02 June 2026
6 min
Bacterias al rescate del tomate: más cosecha, menos química
Investigadores de la UAL y Cajamar Las Palmerillas prueban que las bacterias PGPB elevan la cosecha un 33 % y los ingresos hasta un 52 % usando menos química

¿Y si unas bacterias microscópicas pudieran multiplicar los beneficios del agricultor hasta un 52 % y, al mismo tiempo, reducir el uso de fertilizantes químicos? Eso es exactamente lo que ha demostrado un estudio realizado en invernaderos de Almería, publicado en la revista científica Agronomy (2023).
El problema: agricultura intensiva con coste ambiental
La provincia de Almería alberga más de 35.000 hectáreas de invernaderos, siendo uno de los mayores exportadores de hortalizas de Europa. El tomate es el rey de este sistema, con una producción española que supera los 4,7 millones de toneladas al año.
Sin embargo, este modelo tiene un precio: el uso intensivo de fertilizantes químicos (nitrógeno, fósforo, potasio) provoca salinización de suelos, contaminación de acuíferos y generación de residuos. La búsqueda de alternativas más sostenibles es una prioridad no solo ambiental, sino también económica. Además, las políticas europeas como el “pacto verde” han puesto como objetivo, entre otros, la reducción de fertilizantes en un 20 % y de pesticidas en un 50 %.
La solución: biofertilizantes con bacterias "trabajadoras"
Los investigadores de la Universidad de Almería y la Estación Experimental Cajamar Las Palmerillas evaluaron en un invernadero de la cooperativa CASI el uso de bacterias beneficiosas conocidas como PGPB (Plant Growth-Promoting Bacteria, o bacterias promotoras del crecimiento vegetal) . Las bacterias utilizadas tienen capacidades extraordinarias:
| Bacteria | Función Principal |
| Azotobacter vinelandii | Fija nitrógeno del aire y lo pone a disposición de la planta |
| Bacillus aerius | Libera fósforo "bloqueado" en el suelo para que la planta pueda usarlo |
| Bacillus aerophillus | Hace lo mismo con el potasio, otro nutriente clave |
En palabras simples: estas bacterias actúan como "trabajadores" que rellenan y movilizan nutrientes del almacén del suelo, nutrientes que estaban ahí pero que que de otra forma las plantas no podían aprovechar.
Los productos usados fueron Bio N®, Bio P® y Bio K® (de Nostoc Biotech SL), aplicados directamente a través del sistema de riego por goteo.
¿Cómo se hizo el experimento?
El ensayo se llevó a cabo durante una temporada completa de cultivo (septiembre 2020 – mayo 2021) en un invernadero comercial de 13.700 m² en Almería. Se compararon cuatro tratamientos:

| Tratamiento | Descripción |
| T0 — Control | Solo fertirrigación química convencional, sin bacterias normal |
| T1 — Una sola dosis | Una sola dosis Una inoculación de bacterias al inicio + fertirrigación normal |
| T2 — Dosis periódicas | Bacterias cada 40 días + fertirrigación normal |
| T3 — Dosis periódicas + ahorro | Bacterias cada 40 días y reducción de 20 % de fertilizantes químico |
Resultados: los números hablan por sí solos
Con solo aplicar bacterias de forma periódica y reducir un 20 % los fertilizantes químicos, la cosecha aumentó un 33 % respecto al tratamiento convencional.
Un detalle clave: el tamaño importa (y mucho en el mercado)
No solo se produjeron más tomates, sino que el tamaño de los frutos fue significativamente mayor en los tratamientos con bacterias. Esto es crucial porque el mercado paga mejor los frutos grandes:
El tratamiento con bacterias T3 obtuvo el doble de producción de las categorías GGG y GG que el control sin bacterias.
En el tratamiento T0 (sin bacterias), casi el 70 % de los frutos eran de tamaño mediano o pequeño. Con los biofertilizantes (T3), más del 40 % pasaron a ser de las categorías más grandes y valiosas.
