16 July 2026
6 min
Empecemos por el principio: los datos antes que la IA

Antes de hablar de inteligencia artificial, conviene hablar de datos
Ningún algoritmo puede aportar valor si la información que lo alimenta es incompleta, dispersa o poco fiable. Esta idea, que puede parecer evidente en cualquier proceso de transformación digital, resulta especialmente relevante en la industria agroalimentaria, donde cada vez se generan más datos asociados a la producción, la trazabilidad, la calidad, la logística, la energía, las ventas o la relación con clientes y proveedores.
Durante los últimos años, la inteligencia artificial ha ocupado buena parte del debate tecnológico. Se habla de automatización avanzada, sistemas predictivos, visión artificial, modelos generativos o herramientas capaces de apoyar la toma de decisiones.
Sin embargo, detrás de cada una de esas aplicaciones existe una condición previa y es disponer de información suficiente, estructurada y útil.
La inteligencia artificial empieza con la capacidad de una empresa para generar y gestionar datos fiables
Materia prima: el dato
La industria agroalimentaria transforma materias primas en alimentos, pero cada vez más también transforma datos en decisiones.
Cada recepción de producto, cada control de calidad, cada parámetro de una línea de producción, cada incidencia logística o cada consumo energético puede aportar información relevante para mejorar la gestión empresarial. El reto no consiste únicamente en recopilar esos datos, sino en integrarlos, analizarlos y utilizarlos para tomar mejores decisiones.
Durante mucho tiempo, una parte importante de esta información ha permanecido distribuida en hojas de cálculo, documentos internos, registros manuales o sistemas poco conectados entre sí.
La digitalización permite empezar a ordenar ese universo de información y conectarlo con procesos concretos: planificación de la producción, reducción de mermas, control de costes, eficiencia energética, seguridad alimentaria o trazabilidad.
Este cambio no siempre resulta visible desde fuera. No necesariamente se traduce en una gran inversión en maquinaria o en la incorporación inmediata de tecnologías muy sofisticadas.
A menudo empieza de forma más silenciosa: con sensores en una línea, con un software de gestión, con un sistema de trazabilidad más robusto o con un cuadro de mando que permite observar mejor lo que ocurre dentro de la empresa.
La IA se apoya en el análisis de datos
Los resultados del Observatorio para la Digitalización del Sector Agroalimentario Español muestran que la inteligencia artificial empieza a ocupar un espacio relevante en la industria agroalimentaria.
En 2025, el 62,7 % de las empresas declara emplear algún sistema de IA. Además, el uso más extendido se concentra en el análisis de datos, con el 49,2 %, seguido de la automatización o ayuda a la toma de decisiones, con el 22,7 %.
Por tanto, con los resultados anteriores, se puede sugerir que la IA que se está incorporando a la industria agroalimentaria no se orienta únicamente hacia aplicaciones de alta complejidad. Su principal utilidad actual está relacionada con interpretar mejor la información disponible.
La inteligencia artificial se está utilizando, en buena medida, como una herramienta para extraer valor de los datos
Esto permite matizar el debate. Antes de hablar de modelos avanzados, sistemas predictivos o decisiones automatizadas, las empresas necesitan haber recorrido un camino previo: digitalizar procesos, capturar información, asegurar la calidad de los datos, integrarlos en sistemas comunes y disponer de personas capaces de interpretarlos. Sin esa base, la IA corre el riesgo de convertirse en una promesa difícil de materializar, porque no puede obtener respuestas de calidad.
La IA no sustituye la transformación digital previa: la necesita
La captura de datos en la industria agroalimentaria presenta un nivel de desarrollo moderado o alto en algunos procesos. No obstante, es necesario avanzar en la integración de la información generada para que los sistemas de inteligencia artificial puedan explotarla de forma eficaz y generar un mayor valor añadido.
Confianza, propiedad y ciberseguridad
El avance en el uso y la integración de datos también plantea nuevas preocupaciones. La digitalización implica una recolección masiva de información procedente de distintos departamentos del negocio.
Cuando estos datos se integran en bases comunes y se someten a protocolos de análisis, pueden mejorar la calidad de las operaciones y optimizar la toma de decisiones en ámbitos como la eficiencia energética, la gestión de recursos materiales y humanos o la sostenibilidad ambiental.
Ahora bien, los datos empresariales son información sensible. Por ello, su uso debe ir acompañado de protocolos estrictos de almacenamiento, protección y ciberseguridad, siendo una preocupación de la propia industria agroalimentaria. Además, dicho interés puede identificarse en la propia formación recibida, donde la ciberseguridad se ha posicionado en el tercer escalón.
Por tanto, esto es un aspecto clave. La revolución del dato no puede construirse solo desde la tecnología. También necesita confianza.
Las empresas deben saber quién accede a sus datos, con qué finalidad, en qué condiciones y qué garantías existen sobre su anonimato, seguridad y uso posterior. Sin esa confianza, será más difícil avanzar hacia ecosistemas digitales colaborativos.
Sin confianza sobre el uso de los datos, la digitalización pierde una parte esencial de su capacidad transformadora
Primero el dato, después la IA
La industria agroalimentaria está entrando en una nueva etapa de su digitalización. La inteligencia artificial, la robotización y otras tecnologías habilitadoras seguirán ganando protagonismo, pero su desarrollo dependerá de una base menos visible: la calidad y la gestión de los datos.
La revolución silenciosa del dato no consiste en acumular información sin más. Consiste en convertirla en conocimiento útil, integrarla en los procesos empresariales y utilizarla para mejorar la eficiencia, la trazabilidad, la sostenibilidad y la competitividad.
Por eso, antes de preguntarse qué puede hacer la inteligencia artificial por la industria agroalimentaria, quizá conviene plantear una cuestión previa ¿están las empresas preparadas para generar, ordenar y aprovechar los datos que la inteligencia artificial necesita?
En esa respuesta se juega buena parte del futuro digital del sector. Porque la inteligencia artificial empieza mucho antes de la IA: empieza en cada registro, en cada sensor, en cada sistema de gestión y en cada decisión basada en información fiable.
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