# El acuerdo UE–Mercosur: ¿Mercedes por sandías y “un filete por persona al año”? > Más que un tratado comercial, este acuerdo es un tablero geopolítico en el que el sector agroalimentario español puede ser víctima o protagonista, según sepa jugar sus cartas --- Consulta la previsión del tiempo en tu localización exactaSuscríbete a nuestra Newsletter semanal ![Gradient Background](/img/headerGradient.svg) [Tempora mutantur](https://www.plataformatierra.es/comunidad/tempora-mutantur) [![blog author](https://static.plataformatierra.es/strapi-uploads/assets/juan_carlos_perez_mesa_blog_a33d8e662f.png) Juan Carlos Pérez MesaCatedrático de Organización de Empresas de la Universidad de Almería](https://www.plataformatierra.es/autor/juan-carlos-perez-mesa) 27 February 2026 15 min # El acuerdo UE–Mercosur: ¿Mercedes por sandías y “un filete por persona al año”? Comercio Exterior Economía Agroalimentaria ![Una balanza con un coche europeo en un lado y sandías en el otro](https://static.plataformatierra.es/strapi-uploads/assets/web_Perez_Mesa_Mercosur_3_94d1581832.jpg) Guardar Compartir --- **Cuando los líderes europeos y latinoamericanos pusieron fin a más de veinte años de negociaciones con la firma del acuerdo de asociación entre la Unión Europea y Mercosur, muchos titulares lo enmarcaron como una noticia comercial: reducción de aranceles, apertura de mercados, cifras de intercambio bilateral. Un relato técnico para lectores especializados.**  Sin embargo, si ampliamos miras, lo que está sucediendo no es un tratado comercial más. Es una de las apuestas geopolíticas y económicas más importantes que ambos bloques habrán hecho en décadas, y conviene tratar de entender (me incluyo) el por qué antes de caer en el entusiasmo o en el rechazo visceral. Voy a intentar ordenar las ideas, no siempre lo consigo, aviso. Empezaré, como es de recibo, desde lo general a lo específico. ## Más allá del porcentaje arancelario El núcleo aritmético del acuerdo es claro: **eliminación de más del 90 % de los aranceles bilaterales, reducción de barreras no arancelarias y armonización regulatoria entre dos regiones que suman más de 700 millones de personas y representan cerca del 25 % del PIB mundial**.  Mercosur suprimirá derechos de importación sobre más del 91 % de los productos europeos exportados al bloque, y la UE amplía el acceso a su mercado mediante una combinación de liberalización, contingentes arancelarios y salvaguardias para sectores especialmente sensibles. Pero quedarse en esos números es como describir una catedral contando los ladrillos. El acuerdo tiene tres pilares (**comercio, diálogo político y cooperación**) y su verdadero alcance está en la arquitectura de conjunto. No se trata únicamente de que la carne brasileña llegue más barata a los supermercados alemanes, sino de quién va a moldear las reglas del juego económico y político en el hemisferio occidental durante los próximos años. ## La batalla geopolítica por América Latina Para comprenderlo en su dimensión real, hay que mirar el tablero geopolítico más amplio. Hoy mismo, tres modelos compiten activamente por la influencia en América Latina. El **estadounidense** concibe la región como perímetro de seguridad y área de influencia natural, con una relación estructuralmente asimétrica. El **chino** la trata como fuente de recursos estratégicos y mercado de exportación industrial: inversiones masivas en puertos, ferrocarriles y extracción minera que generan dependencia más que desarrollo sostenible. Y el **europeo** (que este acuerdo cristaliza) la visualiza como socio estratégico en pie de igualdad, con transferencia de tecnología, respeto a estándares laborales y ambientales, y cadenas de producción compartidas orientadas a la economía verde y digital. La Unión Europea no parte de cero: es el mayor inversor en América Latina y el Caribe, con un stock de inversión directa superior a 810.000 millones de euros.  España es uno de sus grandes vectores empresariales, con presencia relevante en banca, telecomunicaciones, infraestructuras, energías renovables y servicios. Esa red inversora es un activo estratégico que el acuerdo puede multiplicar exponencialmente, siempre que Europa sepa aprovecharlo con inteligencia y visión de largo plazo en lugar de limitarse a exportar materias primas procesadas. ## Impacto en la alimentación: oportunidad y tensión El sector agroalimentario es, sin duda, el campo de batalla más sensible del acuerdo. La apertura genera oportunidades y presiones competitivas de forma simultánea, y sería deshonesto presentarla de otro modo (recomiendo leer aquí a [Eduardo Moyano](https://www.plataformatierra.es/comunidad/agricultura-y-sociedad/lectura-politica-acuerdo-ue-mercosur)).  