humano también ha sido devastador. El incendio de Los Gallardos (Almería), uno de los más graves registrados en los últimos años, ha dejado más de una decena de víctimas mortales y ha obligado a evacuar a miles de personas.

En cifras: más de 60.000 ha quemadas, 18 grandes incendios, cerca del 40 % del total de la UE y más de 10 víctimas mortales en Los Gallardos (Almería)

Los registros de EFFIS muestran además que la superficie quemada este año se sitúa muy por encima de la media de las dos últimas décadas para estas fechas. La pregunta que se repiten técnicos, gestores forestales y climatólogos es siempre la misma: ¿qué está haciendo que la campaña de 2026 sea tan complicada? La respuesta no se encuentra en una única causa, sino en la combinación de varios factores que se refuerzan mutuamente.

Una ola de calor con el peor guion posible

La segunda ola de calor del verano ha llegado con el escenario más desfavorable para los montes españoles: temperaturas por encima de los 40 grados, humedades relativas muy bajas, viento cambiante y tormentas secas acompañadas de aparato eléctrico.

La combinación de calor extremo, aire seco y rayos sin precipitaciones suficientes para extinguir los focos es exactamente la que multiplica el riesgo de incendio y favorece una rápida propagación una vez que las llamas comienzan.

A diferencia de un episodio puntual de altas temperaturas, este patrón somete a la vegetación a un estrés hídrico prolongado. El resultado es un paisaje mucho más inflamable, incluso en zonas que históricamente no se consideraban de riesgo extremo.

Los 15 mayores incendios forestales de la historia de España

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El cambio climático como telón de fondo

Detrás de cada episodio extremo existe una tendencia de fondo. El aumento sostenido de las temperaturas y la mayor frecuencia de las olas de calor están reduciendo la humedad del suelo y de la vegetación de forma estructural. Cada verano ofrece más jornadas con condiciones meteorológicas favorables para grandes incendios que hace apenas unas décadas.

Diversos estudios de atribución climática han concluido además que el calentamiento global incrementa la probabilidad de episodios de calor extremo y de situaciones meteorológicas que favorecen incendios de gran intensidad en la Península Ibérica.

"Nos hemos acostumbrado a hablar de récords, pero esto es una crisis donde el cambio climático es la clave fundamental" , Mónica Parrilla, responsable de incendios de Greenpeace España

A su juicio, los grandes incendios forestales han pasado de ser un problema ambiental a convertirse en un desafío de protección civil.

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El combustible que nadie ve: abandono rural y monte sin gestionar

Sin embargo, reducir el problema únicamente al clima sería un error. Existe otro factor menos visible para la opinión pública, pero esencial para comprender la magnitud de los incendios actuales: la transformación del paisaje rural.

Un estudio del Eixo Atlántico presentado este mismo mes, que analiza la relación entre despoblación e incendios en España, Portugal y Francia, concluye que los territorios que pierden población registran sistemáticamente una mayor superficie quemada y una mayor exposición a grandes incendios.

El mecanismo es bien conocido por técnicos forestales, agricultores y ganaderos. Cuando desaparece la actividad agraria, ganadera y forestal, el matorral avanza, aumenta la continuidad de la vegetación y desaparece el tradicional paisaje en mosaico formado por cultivos, pastos y masas forestales.

Durante décadas, estos usos actuaron como cortafuegos naturales. Su desaparición ha permitido la acumulación de enormes cantidades de combustible vegetal. Cuando coinciden temperaturas extremas y vegetación seca, ese combustible convierte incendios inicialmente controlables en fenómenos de comportamiento explosivo.

Es lo que los especialistas denominan incendios de sexta generación: fuegos tan intensos y complejos que pueden generar su propia dinámica atmosférica y superar, durante determinados momentos, la capacidad de extinción de los dispositivos convencionales.

Causas y características de un incendio de sexta generación 

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El abandono del campo no provoca incendios, pero construye el combustible que los convierte en catástrofes. Menos ganadería y agricultura extensiva significan más matorral continuo y menos cortafuegos naturales

Un círculo vicioso para la España rural

Las consecuencias no terminan cuando se apagan las llamas. La pérdida de masa forestal afecta directamente a actividades económicas como el aprovechamiento de la madera, la resina, la caza o el pastoreo extensivo. En muchas comarcas rurales, estas actividades constituyen una de las últimas fuentes de ingresos estables.

El resultado es un círculo vicioso difícil de romper: menos actividad económica implica menos gestión del territorio; menos gestión favorece la acumulación de combustible; más combustible aumenta el riesgo de incendios; y cada gran incendio reduce todavía más las posibilidades de desarrollo rural.

Menos actividad económica implica menos gestión del territorio

El origen sigue siendo, en la mayoría de los casos, humano

Aunque las imágenes de los incendios suelen centrar la atención en las condiciones meteorológicas, conviene recordar un dato fundamental: la inmensa mayoría de los incendios forestales en España tienen origen humano, ya sea por negligencias, accidentes o acciones intencionadas.

El clima determina la facilidad con la que un incendio puede propagarse y alcanzar dimensiones catastróficas. El estado del monte determina su comportamiento. Pero, en la mayor parte de los casos, el foco inicial sigue estando relacionado con la actividad humana.

Qué se puede hacer

Los expertos coinciden en que la solución no pasa únicamente por reforzar los medios de extinción. También exige intervenir sobre el territorio antes de que aparezcan las llamas.

Entre las medidas más citadas destacan:

  • Recuperar la actividad agraria y ganadera, especialmente el pastoreo extensivo.
  • Mantener paisajes en mosaico que dificulten la propagación del fuego.
  • Impulsar una gestión forestal activa mediante desbroces y tratamientos selvícolas.
  • Favorecer los aprovechamientos forestales sostenibles.
  • Incrementar el uso de quemas prescritas cuando las condiciones técnicas lo permitan.
  • Apoyar el relevo generacional y la actividad económica en el medio rural.

Cajamar pone el foco en la gestión del monte frente a los incendios

Plataforma Tierra ya ha abordado en otras ocasiones la necesidad de replantear la gestión forestal en España. Lo que está demostrando la campaña de 2026 es que los incendios ya no pueden entenderse únicamente como una emergencia estacional. Son también una consecuencia de cómo se gestiona, o se deja de gestionar, el territorio. Y cada verano que pasa hace más evidente que retrasar ese cambio tiene un coste cada vez mayor en superficie quemada, actividad económica y vidas humanas.

 

Imagen de un libro con un fondo de un bosque y un enlace de descarga.

 

Precisamente sobre esto alertaba, hace apenas unos días, la monografía de Cajamar 'El sector forestal y la gestión del monte en España' (número 41 de la colección Mediterráneo Económico), presentada en el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. 

La publicación advierte de que el abandono de las actividades agrarias y ganaderas tradicionales y la despoblación rural estaban dando lugar a masas forestales más densas, continuas y vulnerables al fuego, y de que el cambio en el régimen de lluvias y el aumento de las temperaturas agravará las condiciones para incendios de alta intensidad, con proyecciones que apuntan a un incremento del peligro de entre el 14 % y el 30 % a finales de siglo. Lo que hoy vemos arder no es, por tanto, una sorpresa: es exactamente lo que este informe llevaba tiempo anticipando.

Fuentes