
15 January 2026
La biotecnología se ha convertido en una prioridad para la seguridad internacional. Así lo subrayó el secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte, durante la primera Conferencia de Biotecnología de la OTAN celebrada en octubre de 2025, donde instó a los países aliados a acelerar su preparación para no quedar rezagados frente a potencias como Estados Unidos y China.
Este giro estratégico refleja un cambio profundo en Europa. El gasto en defensa de los Estados miembros alcanza su nivel más alto desde la Guerra Fría, con un incremento del 62,8 % entre 2021 y 2024. En paralelo, la Unión Europea identifica la biotecnología como tecnología crítica para mantener ventaja militar, según el Libro Blanco Defence Readiness 2030.
DIANA: el acelerador que conecta ciencia y defensa
La OTAN no parte de cero. Desde 2021 opera la red DIANA (Defence Innovation Accelerator for the North Atlantic), que vincula más de 200 centros de aceleración y pruebas en países aliados para desarrollar tecnologías de uso dual, civil y militar.
Entre 2024 y 2025, DIANA financió 28 startups biotecnológicas. Su primer programa formal arrancará en este mes de enero de 2026 y durará seis meses, con diez áreas prioritarias: energía, comunicaciones avanzadas, resiliencia humana y biotecnología.
Las empresas seleccionadas —que desarrollan desde materiales biológicos ultrarresistentes hasta sensores microbianos para detectar toxinas— recibirán 100.000 euros iniciales y podrán optar a 300.000 euros adicionales. Uno de los criterios clave: que las soluciones tengan viabilidad comercial más allá del ámbito militar.
De la salud operativa a la mejora humana
Las aplicaciones defensivas son amplias. Incluyen diagnóstico remoto, sensores médicos y tratamientos rápidos para traumatismos en entornos operativos. También se investiga el uso de microorganismos diseñados para prevenir enfermedades resistentes a antibióticos.
Más allá de la atención médica, la biotecnología apunta a la "mejora humana": nutrición optimizada, alimentos de larga conservación, biocombustibles adaptados y soluciones logísticas para aumentar la resistencia física de las tropas.
Otra línea estratégica son las tecnologías de biorremediación, capaces de eliminar contaminantes del aire o del agua ante amenazas químicas o biológicas.
Materiales inteligentes para la defensa
Los biomateriales industriales ganan terreno por su ligereza, resistencia y capacidad de autorreparación. La nanocelulosa, obtenida de residuos agrícolas, se investiga para chalecos antibalas y sistemas submarinos.
También destaca la seda bioingenierizada, que supera la resistencia del Kevlar, y los "textiles vivos", capaces de regenerarse o adaptarse al entorno. En construcción, se exploran compuestos de carbono negativo y biopolímeros inspirados en estructuras naturales para infraestructuras militares resilientes.

Europa se suma con más fondos y normativa
La UE refuerza esta estrategia. Por primera vez en cuatro décadas, el programa Horizon Europe podrá financiar proyectos con aplicaciones civiles y militares. Hasta finales de 2025, el Fondo Europeo de Defensa había destinado 191 millones de euros a I+D en biotecnología.
La futura Ley de Biotecnología ampliará este apoyo, impulsando el escalado industrial y reforzando la bioseguridad y las cadenas de suministro estratégicas.
De la transición verde a la seguridad estratégica
Muchas tecnologías biobasadas nacieron para descarbonizar la industria. Hoy, la UE las revaloriza como herramientas de autosuficiencia y seguridad económica. Producir materiales a partir de recursos locales reduce la dependencia exterior y fortalece la resiliencia.
En este nuevo escenario, la defensa se perfila como uno de los principales motores de demanda para la biotecnología europea en la próxima década.
