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Cultivo de pitaya en invernadero

Manejo de Cultivos
Producción Vegetal
La introducción en el invernadero de productos de alto valor, como frutales tropicales o exóticos, puede incrementar la rentabilidad de las explotaciones y contribuir a diversificar nuestra producción agrícola


Las importaciones de frutas tropicales y exóticas en la UE se han doblado en la última década. Este sector está ganando cada vez más terreno en los lineales de los supermercados, incorporándose con mayor frecuencia a nuestros hábitos de consumo y llegando a más segmentos de la población. En la cesta de la compra empiezan a aparecer frutas emergentes como papaya, pitaya, lichi o fruta de la pasión. 

La pitaya (Hylocereus spp.) es un cactus tropical trepador originario del sur de México y Centroamérica, que se cultiva ampliamente en el sureste asiático. Esta fruta exótica se introdujo en Canarias en 2005 y está empezando a cultivarse en la península con unas expectativas muy altas.

Pertenece a la familia de las cactáceas y la mayoría de las especies cultivadas son del género Hylocereus, siendo la especie H. undatus la más extendida. Otras variedades cultivadas son ‘JC01’, ‘JC02’, H. hybridum, ‘Tesoro’, ‘Golden’, ‘Costa Rica’, etc.

Fruto de la pitaya.

 

La propagación del cultivo es principalmente vegetativa, por cladodios o tallos, por lo que realmente se cultivan clones. La introducción masiva de material vegetal en este formato debería estar regulada y controlada para evitar la introducción de patógenos, como el virus X de las cactáceas (CVX). Además, es necesario evaluar su comportamiento en nuestras latitudes y sistema de cultivo, ya que no es posible extrapolar los resultados obtenidos en otras condiciones. 

En cuanto a sus requerimientos edafoclimáticos, la pitaya es sensible a las bajas temperaturas y no tolera las heladas. Por el contrario, tolera temperaturas altas (algunas especies hasta 45 ºC), y prefiere humedades relativas medias-altas, debido a su carácter tropical. 

Aunque se adapta bien a una amplia gama de suelos, es sensible al encharcamiento por lo que debemos evitar los suelos arcillosos. Es tolerante a la salinidad y a la sequía, pero requiere agua para maximizar las producciones (500-2.500 m3 por hectárea y año). 

Su ciclo anual comienza con la emisión de nuevos brotes vegetativos a la salida del invierno, entre febrero y abril (fase vegetativa). Florece en oleadas cuando los días son más largos que las noches (fotoperiodo día largo) y las temperaturas superan los 18 ºC, entre mayo y noviembre en nuestras condiciones. 

La fruta se recolecta en general unos 30-35 días después de la floración, por lo que la cosecha se concentra en los meses de junio a diciembre, con picos más acusados en agosto y septiembre. Los frutos se caracterizan porque tienen la piel roja o amarilla y la pulpa puede ser blanca, roja o fucsia, dependiendo de la variedad.

La pitaya se cultiva generalmente en cultivo protegido bajo malla o bajo plástico. Se suelen utilizar estructuras de invernadero diseñadas para cultivos hortícolas (tipo parral) o frutos rojos (macrotúneles). 

Cultivo de pitaya en invernadero. 

 

El cultivo protegido bajo plástico mejora las condiciones de temperatura durante la primavera y el otoño y protege al cultivo de las bajas temperaturas durante el invierno en las zonas donde estas pueden ser limitantes. 

Bajo plástico, se puede adelantar la entrada en producción, mejorar la productividad y ampliar el calendario de recolección de la pitaya

Por su carácter trepador requiere de un sistema de conducción, como los postes verticales, mayoritariamente utilizados en Centroamérica y el Sudeste asiático, tipo parral, espalderas, malla electrosoldada simple o doble. 

Además, requiere de protección frente al exceso de radiación durante el verano, que produce quemaduras en los tallos, por lo que se utilizan mallas de sombreo o blanqueo de la cubierta. Sin embargo, la falta de luz reduce la intensidad de la floración, lo que nos obliga a buscar sombrear lo mínimo imprescindible para limitar los daños y mantener la floración.