En el lado de las oportunidades: los productos europeos de alto valor añadido (aceite de oliva virgen extra, vinos con denominación de origen, quesos artesanales, productos lácteos Premium) acceden al Mercosur con la **eliminación de aranceles de entre el 14 y el 20 %** actuales. Más de 350 indicaciones geográficas europeas quedan protegidas en los mercados latinoamericanos. Los grandes exportadores de azúcar, soja, carne y zumos de Mercosur, por su parte, podrán suministrar a la industria alimentaria europea en condiciones más competitivas. En el lado de las tensiones: **la Unión Europea ya importa cerca de 760.000 toneladas anuales de frutas y hortalizas procedentes de Mercosur** (melones, cítricos, piñas, aguacates) con una balanza claramente deficitaria para los productores europeos. El sector ganadero europeo, especialmente el bovino y el avícola, teme la competencia de una producción latinoamericana con costes laborales más bajos y, en algunos casos, con menores exigencias en bienestar animal. Las cláusulas de salvaguardia incluidas en el texto son un avance, pero los propios representantes del sector advierten que en otros acuerdos comerciales vigentes (Chile, Canadá o Corea del Sur) esas cláusulas nunca han llegado a activarse. El problema de fondo, que el acuerdo no resuelve, es la **asimetría regulatoria**: los productos europeos deben cumplir estándares muy exigentes en el uso de pesticidas, bienestar animal y trazabilidad que no se aplican con igual rigor a las importaciones. Eso crea una competencia en condiciones de desigualdad que va a requerir mecanismos de vigilancia efectivos, no solo declaraciones de principios difícilmente exigibles. Pero sabemos los curtidos en el acuerdo de asociación Marruecos-UE, esto puede llegar a convertirse en papel mojado.  ![](https://static.plataformatierra.es/strapi-uploads/assets/blog_moyano_mercosur_2_8e0e25f345.jpg) Una lectura política del acuerdo UE-Mercosur [Leer la publicación](https://www.plataformatierra.es/comunidad/agricultura-y-sociedad/lectura-politica-acuerdo-ue-mercosur) ## Los consumidores: ¿los grandes beneficiados? Si hay un colectivo que sale claramente beneficiado en el corto plazo, ese es el consumidor pero, ¿de ambos lados del Atlántico? En Europa, la apertura implica mayor variedad alimentaria, acceso a frutas tropicales, carnes y productos que hasta ahora tenían un sobrecoste derivado de los aranceles. El consumidor europeo es, sin embargo, cada vez más exigente con el origen y las condiciones de producción: el etiquetado ambiental, el bienestar animal y la trazabilidad son ya criterios de compra relevantes para amplias capas de la clase media. En Mercosur, el impacto es aún más tangible para las clases medias-altas. Y aquí es donde la asimetría entre en juego: más del 50 % de la población (frente aproximadamente el 20% en la UE) en los países de Mercosur es clase baja, con una renta per cápita tres veces menor que la UE).  Para los privilegiados en destino, el acceso a vehículos europeos sin el 35 % de arancel actual, a productos farmacéuticos de calidad a precios más asequibles, a tecnología y bienes de consumo que hoy resultan prohibitivos, supone una mejora concreta del poder adquisitivo real. La pregunta es si ese beneficio al consumidor irá acompañado de mecanismos para proteger el empleo industrial en sectores que perderán competitividad frente a las importaciones europeas. > El consumidor europeo sale más beneficiado en el corto plazo que el latinoamericano, cuyo impacto es más tangible para las clases medias-altas ## Las empresas: quien se adapta gana Las empresas con mayor capacidad de adaptación y más organizadas son las grandes ganadoras del acuerdo. En el lado europeo: los **fabricantes de automóviles** (Volkswagen, Stellantis, Renault) que acceden a un mercado que es el séptimo del mundo en ventas de vehículos; las empresas de **agrotecnología** (sistemas de riego, invernaderos, maquinaria, bioinsumos) que encuentran un mercado latinoamericano con creciente demanda de