24 July 2026
11 min
10 claves de riego y fertilización para reducir tu huella hídrica
Un decálogo fruto de la experiencia de los investigadores del Ecosistema de Innovación Agroalimentaria de Cajamar

El agua es el recurso más limitante para la agricultura, y su gestión eficiente ya no es una opción, sino una necesidad. La escasez hídrica, agravada por el cambio climático y la creciente competencia por el uso del agua entre distintos sectores, obliga al sector agroalimentario a repensar cómo diseña, riega y fertiliza sus cultivos.
Desde los centros experimentales del Ecosistema de Innovación Agroalimentaria de Cajamar, donde el conocimiento científico se pone a prueba en condiciones reales de cultivo, hemos elaborado este decálogo con las claves para optimizar el uso del agua en la explotación agrícola. Un recorrido que va desde el diseño y mantenimiento de las instalaciones de riego, pasando por el manejo del suelo y la programación del riego basada en las necesidades reales del cultivo, hasta la incorporación de sensores, herramientas digitales y estrategias de riego deficitario controlado.
También abordamos el ajuste del plan de abonado y fertirriego a las condiciones particulares de cada parcela, y cerramos con un concepto cada vez más presente en la gestión sostenible del agua: la huella hídrica, que nos permite medir y mejorar de forma continua nuestro compromiso con el uso responsable de este recurso.
Diez puntos, basados en la experiencia y la investigación aplicada, para transformar la gestión del agua en una estrategia dinámica, eficiente y adaptada a cada explotación.
1. Diseño de la explotación y de la instalación del sistema de riego
De cara a poner en marcha una nueva explotación y para poder seleccionar el cultivo, hay que conocer la dotación de agua y caracterizar el suelo (textura, capacidad retención agua, permeabilidad), lo que nos ayudará a establecer la frecuencia y dotación de agua de riego.
Es necesario realizar un diseño hidráulico correcto de las instalaciones de riego o red de riego, siguiendo criterios técnicos y considerando las condiciones particulares de cada explotación.
Realizar el diseño de bombeo, considerando soluciones como bombeo solar, riego por gravedad, para dar servicio a demanda o establecimiento de turnos de riego, desde el cabezal de riego hasta la parcela. Distribución de tuberías generales, secundarias, terciarias, sectorización en función de cultivos, fechas de plantación o tipologías de suelo.
La salinidad y contenido en sales, por posible toxicidad, puede condicionar la elección del cultivo Habrá que elegir los más adecuados, por su mayor resistencia y aquellos portainjertos más resistentes a salinidad en el caso de frutales, o bien por posible toxicidad de algún ion problemático.

2. Mantenimiento de las instalaciones de riego
Un elemento fundamental de la instalación de riego son los contadores, ya que permiten saber exactamente el agua que aplicamos y si se está ejecutando la programación prevista. La instalación de sensores de presión puede ser muy útiles, sobre todo en fincas grandes, ya que, permiten detectar fugas.
Es necesario realizar tareas periódicas de mantenimiento de la instalación de riego tales como, limpieza de filtros, goteros, regulación de presiones de los distintos sectores de riego, etc. Un aspecto crucial es conocer la uniformidad de emisión de los goteros y para ello sería necesario realizar una evaluación de la uniformidad del sistema de riego anualmente.

