16 June 2026

6 min

Jornada sobre medio ambiente, mundo rural, extractivismo y renovables

Cambio Climático
Cadena de Valor
Desarrollo Rural
Economía Agroalimentaria
Campos de olivos con aerogeneradores de energía eólica y paneles solares en el paisaje.

El 4 de junio, el Día del Medio Ambiente, en la sede del Parlamento español se celebró un evento organizado por el Grupo Parlamentario de Sumar e Izquierda Unida sobre 'Medio ambiente, mundo rural, extractivismo y renovables'.

El vídeo completo de la jornada está disponible aquí mismo.

 

 

El objetivo principal del evento fue analizar la crisis ecosocial y energética del país y debatir sobre políticas y alternativas para una transición justa. Los temas centrales fueron:

  • El impacto territorial de los megaproyectos renovables
  • La proliferación de plantas de biometano
  • Las macrogranjas
  • Y el modelo agroalimentario

Intervinieron diversos colectivos, investigadores científicos y organizaciones ecologistas, destacando la representación de formaciones como Izquierda Unida (con figuras como Enrique Santiago y Toni Valero) y Ecologistas en Acción.

Día Mundial del Medio Ambiente 2026: lo qué el campo ya está haciendo para responder al reto climático

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Empecemos por lo positivo

El primer elemento positivo es la propia jornada. Que desde el ámbito de las fuerzas políticas se reflexione sobre las problemáticas del medio rural, nuestro modelo de desarrollo agrario y alimentario y los distintos usos posibles del territorio, es siempre una buena noticia.

Que en esta reflexión participen científicos de distintas instituciones como la Estación Biológica de Doñana, la Universidad de Valladolid o el Instituto de Economía, Geografía Y Demografía del CSIC, es otra buena noticia.

Que estos discurran, escuchen y hablen con activistas del territorio como “Tu nube seca mi río”, “Valle natural Rio Grande”, la Alianza “Energía y Territorio” o con el responsable de medio ambiente de la COAG, también es un acierto.

Que todo esto lo escuchen políticos es una buena cosa. He de subrayar que, a diferencia de otras jornadas a las que asistí en las que los políticos estuvieron en la inauguración (e incluso algunos clausuraron con conclusiones sin haber estado), estos se quedaron desde el principio hasta el final y sus conclusiones eran eso, sus conclusiones.

Muchos de los elementos que se dijeron me parecen destacables, aunque no sean sorprendentes:

  • Estamos confrontados a un cambio climático, y España está en la primera línea europea
  • La agricultura es parte del problema, pero también parte de la solución
  • Hace falta una visión a medio y largo plazo del territorio para que sus distintos usos sean no solo compatibles, sino mutuamente sinergéticos
  • Todo esto no se puede hacer sin contar con la población local

Sin visión, sin planificación, el desarrollo de la ganadería (principalmente porcina) y de las energías renovables está multiplicando las tensiones:

  • Contaminación por nitratos de las aguas subterráneas y problemas crecientes de aguas no potables
  • Competencia por las mejores tierras o destrucción de hábitats tradicionales de gran valor medioambiental, como en algunas zonas de olivar

En un momento político en el que están tan de moda palabras como “simplificación” o “desregulación” para “eliminar trabas burocráticas al emprendimiento”, conviene recordar que (como con el código de conducir) conviene que haya reglas claras para hacer compatibles el hoy con el mañana.

No a la tristeza

Durante sobre todo la primera parte del evento, me invadió una profunda tristeza. No me gusta la palabra “antiglobalización” (prefiero la “alterglobalización”).

Tampoco me gusta la palabra “decrecimiento”, prefiero hablar de otros crecimientos, de crecimientos cualitativos y no cuantitativos.

Me parece evidente que, en un mundo finito, el crecimiento ilimitado es imposible, pero el concepto de “decrecimiento” (aunque se le añada el adjetivo “justo”) es deprimente e incomprehensible para el ciudadano normal.

Me recuerda mis tiempos jóvenes, cuando mis amigos comunistas ortodoxos me querían convencer de que la dictadura del proletariado era el régimen más democrático posible. Les prometo que intenté comprenderlo, que me leí a los clásicos del marxismo, pero fracasé en mi intento.

De verdad que lo intenté, pero nunca lo pude entender. Es además un concepto desmovilizador por imposible. Cuando además le añaden los adjetivos “económico, energético y digital”, me imagino mandando a los jóvenes mensajes para entusiasmarles, que dejen de usar las redes sociales y las aplicaciones informáticas.

Tampoco ayudan las exageraciones. Por supuesto que los biocarburantes no son la solución a la crisis energética porque no hay tierras suficientes para cultivar lo que sería necesario; por supuesto que la biomasa no es tampoco la solución porque acabaríamos rápidamente con todos los bosques; por supuesto que las tierras raras son raras y que no hay suficientes para resolver por ellas mismas el problema. ¿Pero, no podrían todas estas opciones ser parte de la solución, parte de un coctel de soluciones que, todas juntas sí que permitan hacer frente a los retos con los que nos enfrentamos?

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Hay futuro

Menos mal que, en la segunda parte, soplaron aires menos lúgubres; se propusieron propuestas que pueden tener recorrido.

La primera es la necesidad de una moratoria, tanto para las grandes granjas como para los grandes proyectos energéticos, para dar tiempo a hacer con rigor los análisis de impacto, no solo ambiental, sino también económico.

La segunda es que, para explicar que necesitamos otra manera de vivir y de crecer como personas y sociedad, es mucho más útil y eficaz hablar de la jornada de 35 horas, de la ciudad de los 15 minutos o del territorio de los 30 minutos.

Es un cambio de paradigma y de lógica económica y vivencial, pero aporta más tiempo para disfrutar, para vivir mejor y disfrutar, y menos tiempo perdido en atascos y transporte.

El agricultor de la COAG aportó ideas interesantes también. Se declaró partidario de las renovables, del biogás y del biometano, pero con planificación para promover la economía circular, por un lado, y local por otro. 

Agradeció a los emigrantes su insustituible contribución, por ejemplo, para el pastoreo y la recogida de la fruta. Denunció, también, la creciente distancia que se está creando entre el mundo rural y el urbano, entre los valores culturales urbanos y rurales.

Ello fomenta en muchos agricultores un sentimiento de que no solo su labor no es reconocida sino que son sobre todo parte del problema. Nos recordó, por último, que nuestro modelo de producción está muy ligado a nuestro modelo de consumo y que, en parte, la pelota está en el campo de los consumidores.



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