La poda de formación viene determinada por el sistema de conducción elegido, que además condiciona la entrada en producción. Con la poda de fructificación debemos optimizar el número de cladodios productivos, controlando el tamaño y vigor de las plantas y facilitando el acceso a la polinización y recolección. 

Las grandes flores blancas de la pitaya son hermafroditas, se abren tras la puesta de sol y se mantienen viables hasta las primeras horas de la mañana siguiente. Las flores son hercógamas, de manera que la parte masculina (los estambres) y la parte femenina de la flor (estigma) están separados para evitar la autopolinización. 

La polinización en condiciones naturales se realiza principalmente por murciélagos o esfíngidos (mariposas nocturnas) que no están en nuestras condiciones, por lo que, en general, es preciso llevar a cabo la polinización de forma manual

Además, la mayor parte del material vegetal hasta ahora introducido es parcialmente autocompatible. Esto implica que el tamaño del fruto se ve afectado por el origen del polen y éste es mayor cuando el polen procede de otra variedad/clon, es decir prefieren la polinización cruzada

Necesitaremos por tanto combinar variedades, recolectar y aplicar el polen, mantener su viabilidad y mano de obra especializada y disponible en la época de floración, en verano y durante la madrugada. Aquellas variedades que tengan un mayor grado de compatibilidad y produzcan frutos de tamaño comercial con su propio polen serán las más valoradas. 

En cuanto a plagas y enfermedades, se han detectado algunos problemas con pulgones, podredumbres en los cladodios asociadas a bacterias, que aparecen en invierno con bajas temperaturas y alta humedad relativa, y el llamado “ojo de pescado” que se manifiesta con manchas y clorosis que aparecen sobre los cladodios provocadas por un hongo (Botryosphaeria dothidea). 

La pitaya es un fruto no climatérico, es decir, la maduración no continúa una vez recolectado el fruto. Los índices de recolección más utilizados son el color de la piel y los días transcurridos desde la floración. 

Para conseguir frutos más dulces y apetecibles debemos recolectar fruta plenamente madura. La calidad intrínseca de la variedad y la época y condiciones de maduración son determinantes. Se conserva bien a 10 ºC y tiene una vida postcosecha potencial de unas cuatro semanas. 

Ensayos en la Estación Experimental de Cajamar

La introducción en el invernadero de productos de alto valor, como frutales tropicales o exóticos, puede incrementar la rentabilidad de las explotaciones y contribuir a diversificar nuestra producción agrícola. Las frutas tropicales constituyen una alternativa de cultivo de interés ya que la demanda de estos frutos es cada vez mayor. 

España es el principal productor y la proximidad al mercado europeo nos da una ventaja competitiva muy importante, ya que podemos recolectar la fruta madurada en el árbol, en el punto óptimo de maduración, y los costes del transporte y nuestra huella de carbono son menores. 

En la Estación Experimental de Cajamar comenzamos en 2012 con una línea de trabajo sobre el cultivo protegido de especies frutales. En una primera fase del proyecto seleccionamos diferentes especies que pueden ser de interés, para comprobar su adaptación a nuestras condiciones de cultivo en invernadero. 

 

Se evalúa el establecimiento crecimiento y desarrollo del cultivo, si florece, desarrolla frutos, su época de maduración y si cumplen con los estándares de calidad del mercado. En una segunda fase trabajamos para desarrollar un modelo de producción óptimo de las especies seleccionadas por su interés y comportamiento en la fase previa. Con el cultivo de la pitaya nos encontramos en esta fase. 

Actualmente estamos evaluado el potencial productivo de un cultivo de pitaya (Hylocereus undatus) trasplantado en septiembre de 2016 en un invernadero tipo parral multicapilla asimétrico con cubierta de polietileno y formado sobre un sistema en T con líneas separadas cada 2 m y plantas situadas en la línea cada 0,5 m, lo que equivale a una densidad de 10.000 plantas por hectárea. Se está estudiando el efecto de la autopolinización frente a la polinización cruzada sobre la producción y el tamaño y calidad de la fruta. 