modernización para cumplir los nuevos estándares de exportación; los **laboratorios farmacéuticos**; y las **compañías de infraestructura digital, energías renovables y telecomunicaciones** que pueden posicionarse frente a los competidores chinos. En el lado latinoamericano: los **grandes grupos exportadores agroalimentarios** (JBS, Marfrig, exportadores de soja y cítricos) que consolidan su acceso al mercado europeo; y las empresas vinculadas a la **extracción y procesamiento de minerales críticos** (litio, cobalto, níquel) que pueden desarrollar cadenas de valor más sofisticadas con socios europeos en lugar de limitarse a exportar materia prima bruta. Los perdedores serán, en ambas orillas, quienes produzcan lo mismo que el otro lado sin ventaja competitiva alguna ni voluntad de diferenciarse. La historia económica demuestra que los países y regiones que prosperan en los procesos de integración comercial son los que invierten en sofisticar su oferta, no los que se atrincheran en productos de bajo valor añadido esperando que el proteccionismo les proteja indefinidamente. > Los perdedores serán, en ambas orillas, quienes produzcan lo mismo que el otro lado sin ventaja competitiva alguna ni voluntad de diferenciarse ## Los riesgos que no podemos ignorar La defensa intelectual honesta de este acuerdo exige también reconocer sus riesgos reales. El primero es el **ambiental**: organizaciones ecologistas y científicas advierten de que el acuerdo puede incentivar la deforestación en la Amazonia y el Cerrado brasileños para aumentar la producción ganadera y de soja destinada al mercado europeo. Las cláusulas ambientales del texto existen, pero su exigibilidad efectiva sigue siendo un punto débil que los negociadores europeos deberán vigilar de cerca. El segundo riesgo es el de la **desindustrialización** parcial en América Latina. Sectores industriales latinoamericanos (textil, electrónica, calzado, automoción local) pueden verse expuestos a una competencia europea que los supera en productividad y tecnología. Sin políticas industriales activas de reconversión y reentrenamiento laboral, el ajuste puede ser costoso en términos de empleo. El tercero es **político**: el acuerdo requiere ratificación de los veintisiete parlamentos nacionales de la Unión Europea. El proceso puede alargarse años, durante los cuales el contexto político puede cambiar. Varios países (Francia y Austria entre los más visibles) han condicionado su apoyo a garantías adicionales en materia agrícola y ambiental. Si esas garantías no se materializan, la ratificación puede convertirse en un proceso accidentado. ## El campo español de Schrodinger El sector agrario español ocupa una posición dual en este acuerdo: es, al mismo tiempo, uno de los más amenazados y uno de los que más pueden ganar, dependiendo de qué parte del negocio estemos mirando. Comprender esa dualidad es imprescindible para evitar tanto el catastrofismo como la complacencia (recomiendo en este punto leer a [Tomás García Azcárate](https://www.plataformatierra.es/comunidad/las-pildoras-de-la-pac/seguimos-hablando-de-mercosur), imprescindible para comprender el título). En el capítulo de las amenazas, los datos son claros. **España ya presenta una balanza comercial deficitaria con los países de Mercosur en frutas y hortalizas**: en 2024 exportó alrededor de 63.000 toneladas por un valor de 80 millones de euros, mientras que importó 193.000 toneladas por valor de 248 millones, un 9 % más que el año anterior. La tendencia es estructural y el acuerdo, lejos de corregirla, puede acentuarla si no se acompaña de mecanismos de protección efectivos. ![](https://static.plataformatierra.es/strapi-uploads/assets/blog_azcarate_mercosur_3daa01a49d.jpg) Seguimos hablando de Mercosur [Leer la publicación](https://www.plataformatierra.es/comunidad/las-pildoras-de-la-pac/seguimos-hablando-de-mercosur) En **frutas y hortalizas**, la apertura afecta especialmente a la producción de cítricos, melón, sandía y otras especies en las que Mercosur compite con volúmenes masivos y costes laborales sensiblemente inferiores. El sector ganadero bovino y porcino también observa con inquietud cómo la carne latinoamericana a arancel reducido puede presionar a la baja los precios del mercado europeo. Sin embargo, el sector agrario español tiene también un enorme potencial exportador que el acuerdo puede