
12 January 2026
Irlanda
Alan Mattews, seguramente uno de los mejores analistas de las políticas agroalimentarias, escribía en un post reciente sobre el Acuerdo de Mercosur:
"El Acuerdo UE-Mercosur crearía la mayor zona de libre comercio del mundo, con alrededor de 720 millones de habitantes y representando aproximadamente una quinta parte del PIB mundial. El Acuerdo eliminaría los aranceles sobre alrededor del 91 % de los productos comercializados entre los bloques. Crearía una asociación política que beneficiaría enormemente a la UE en un momento en el que realmente necesita crear alianzas.
"Un liderazgo político más fuerte habría defendido la ratificación del acuerdo por estas razones. En cambio, parece probable que Europa desperdicie esta oportunidad y se hunda aún más en la irrelevancia en un mundo cada vez más geopolítico”.
El pesimismo del segundo párrafo anticipaba el fracaso del Consejo Europeo de 18 de diciembre. Las protestas de los agricultores europeos ese mismo día en Bruselas y la propia presión interna hicieron que Italia se sumara a la minoría de bloqueo liderada por Francia, obligando a la Comisión Europea a aplazar el cierre del acuerdo.
Además de ser un prestigioso académico, Mattews es irlandés; pero si por algo se caracterizan sus artículos es por el rigor apoyado siempre en datos objetivos y contrastables.
Irlanda finalmente votó en contra del acuerdo en la reunión del Comité de Representantes Permanentes del pasado 9 de enero.
Francia
Francia también votó en contra. Así lo anunciaba la víspera de la reunión el presidente de la República, Enmanuel Macron.

Un día antes, el 7 de enero, Le Monde, medio francés que, podemos decirlo así, se caracteriza por defender un modelo de producción agraria sostenible, muy en la línea del Pacto Verde europeo, titulaba su editorial de la siguiente manera: “Mercosur: la mala apuesta diplomática de Francia”.
El siguiente párrafo del editorial es muy ilustrativo:
“Francia gestionó el asunto de la peor manera posible, dejando que se enquistaran las recriminaciones contra el acuerdo, que, al ser caricaturizado, acabó por resultar inaceptable. La mayoría de los partidos políticos se negaron a reconocer los avances en las negociaciones agrícolas y los beneficios reales para la economía francesa. Estos se ocultaron sistemáticamente, dejando paso a la fantasía de una avalancha tóxica de exportaciones de carne de vacuno, pollo o azúcar procedentes de Sudamérica. Esto no sucederá, ya que se establecerán cuotas limitadas a alrededor del 1,5 % del consumo de la UE, mientras que la prohibición del engorde con hormonas y antibióticos no se cuestiona”.
Se elude hablar de las limitaciones que tendrán los países de Mercosur para exportar productos agrícolas sensibles y con ello, su impacto limitado. Las ventajas se pasan alto y las amenazas se exageran.
El voto
El pasado 7 de enero, la Comisión Europea, celebró una reunión ad hoc de ministros de Agricultura para abordar el acuerdo de Mercosur. Fue un movimiento rápido y, a la luz de los resultados, acertado.
Por un lado, conseguía romper la minoría de bloqueo, haciendo cambiar a Italia de bando; y, por otro lado, las concesiones servían para allanar las negociaciones del Marco Financiero Plurianual 2028-2034, sin perjuicio de que todavía queda mucho por negociar. Buen movimiento.
En la reunión de embajadores que tuvo lugar dos días después, el sentido del voto ya estaba sentenciado. Votaron en contra Francia, Irlanda, Polonia, Austria, Hungría y se abstuvo Bélgica, una minoría insuficiente para impedir que el acuerdo se aprobara.
España votó a favor, en el sentido de su posición política de estado que mantiene desde que comenzó a negociarse el acuerdo.
La presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen, podrá finalmente volar a Paraguay para escenificar el acuerdo, evitando lo que hubiera sido una derrota política de primer orden.