Los resultados obtenidos en 2020 indican que los rendimientos pueden alcanzar hasta los 82.500 kg ha-1, mediante polinización cruzada. La cosecha se ha distribuido entre los meses de julio y diciembre. La polinización cruzada con polen de ‘JC01’ o H. purpusii también ha incrementado el peso medio del fruto con respecto a la autopolinización (489 vs 215 g respectivamente). 

En cuanto a la distribución por categorías comerciales de los frutos, la polinización cruzada ha supuesto mas de un 70% de producción en calibres F y G (entre 400-600 g), mientras que con la autopolinización apenas se ha alcanzado el 15% en dichas categorías, que son las más valoradas por el mercado. Por último, los frutos han presentado un contenido en sólidos solubles totales que ha oscilado entre 9,5 y 14 ºBrix según la fecha de recolección. 

En 2021 se consolidan estos resultados, con una producción de 85.500 kg ha-1

También estamos estudiando el efecto de la luz artificial sobre la floración de pitaya. Buscamos extender el fotoperiodo y conseguir aumentar la floración, para incrementar los rendimientos y extender el periodo de recolección, sobre todo de cara al mercado navideño. 

En 2020 pudimos observar una mayor intensidad de floración en respuesta a la luz artificial (16 vs 20 flores/m2), aunque no se modificó el número de oleadas de flor. En 2021 la luz artificial también incrementó la intensidad de floración (23 vs 28 flores/m2) pero además se modificó el patrón de floración, sobre todo al final de la campaña. 

Esto ha supuesto un incremento de la producción de alrededor de un 20 %, alcanzando en ambas campañas los 105.600 kg ha-1.

Intensidad de la floración y producción de pitaya en invernadero en respuesta a la luz artificial durante 2021. 

 

Por último, estamos estudiando el potencial productivo de un cultivo de pitaya en hidropónico. El objetivo es adelantar la entrada en producción y además optimizar la eficiencia en el uso de agua y nutrientes para mejorar los rendimientos y la calidad del fruto. 

El cultivo se soporta en una estructura de 2 m de altura con línea de multibanda NGS de 35 litros por m2 con sustrato. Se han establecido dos líneas de 20 m de largo separadas por 2 metros y dos densidades de plantación para cada variedad (H. undatus e H. hybridum), dejando 0,5 m de distancia entre plantas en la línea (10.000 plantas por hectárea) o 1 m de distancia entre plantas (5.000 plantas por hectárea). 

La plantación se realizó en septiembre de 2020 y la producción obtenida en el primer año está en torno a los 40.000 kg ha-1 en el caso de H. hybridum, mientras que H. undatus la producción ha oscilado entre los 16.000 y los 25.000 kg ha-1

Para la presente campaña se ha ampliado la superficie de pitaya cultivada bajo este sistema, con la finalidad de automatizar el riego y recircular la solución nutritiva. Además, se van a evaluar tres nuevas variedades, denominadas ‘Caramel Desert’ cuya principal característica es que son autocompatibles, por lo que no requieren polinización cruzada. 

Perspectivas y retos para el futuro de la pitaya

Para que la producción española de pitaya sea viable es clave conseguir uniformidad y homogeneidad en los frutos y una calidad contrastada, que nos permita competir con la producción importada de terceros países, que tiene una calidad estándar ya conocida y establecida. 

Es primordial seleccionar adecuadamente el material vegetal

Tenemos que encontrar la variedad ideal que satisfaga las expectativas del consumidor (sabor, color, aroma, firmeza, etc.) los requisitos exigidos por las comercializadoras (buena conservación y vida postcosecha) y que sea rentable para el agricultor. 

Es importante que el crecimiento de la producción vaya de la mano del crecimiento de la demanda para no quebrar el sistema. Además, sería importante concentrar la producción, homogeneizar la calidad del fruto, conseguir disponibilidad durante el mayor tiempo posible y una buena aptitud postcosecha. 

Debemos hacer una apuesta decidida por la calidad, ofreciendo fruta recolectada en su punto óptimo, madurada en el árbol, rica y sabrosa y promocionar la proximidad, la sostenibilidad y las propiedades beneficiosas para la salud. 

Por último, es importante controlar los mensajes de cotizaciones elevadas que pervierten el mercado y generan expectativas que no son reales. 


23 abril 2022
Manejo de Cultivos
Producción Vegetal
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