desbloquear, y aquí entra en juego un factor que los análisis puramente económicos suelen subestimar: la afinidad cultural. América Latina comparte con España idioma, gastronomía de raíz mediterránea y vínculos históricos que ningún otro país europeo puede igualar. Esa cercanía no es un argumento sentimental; es una palanca de mercado real que facilita la distribución, la prescripción y el posicionamiento de marca. El aceite de oliva virgen extra y las DOP acceden al Mercosur con la eliminación del 14 % de arancel actual, en un mercado con clase media en expansión y creciente apetencia por la dieta mediterránea. El vino español cuenta con una diversidad de denominaciones de origen de proyección internacional que hasta ahora pagaban aranceles de entre el 20 y el 27 % para entrar en Brasil y Argentina. Con la desgravación progresiva, los vinos españoles de gama media-alta tienen una oportunidad real de ganar cuota en mercados latinoamericanos si pueden competir con la producción chilena o argentina. Lo mismo ocurre con los embutidos ibéricos, los quesos artesanales y los lácteos de calidad. El sector de la agrotecnología y los insumos agrícolas (maquinaria especializada, sistemas de fertirrigación, semillas mejoradas, cubiertas plásticas) también encuentra en Mercosur un mercado con creciente demanda. > El campo español es, al mismo tiempo, uno de los más amenazados y uno de los que más pueden ganar ## La horticultura del sureste empieza a buscar una vacuna La hortícultura del sureste de España se verá afectada. El principal temor del sector es que el acuerdo facilite la entrada masiva de productos latinoamericanos, especialmente de Brasil, donde el clima permite producciones de melón, sandía y otras hortalizas a precios bajos. La contraestación puede ser el Caballo de Troya: Brasil puede inundar Europa de sandías y melones en invierno, y solaparse en primavera, a precios imbatibles si los aranceles desaparecen.  Pero atención, los países de Mercosur deben **negociar protocolos fitosanitarios específicos** para cada tipo de fruta u hortaliza que quieren exportar a la UE. Este proceso es largo, costoso y puede actuar de hecho como barrera de entrada. El nuevo acuerdo no simplifica este requisito: la negociación fitosanitaria sigue siendo preceptiva producto a producto. Eso significa que, a corto plazo, la competencia directa con la producción estará más limitada de lo que los titulares más alarmistas sugieren. Pero los plazos de “_desarme_” arancelario (entre siete y quince años, según el producto) darán tiempo suficiente para que los países de Mercosur vayan desbloqueando esos protocolos, por lo que la amenaza es real, aunque diferida. Por otro lado, el sureste de España tiene también una industria emergente de **cuarta gama y productos hortícolas transformados** (ensaladas listas, gazpachos, cremas de verdura, conservas y preparados frescos) que puede encontrar en los mercados latinoamericanos de clase media y alta un nicho de crecimiento significativo. Estos productos transformados, además, esquivan parcialmente la competencia directa en precio con la producción estándar, que es precisamente donde menos capacidad de competir se posee. Quizás este acuerdo, dé el impulso definitivo a los transformados de mayor añadido, algo que el sector lleva fomentando a medio gas de hace muchos años.  Y llegamos a meollo de la cuestión, la **industria auxiliar** puede llegar a ser uno de sus mayores beneficiados por las exportaciones potenciales de tecnología e innovación agraria. Sus sistemas de fertirrigación, sus semillas adaptadas a condiciones extremas, su control biológico de plagas, sus cubiertas de alta tecnología, sus empresas de ingeniería de invernaderos y su saber -hacer hortícola, son exactamente lo que los grandes productores agrarios de Brasil, Argentina y Uruguay necesitan para modernizar sus explotaciones. Es cierto que este camino hará que se reduzca la ventaja competitiva de la producción en origen si la industria auxiliar no prioriza la innovación en el mercado local. > La negociación fitosanitaria sigue siendo preceptiva producto a producto. Eso significa que, a corto plazo, la competencia directa con la producción estará más limitada de lo que los titulares más alarmistas sugieren Para completar el análisis no podemos olvidar las **barreras logísticas** que frenan la competencia real de los