El impacto económico: la gran sorpresa
Quizás el hallazgo más llamativo del estudio fue que el aumento en los ingresos económicos fue mayor incluso que el aumento en producción. ¿Por qué? Porque los tomates grandes se venden a mejor precio.
Y además: en el tratamiento T3, el ahorro en fertilizantes químicos fue equivalente al coste de los productos biológicos, por lo que el +52 % de ingresos se convierte en un beneficio neto real para el agricultor.
Efecto sobre el suelo: fertilidad que se mantiene y mejora
Las bacterias también demostraron un efecto positivo sobre la fertilidad del suelo:
- Fósforo (P): En los suelos sin bacterias, los niveles de fósforo disponible cayeron notablemente durante la fase de recolección. En los tratamientos con PGPB, estos niveles se mantuvieron estables o incluso aumentaron, ya que parte del P precipitado en formas no disponible para las plantas se solubilizaba por el efecto de las bacterias.
- Potasio (K): La disponibilidad de potasio fue significativamente mayor también mejoró en todos los tratamientos con bacterias frente al control.
- Nitrógeno (N): Sin diferencias notables entre tratamientos, aunque sí hubo un mejor aprovechamiento general del nitrógeno en el tratamiento T3.
Además, el nivel de fósforo en las hojas aumentó un 46 % de media en los tratamientos con bacterias respecto al control, lo que indica que las plantas absorbían y transportaban mejor este nutriente que se había movilizado en el suelo.
¿Y la calidad del tomate?
Una pregunta lógica: ¿producir más y más grande implica perder calidad? La respuesta del estudio es tranquilizadora.
| Parámetro | Lo que mide | Resultado |
| Firmeza | Consistencia del fruto | Sin diferencias significativas |
| ºBrix | Dulzor (sólidos solubles) | Sin diferencias significativas |
| Acidez titulable | Equilibrio de sabor | Sin diferencias significativas |
| Índice de madurez | Relación dulzor/acidez | Sin diferencias significativas |
La calidad organoléptica (sabor, textura, madurez) del tomate no se vio afectada negativamente por el uso de biofertilizantes. Las ligeras variaciones en pH y conductividad eléctrica se debieron simplemente al mayor tamaño de los frutos, que diluyen los componentes.
Conclusiones: una apuesta de futuro
Este estudio demuestra que los biofertilizantes basados en bacterias promotoras del crecimiento son una herramienta rentable, sostenible y compatible con la agricultura intensiva de alto rendimiento.
Los puntos clave son:
- Mayor producción (hasta +33 %) sin aumentar el uso de fertilizantes químicos.
- Frutos de mayor tamaño y mayor valor comercial.
- Ingresos económicos hasta un 52 % superiores.
- Reducción del 20 % en fertilizantes químicos sin pérdida de cosecha.
- Mejora de la fertilidad del suelo (fósforo y potasio más disponibles).
- Sin impacto negativo en la calidad del fruto.
Coste neutro: el ahorro en fertilizante compensa el coste de los bioproductos.
La clave está en aplicar las bacterias de forma periódica (cada 40 días)para mantener sus poblaciones y combinarlas con una ligera reducción del fertilizante convencional, ya que entonces lo que paradójicamente estimula más a las bacterias, ya que las plantas van a buscar con buscan con más intensidad la ayuda de los microorganismos cuando los nutrientes escasean y el efecto sinérgico plantas-bacterias como ocurre en la naturaleza es mejor que la alimentación solo basada en fertilizantes inorgánicos.
¿Y ahora qué?
Almería representa solo una pequeña muestra del potencial global. Con más de 5 millones de hectáreas de cultivo de tomate en el mundo y las políticas presión creciente de normativas como el Pacto Verde Europeo y la Agenda 2030 que promueven reducir el uso de fertilizantes convencionales, los biofertilizantes están llamados a jugar un papel central en la agricultura del futuro.
Artículo basado en: Ortega Pérez et al. (2023). "Biofertilizers Enriched with PGPB Improve Soil Fertility and the Productivity of an Intensive Tomato Crop". Agronomy, 13, 2286. https://doi.org/10.3390/agronomy13092286 Universidad de Almería