3. Manejo del suelo
El suelo actúa como el depósito de agua para la planta. Un manejo adecuado no solo mejora la eficiencia del riego, sino que reduce las pérdidas por evaporación y percolación profunda.
Para aumentar la capacidad de retención de agua se recomienda la incorporación de materia orgánica (compost, estiércol, restos vegetales) para mejorar la estructura y la capacidad de retención de agua o el uso enmiendas (aplicación de zeolitas o polímeros superabsorbentes como hidrogeles).
El uso de coberturas vegetales o mulching ayuda a reducir la evaporación. Para optimizar la infiltración y evitar la escorrentía se recomienda minimizar la labranza y realizar subsolado en zonas compactadas, usar cubiertas vegetales, establecer mulch ya sean inorgánicos como gravas u orgánicos como restos de poda, etc.
4. Establecer un plan de riego para toda la campaña basado en la estimación de la evapotranspiración del cultivo
Para realizar un riego eficiente es necesario que el aporte de agua de riego se ajuste a las necesidades hídricas del cultivo o evapotranspiración del cultivo (ETc). El agua almacenada en el suelo de una parcela, que es función de la textura y profundidad, va a variar con las entradas de agua (riego y precipitación) y salidas (ETc). Por tanto, el riego a aplicar se determina aplicando un balance de agua en el suelo entre las entradas y salidas. Para que el cultivo no sufra estrés hídrico, el riego se aplicará cuando el agua extraída por el cultivo sea igual o inferior al agua fácilmente aprovechable (AFA) del suelo.
En este balance es necesario conocer la ETc, que se estima como el producto del coeficiente de cultivo (Kc) y la evapotranspiración de referencia (ETo), que se calcula a partir de los datos climáticos. Por tanto, el Plan de riego se puede elaborar usando los datos climáticos actuales (en tiempo real), el plan llega hasta el día anterior, o los datos climáticos históricos permitiendo un calendario de riego para toda la campaña.
En todo el mundo, la metodología del balance de agua en el suelo y la estimación de la ETc ha permitido el desarrollo de distintas herramientas digitales para el cálculo de las necesidades de riego.

5. Prácticas de cultivo que reducen el consumo de agua
El uso de sistema de forzado como cubiertas de malla y especialmente el invernadero reducen notablemente las necesidades de agua de las plantas. Las mallas se están utilizando cada vez más como protección antipedrisco, como sistemas de sombreo, etc., en las que hay que considerar la reducción de la evapotranspiración, por la reducción de radiación solar y el efecto cortaviento.
Se recomienda el uso de sistemas de semiforzado (acolchados, microtúneles, cubiertas flotantes). Los acolchados en frutales, sobre todo durante los primeros años de la plantación, reduce la evaporación directa del suelo, mantiene mejor la humedad y permite controlar las malas hierbas, con el consiguiente ahorro de agua y fertilizantes. En cultivos hortícolas se está implantando cada vez más el acolchado, incluso con materiales biodegradables. Los microtúneles y cubiertas flotantes (utilizadas en cultivos sensibles a la vernalización) reducen también la evapotranspiración, por lo que durante su implantación hay que aplicar la reducción de uso de agua de riego correspondiente.

El riego deficitario se configura como una herramienta clave para mejorar la eficiencia en el uso del agua y su productividad, tanto en términos productivos (kg m-3), como en términos económicos (€ m-3). Con estas estrategias se pretende regar el cultivo por debajo de sus necesidades óptimas, buscando el menor impacto posible sobre la producción y calidad de la cosecha. Cuando la reducción del riego se lleva a cabo en los estados fenológicos del cultivo menos sensibles al estrés hídrico (periodos no críticos), y se satisfacen plenamente las necesidades de este durante los periodos críticos más sensibles, hablamos de riego deficitario controlado (RDC).