productos hortícolas más sensibles. Los productos frescos de Mercosur tienen que recorrer entre 9.000 y 12.000 kilómetros en cadena de frío para llegar a Europa, lo que dispara los costes de transporte, reduce la vida útil en destino y exige infraestructuras de distribución costosas. En los productos de alto valor y corta vida comercial, esa barrera logística seguirá actuando como protección natural incluso después de que desaparezcan los aranceles. Sin embargo, en productos resistentes al transporte (sandía, melón, y me atrevería a incluir pepino y pimiento, por las experiencias de exportación en contenedor) la ventaja logística desaparece y la competencia será real y posiblemente creciente. Tampoco habrá que descartar la opción aérea. Cuidado la barrera logística es asimétrica para los frescos enviados desde Europa (le dejo al lector, como ejercicio, que piense al respecto). En definitiva, el sureste de España tiene la oportunidad de convertirse en proveedor global de tecnología hortícola e innovación agroalimentaria hacia un continente que necesitará producir más alimentos, con menos agua, en menos superficie y con estándares crecientes. Esa es una posición de ventaja que ningún otro territorio europeo puede disputarle por su afinidad cultural (no la desprecien porque en el mundo de los negocios es más importante de lo que parece). La respuesta correcta para el sector hortícola del sureste, en definitiva, no puede ser el proteccionismo defensivo (que a medio plazo no será sostenible), sino la estrategia ofensiva. La diferenciación, por tanto, es el único camino sostenible: apostar por la calidad certificada, la trazabilidad completa, la producción sostenible con sello europeo, el producto transformado de valor añadido y la exportación de tecnología. El tiempo que ofrecen los plazos de adaptación no debe usarse para retrasar lo inevitable, sino para acometer la transformación que el sector necesita. > El sureste de España tiene la oportunidad de convertirse en proveedor global de tecnología hortícola e innovación agroalimentaria ## Una decisión que trasciende el presente El acuerdo UE-Mercosur llega en un momento geopolítico de particular urgencia (nada nunca es casual). Con Estados Unidos retirándose parcialmente del multilateralismo y China expandiendo su influencia con una estrategia de largo plazo perfectamente articulada, **Europa no puede permitirse el lujo de la inacción**. Necesita socios que aporten escala, recursos, afinidad cultural e histórica, y confiabilidad estratégica. Mercosur ofrece todo eso. Del mismo modo, **los países latinoamericanos no pueden seguir dependiendo de un solo gran comprador** para sus materias primas ni de un solo gran inversor para su infraestructura. La diversificación estratégica es, también para ellos, una cuestión de soberanía y autonomía de largo plazo.  La mayor oportunidad que abre el acuerdo no está en el libre comercio en sí mismo, sino en las cadenas de valor bidireccionales que hace posibles: la cadena del litio y las baterías eléctricas, el hidrógeno verde con condiciones excepcionales en la Patagonia y el nordeste brasileño, la manufactura con estándares europeos, la infraestructura digital soberana frente a la dependencia china o estadounidense. Construir esas cadenas requiere política industrial activa, inversión pública y privada coordinada, y voluntad política sostenida. Dicho así, el campo queda en segundo plano, quizás hasta en daño colateral, o como me gusta decir en mis presentaciones, parecemos ese corcho flotando al albur de las olas en un océano de contingencias.  No quiero resignarme a eso, el sector agrícola debe ser prioritario porque, como dice el nuevo primer ministro canadiense, **Mark Carney**, habrá que virar al pragmatismo: “_Un país que no puede alimentarse, abastecerse de combustible o defenderse a sí mismo tiene pocas opciones. Cuando las reglas ya no te protegen, debes protegerte a ti mismo_” (suena duro, ¿verdad?). [License![Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional. Se permite la reproducción total o parcial del contenido siempre que se cite la fuente original.](https://i.creativecommons.org/l/by/4.0/88x31.png)](https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/) Esta obra está bajo una [Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional. 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