El camino del acuerdo parece ya expedito, aunque todavía quedan obstáculos. El acuerdo en sí se divide en dos pilares, un pilar político y de cooperación y un pilar comercial, una arquitectura que no es casual.
El primero debe ser refrendado por todos los Estados miembros. El segundo, el pilar comercial, se aplicará cuando el Parlamento Europeo lo apruebe; aunque habrá no pocas dificultades, es de esperar que lo apruebe.
El escenario más previsible es que, finalmente, el pilar político no lo refrenden todos los Estados miembros, empezando por los que han votado en contra, de manera que solo se aplique el pilar comercial, que es competencia de la Comisión Europea.
Un escenario extraño, pues una parte de las contrapartidas demandadas por la UE a Mercosur estarían precisamente en el pilar político y de cooperación.
Las concesiones ofrecidas por la Comisión
El capítulo de las concesiones realizadas por la Comisión en la negociación para conseguir este acuerdo no es menor.
El acuerdo tendrá un reglamento ad hoc de medidas de salvaguardia adicionales aplicables a las importaciones de productos sensibles procedentes de Mercosur, con mecanismos de respuesta sujetos a plazos mucho más cortos de los ordinarios.
En el capítulo de las medidas sanitarias y fitosanitarias, la Comisión mantiene su compromiso hacia la reciprocidad en las importaciones, para que “los plaguicidas más peligrosos prohibidos en la UE por razones sanitarias o medioambientales”, no puedan “volver a la UE a través de productos importados”, supeditado a un informe de evaluación de impacto que se presentaría este mismo año, pues es un asunto cuyo encaje en las normas de la Organización Mundial de Comercio es, cuando menos, delicado.
Las concesiones también alcanzan al precio de los fertilizantes, un input estratégico para el que la UE depende en buena medida de las importaciones, y una de las preocupaciones más recientes de los agricultores comunitarios por su carestía e impacto en los costes de producción.
La Comisión ha propuesto una excepción para flexibilizar la aplicación a los fertilizantes importados del reglamento de Mecanismo de Ajuste en Frontera de Carbono, y ha anunciado una reducción temporal de los aranceles aplicables a la importación de amoniaco y urea.
El último capítulo de las concesiones viene de la mano de las negociaciones del futuro Marco Financiero Plurianual 2028-2034 y de la Reforma de la Política Agrícola Común.
La Comisión ha ofrecido a los Estados miembros la posibilidad de destinar más fondos para la PAC de sus planes nacionales; no es dinero “fresco” adicional sino la posibilidad de emplear más dinero del fondo único para la PAC. Con ello, los fondos destinados a esta política podrían incrementarse en 45.000 millones de euros; es decir, un 15 %; si bien la decisión final de aplicar esta posibilidad queda en manos del Estado miembro.
Italia
Al contrario que Francia, Italia entró en la reunión del 9 de enero en la mejor de las posiciones, esto es, dispuesta a negociar. Y así fue. Abandonó la posición táctica que adoptó en el Consejo Europeo de 18 de diciembre y rompió la minoría de bloqueo apoyando el acuerdo.
Cómo no, Italia ha capitalizado internamente las concesiones ofrecidas por la Comisión, el “incremento” de presupuesto para la PAC, las concesiones en reciprocidad y la suspensión de la aplicación del reglamento de ajuste de carbono en frontera a los fertilizantes.
Con este “triunfo”, Coldiretti, la organización agraria más importante de Italia titulaba su nota de prensa: “PAC: resultado impensable del Gobierno que ha devuelto 10.000 millones a los agricultores italianos”; y añadía:
“El anuncio de 10.000 millones más para los agricultores italianos en los recursos destinados a la PAC 2028-2034, que llega gracias al papel decisivo desempeñado por el Gobierno italiano y el ministro Lollobrigida, responde a las peticiones formuladas desde hace meses por Coldiretti, también a través de diversas movilizaciones en toda Italia y en Bruselas, la última de ellas el pasado 18 de diciembre en la capital belga”.