6. Utilización de sensores para optimizar la gestión del agua
Los sensores de medida de la humedad del suelo pueden usarse como base para el manejo del riego o para complementar otros métodos. Estos sensores permiten adaptar el manejo del riego a las características particulares de cada cultivo/finca.
El manejo del riego con sensores se basa en mantener la humedad del suelo entre dos límites. En este caso es crítico que la localización de los sensores sea representativa del cultivo y es recomendable contar con 2-3 puntos de medida, esto es especialmente importante en fincas grandes.
Otro aspecto clave es cómo afecta la salinidad a las medidas de humedad del sensor, esto puede ser especialmente crítico en algunos sensores capacitivos
Otras consideraciones son la facilidad en la interpretación de datos, el coste, facilidad de uso, mantenimiento y el soporte técnico.
7. Utilización de herramientas digitales y plataformas de riego inteligentes
El utilizar herramientas digitales para calcular las necesidades hídricas y sus correspondientes planes de riego de nuestros cultivos nos permite automatizar el proceso ofreciendo recomendaciones basadas:
- Balance de agua en el suelo
- Datos agroclimáticos (históricos, actuales y predicciones)
- Definición del estado y desarrollo del cultivo
- Definición del sistema de riego
Actualmente, y cada vez más, se ofrecen en el mercado de herramientas digitales que proporcionan recomendaciones de riego por cultivos, entre las que se encuentra CXT Riego, la herramienta digital para la programación del riego para más de 50 cultivos tanto en invernadero como al aire libre, y de forma totalmente gratuita.
Igualmente, existen en el mercado empresas que ofrecen servicios de gestión de riego, utilizando como base su propia sensórica, y a partir de la misma, automatizar el riego de la explotación según las condiciones específicas de cada cultivo, suelo y clima.
8. Establecer un plan de abonado
Para ello hay que tener en cuenta:
- Curvas de extracción de nutrientes específicas del cultivo.
- Análisis de suelo, para conocer la disponibilidad de nutrientes en el suelo.
- Análisis de agua, para conocer los nutrientes aportados por el agua de riego.
- Análisis foliar. En frutales nos permitirá ajustar la programación anual de fertirriego para la próxima campaña.
Una vez determinadas las necesidades de nutrientes y la demanda de agua del cultivo por periodos, es posible establecer un plan de fertiirrigación, calculando la concentración de nutrientes a aplicar en la solución nutritiva en cada periodo que permita reponer las extracciones de nutrientes del suelo por la cosecha, manteniendo su fertilidad. El reparto de agua y fertilizantes debe ajustarse a la fenología del cultivo y la dosis de fertilizantes debe fraccionarse lo máximo posible para evitar pérdidas por lixiviación.

El uso de herramientas digitales, tales como FertiliCalc o la calculadora de fertirriego de AgroGreen-SUDOE, que incorporen modelos sencillos para el cálculo de la extracción de nutrientes basados en las condiciones ambientales permite ajustar las necesidades nutricionales a nuestras condiciones particulares.
La modelización de la disponibilidad de nutrientes en el suelo es muy compleja. A nivel práctico resulta más funcional realizar un balance simplificado.
9. Ajuste del plan de fertirriego a las condiciones de tu parcela

Monitorizar la concentración de nutrientes en la solución del suelo y su CE nos ayuda a ajustar la dosis de fertilizantes y la fracción de lavado, evitando una acumulación excesiva de sales y nutrientes en el suelo.
Monitorizar el estado nutricional de la planta mediante análisis foliar o de savia nos ayuda a evitar deficiencias nutricionales y desbalances entre nutrientes
La aplicación de una estrategia de manejo prescriptivo-correctivo basada en las necesidades teóricas corregidas en parcela en función de medidas de la concentración de nutrientes en planta y/o suelo resulta muy adecuada para optimizar la fertirrigación.
Al seguir estas recomendaciones, transformas un plan genérico en una estrategia dinámica que considera las condiciones de tu parcela, lo que permite optimizar el uso de agua y fertilizantes.
10. Concepto de Huella Hídrica
La huella hídrica es un indicador que mide el volumen total de agua dulce utilizada, tanto de forma directa como indirecta, para producir un bien o servicio a lo largo de toda la cadena de valor.
También es una herramienta para planificar y tomar decisiones que fomenten un uso más eficiente y sostenible del agua, y además promueve prácticas responsables que contribuyen minimizar la contaminación y conservar los recursos hídricos.
La huella hídrica de divide en tres componentes:
- La huella hídrica azul es el volumen de agua dulce extraída de fuentes superficiales (ríos, lagos, embalses) o subterráneas (acuíferos) que es consumida durante el proceso productivo, que no retorna a la misma cuenca hidrográfica de la que fue extraída.
- Huella verde es el volumen de agua de lluvia, nieve o deshielo que se almacena en el suelo utilizada por los cultivos.
- Huella gris es el volumen de agua dulce necesario para diluir contaminantes generados durante el proceso productivo, hasta alcanzar los estándares de calidad del agua establecidos por la normativa ambiental.

Todas las huellas hídricas son únicas y no intercomparables, el objetivo es adquirir un compromiso con la eficiencia hídrica de un bien, organización y servicio.
Evaluar periódicamente la huella hídrica permite detectar posibles ineficiencias y aplicar mejoras continuas en la gestión del agua.
Aplicando todos los puntos recogidos en este decálogo permite optimizar la huella hídrica: la huella azul, verde y la huella gris.

