12 January 2026
4 min
Control biológico en caqui: Cajamar y Agrobío apuestan por estrategias combinadas para un cultivo sostenible
Setos, cubiertas vegetales y liberación de insectos beneficiosos se convierten en aliados clave para disminuir el uso de químicos y proteger la biodiversidad en este cultivo

El Centro de Experiencias Cajamar (Paiporta, Valencia) se ha consolidado como referente en la investigación aplicada para la sanidad vegetal. En este escenario, la empresa Agrobío, especializada en control biológico, colabora desde hace años en el diseño de protocolos integrados para el manejo de plagas en cultivos leñosos. Así lo explica Miguel Calvo Agudo, técnico de Desarrollo de Campo de Agrobío, durante una visita a una de las parcelas experimentales dedicadas al caqui.
El objetivo es avanzar hacia un modelo que combine control biológico por conservación, favoreciendo la presencia natural de enemigos de las plagas, con control biológico inoculativo, basado en la suelta planificada de fauna auxiliar. Una estrategia mixta que busca reducir la dependencia de tratamientos químicos y mejorar la estabilidad del agroecosistema a medio y largo plazo.
Infraestructuras ecológicas para conservar biodiversidad
Uno de los pilares del control biológico por conservación es la creación de infraestructuras ecológicas permanentes dentro de la parcela. En este ensayo se han implantado setos perimetrales con especies autóctonas, seleccionadas por su floración escalonada y por no actuar como reservorio de plagas o enfermedades.
Estas estructuras, una vez establecidas, requieren poco mantenimiento y proporcionan refugio y alimento a insectos beneficiosos. A ello se suman las cubiertas vegetales, desarrolladas en colaboración con Intersemillas, con especies como Festuca arundinacea, Onobrychis viciifolia y Brachypodium distachyon, que incrementan la biodiversidad funcional del cultivo.
Mosca blanca: especies y momentos críticos
Entre las plagas más relevantes del caqui, Miguel Calvo señala la mosca blanca, con dos especies principales: Dialeurodes citri y Paraleyrodes minei. La primera inicia su vuelo entre finales de abril y principios de mayo. En casos de alta presión, se recurre a aceites compatibles con el control biológico, combinados con la acción de ácaros fitoseidos como Amblyseius swirskii, que se alimenta de huevos y primer estadío ninfal.
Por su parte, Paraleyrodes minei aparece más tarde, a partir de mediados o finales de julio. Su control es más complejo debido a las ceras protectoras de sus huevos, lo que convierte el uso de aceites en la herramienta más eficaz para facilitar la acción de otros enemigos naturales.
El cotonet, el gran desafío
Si hay una plaga que preocupa especialmente al sector, esa es el cotonet. En el caqui conviven dos especies problemáticas: Pseudococcus longispinus y Planococcus citri. El primero surge a principios de junio, pero los daños más importantes se producen en su segunda, tercera e incluso cuarta generación, desde mediados del verano y el comienzo del otoño.
Para su control, se realizan sueltas tempranas de crisopas (Chrysoperla spp.), insectos generalistas introducidos en primavera y principios de verano. Una vez establecidas, se complementan con la suelta de Cryptolaemus montrouzieri, un coccinélido especializado en la depredación de cotonet.
En el caso de Planococcus citri, cuya presencia se detecta habitualmente desde mediados de julio, el seguimiento del cultivo es esencial. Cuando se confirma su aparición, se liberan parasitoides como Anagyrus vladimiri, una herramienta eficaz y sencilla de aplicar en campo.

Islas de biodiversidad dentro del cultivo
Además de los setos perimetrales, el ensayo incorpora islas de biodiversidad en el interior de la parcela. En zonas donde antes había árboles de caqui, se han introducido plantas que actúan como puentes ecológicos, atrayendo insectos beneficiosos desde los márgenes hacia el interior.
Entre las especies utilizadas destacan la lobularia, muy valorada por su capacidad de florecer durante casi todo el año, dando alimento y refugio a numerosos agentes de control biológico como por ejemplo los ácaros fitoseidos, trips y chinches depredadores de distintas especies trips plaga, parasitoides de cotonets y mosca blanca, o depredadores generalistas como sírfidos y crisopas; y el sauzgatillo, cuya floración en pleno verano aporta recursos florales en un momento crítico.
Una estrategia a medio plazo
Miguel Calvo subraya que el control biológico no ofrece resultados inmediatos: requiere observación continua, conocimiento del cultivo y decisiones ajustadas a cada momento. Sin embargo, los ensayos del Centro de Experiencias Cajamar demuestran que es el camino para mantener un cultivo de caqui sano y equilibrado.
La combinación de biodiversidad funcional, monitoreo y sueltas estratégicas de fauna auxiliar se perfila como una herramienta clave para avanzar hacia una producción más sostenible y resiliente, alineada con las demandas ambientales y productivas del sector.