Bueno, gana Italia, pero no solo Italia; las propuestas de la Comisión son para todos los Estados miembros y son también la respuesta a las peticiones de la mayoría de los Estados miembros. Otra cosa es que la Comisión haya aprovechado ahora la ocasión para presentarlas.
Las organizaciones agrarias
Los representantes de los agricultores y de las cooperativas a nivel europeo, a pesar de las concesiones conseguidas, han anunciado que proseguirán las manifestaciones.
La presión de los agricultores no es uniforme a lo largo de la UE, en función del riesgo con el que se percibe el acuerdo en cada lugar. Donde más riesgo se percibe, sus gobiernos han votado en contra. Y no en todos ellos los agricultores se han manifestado con la misma intensidad. Veíamos por ejemplo la reacción de Coldiretti en Italia. Sin embargo, en Francia se elevó demasiado la apuesta contra el acuerdo y ahora es difícil retroceder, a pesar de las concesiones conseguidas.
El sector agrario francés tiene un problema existencial que va mucho más allá del problema de Mercosur. Un sector acostumbrado a movilizarse, incluso contra las importaciones procedentes de la propia Unión Europea, incluidas las españolas, consigue en no pocas ocasiones movilizar al sector de otros países, aunque no siempre coincidan los motivos.
Este es, de nuevo, el caso. Los agricultores franceses que movilizan en la frontera española a la altura de la AP-7, como reivindicación contra las importaciones ¿en la frontera española?, consiguen que agricultores españoles les secunden.
Además, todo parece suceder al mismo tiempo: a propuesta del nuevo del Marco Financiero Plurianual, una nueva Reforma de la PAC (con una apuesta innecesaria por parte de la Comisión Europea para modificar la arquitectura legal de esta política), las negociaciones con Mercosur y los problemas “cotidianos” del sector; en Francia los problemas sanitarios, sobre todo en el sector vacuno, con la dermatosis nodular contagiosa, no es un factor despreciable en todo lo que sucede.
Por su parte, las organizaciones agrarias rivalizan por capitalizar los motivos de protesta; para los medios de comunicación todos son “agricultores” cuando se manifiestan, pero, para el ojo entrenado, no siempre están todos los que son.
Mercosur ha servido para que el sector arranque las primeras concesiones en las negociaciones del nuevo Marco Financiero Plurianual y de la futura PAC; todavía queda mucho recorrido y habrá que ver si con estas concesiones la Comisión Europea ha agotado o no su arsenal.
España
España gana con este acuerdo, fruto de la constancia en su defensa durante todos estos años. España, como no puede ser de otra manera, ha sido defensora constante y permanente del acuerdo con Mercosur, desde que se iniciaron las negociaciones, hace ahora ya más de 25 años.
Como señalaba Matews, el acuerdo creará el área económica más grande del mundo. Y precisamente, esa área económica se creará con países con los que compartimos, historia, cultura e idioma. Este detalle sabrán aprovecharlo nuestras empresas. Este era el acuerdo con los nuestros.
España ha demostrado en los últimos 25 años que, cuando ha tenido ocasión de acceder a un mercado, ha sabido aprovecharlo.
Las exportaciones agroalimentarias han pasado de suponer 17.000 millones de euros en 2000 a 75.000 en 2024, un 340 % de incremento, situando a nuestro país entre los 10 primeros del mundo, gracias al valor añadido de nuestros productos.
Nada hace pensar que, en esta ocasión, nuestro sector no vaya a saber aprovechar la oportunidad.
El mundo
El mundo ha cambiado totalmente en 2025, y lo veremos de forma más acusada en 2026. Este nuevo escenario hacía más importante si cabe este acuerdo.
En ausencia de reglas, las potencias económicas y comerciales, empezando por los Estados Unidos y China, imponen sus normas, van a por todas, se quedan con todo lo que pueden.
La UE debe imponer sus propias reglas, que siguen siendo las de un mundo basado en reglas, que no es poco. El fracaso del acuerdo hubiera sido el fracaso de la UE que, por fortuna, no ha desaprovechado esta oportunidad.
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