13 January 2026
4 min
Un dispositivo biodegradable busca reducir el uso de insecticidas en agricultura
Una tecnología basada en carbón activado libera repelentes naturales de forma gradual y abre la puerta a un control de plagas más sostenible

La agricultura moderna se enfrenta a un reto crucial: alimentar a una población creciente sin deteriorar los ecosistemas. Durante décadas, los insecticidas químicos han sido la solución dominante, pero sus efectos colaterales son cada vez más evidentes: contaminación de acuíferos, aparición de plagas resistentes y daños a insectos beneficiosos.
Ahora, un equipo de la Universidad de Alicante plantea una alternativa que podría transformar el modelo actual. Se trata de un dispositivo biodegradable basado en carbón activado que libera de forma gradual compuestos orgánicos volátiles con efecto repelente, manteniendo alejadas a las plagas sin recurrir a productos químicos letales.
Carbón activado: la clave de la innovación
El avance reside en resolver un problema conocido: los repelentes naturales funcionan, pero se evaporan demasiado rápido para ser útiles en campo abierto. El carbón activado, gracias a su estructura porosa, actúa como una esponja molecular que retiene los compuestos y los libera lentamente.
"Logramos mantener concentraciones efectivas durante más de 28 días, lo que marca la diferencia entre una promesa de laboratorio y una herramienta real para el agricultor", explica Federico López Moya, investigador del Grupo de Fitopatología de la UA.
El dispositivo, similar a un pellet, se envuelve en material poroso y totalmente biodegradable, lo que permite aplicarlo directamente sobre el cultivo sin generar residuos plásticos, un problema creciente en la agricultura intensiva.
Un cambio de filosofía frente a los insecticidas
A diferencia de los productos convencionales, que buscan eliminar, esta tecnología utiliza semioquímicos: moléculas que modifican el comportamiento de los insectos actuando como señales químicas. En este caso, funcionan como alomonas, que inducen rechazo y alejamiento sin contacto ni acción letal.
Los ensayos han demostrado eficacia contra el picudo negro de la platanera, una de las plagas más destructivas para el cultivo de plátano y banana. También se han obtenido resultados prometedores frente a otros curculiónidos de interés agrícola.
"El picudo negro es especialmente difícil de controlar. Que el dispositivo funcione contra él nos da confianza en su potencial para otros cultivos", añade López Moya.
Del residuo al recurso: economía circular en acción
El proyecto surge de la colaboración entre dos grupos de la UA: el equipo de Fitopatología, liderado por Luis Vicente López Llorca y López Moya, aporta el conocimiento sobre plagas y compuestos activos; mientras que las profesoras María Ángeles Lillo Ródenas y María del Carmen Román Martínez, del grupo Materiales Carbonosos y Medio Ambiente, desarrollaron la matriz de carbón activado.
Este material no solo actúa como dispensador: puede obtenerse a partir de residuos orgánicos y, tras cumplir su función, mejora la retención de agua y nutrientes en el suelo, alineándose con los principios de economía circular.
"No queríamos solo resolver un problema técnico, sino hacerlo de forma sostenible desde el principio", subraya el investigador.

Versatilidad y proyección comercial
El sistema es adaptable: puede incorporar compuestos orgánicos volátiles producidos por hongos entomopatógenos o nematófagos, así como moléculas sintéticas, manteniendo el mismo principio de funcionamiento. Esto abre la puerta a su uso en agricultura ecológica, cultivos de alto valor, invernaderos y sistemas controlados.
"La idea es tener una plataforma flexible: se cambia el compuesto activo según la plaga, pero el dispositivo base sigue igual", aclara López Moya.
La tecnología se encuentra en nivel TRL 5-6, lo que indica que ha superado pruebas de laboratorio y prototipos piloto. Está protegida por solicitud de patente y la universidad busca empresas para llevarla al mercado mediante licencias, proyectos conjuntos o validaciones a gran escala.
Hacia una agricultura más limpia
Frente a sistemas tradicionales basados en feromonas o matrices plásticas, esta propuesta supone un salto cualitativo: mantener alejadas las plagas sin generar residuos y aprovechando los beneficios del carbón en el suelo.
"Queremos que esta investigación salga del laboratorio y se convierta en una herramienta real para reducir el uso de insecticidas químicos. La agricultura necesita soluciones eficaces y sostenibles", concluye López Moya.
En un contexto marcado por la presión sobre los sistemas alimentarios y la crisis climática, innovaciones como esta demuestran que es posible cultivar de otra manera: más inteligente, más limpia y sin comprometer la productividad.
Fuente: Universidad de Alicante.
