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22 April 2026

4 min

Dos agriculturas, las dos necesarias. La producción de alimentos ante el reto de la sostenibilidad global

¿Puede la agricultura alimentar al mundo sin destruir el planeta? Francesc Reguant analiza los grandes retos del sistema agroalimentario en el siglo XXI: cambio climático, tecnología, desigualdad y políticas agrarias. Su propuesta: un modelo integrador de dos agriculturas, competitiva y rural, ambas necesarias para garantizar la seguridad alimentaria global con sostenibilidad real. Sin dogmas, con datos y propuestas concretas

Cambio Climático
Desarrollo Rural
Economía Agroalimentaria
Sostenibilidad
Paisaje agrícola con dos tipos de cultivo de olivos separados por un camino de tierra sinuoso. A la izquierda, olivar tradicional de secano con árboles de copa frondosa y porte irregular plantados de forma dispersa sobre suelo rojizo. A la derecha, olivar en superintensivo con árboles jóvenes alineados en filas estrechas y regulares. Al fondo, cadena montañosa bajo un cielo azul con nubes dispersas.

La gran pregunta del siglo XXI: ¿cómo producir suficientes alimentos sin comprometer el planeta? El sistema agroalimentario global enfrenta una tormenta perfecta: cambio climático, crecimiento demográfico, escasez de recursos, concentración empresarial y una revolución tecnológica sin precedentes. Mientras 673 millones de personas pasan hambre, otros 2.800 millones no pueden permitirse una dieta saludable. Y en medio de todo ello, los agricultores protestan, el suelo se degrada y las políticas agrarias no terminan de dar en el clavo.

¿Hay salida? Sí, pero exige abandonar los dogmas y mirar la realidad de frente. El economista agrario Francesc Reguant propone un marco integrador para entender y gestionar la diversidad del sector: dos agriculturas, ambas necesarias.

La agricultura potencialmente competitiva, que agrupa las explotaciones capaces de competir en el mercado global: regadíos, secanos húmedos, ganadería intensiva, viñedos de calidad. Su estrategia es la eficiencia, la escala y la innovación tecnológica; y la agricultura en dificultad o de desarrollo rural, que comprende los territorios con limitaciones físicas graves: montaña, aridez extrema, suelos pobres. Su misión no es solo producir alimentos, sino mantener vivo el territorio, conservar la biodiversidad, fijar población y preservar el paisaje y el patrimonio cultural. Servicios públicos esenciales que hasta ahora se han ofrecido gratis y que la sociedad debe empezar a remunerar.

Este modelo no divide entre buenos y malos, ni entre modernos y atrasados. Es una herramienta para diseñar políticas agrarias más justas, eficaces y adaptadas a la realidad

Los grandes retos que lo condicionan todo

Cambio climático

La agricultura es a la vez víctima, causa y solución del cambio climático. Las sequías, las DANA, la alteración de los ciclos fenológicos y la proliferación de plagas golpean directamente a las explotaciones. Al mismo tiempo, una gestión adecuada del suelo, el regadío eficiente y la bioeconomía circular pueden convertir al sector en un aliado clave de la descarbonización.

Tecnología al servicio de la sostenibilidad

La revolución digital, la biotecnología y la agricultura de precisión ofrecen herramientas sin precedentes: edición genética, sensórica, inteligencia artificial, robótica, regadío de precisión. Producir más con menos recursos no es una utopía: es una necesidad y una posibilidad real si se abandona el dogmatismo tecnológico.

Políticas agrarias mejorables

El Green Deal europeo tiene objetivos legítimos pero ha adolecido de precipitación, exceso burocrático y escasa consideración de los impactos reales sobre la competitividad. La revuelta campesina de 2024 no fue un capricho: fue la expresión de un agotamiento real ante exigencias contradictorias y mal calibradas. La nueva PAC 2028-2034 abre oportunidades para corregir el rumbo.

La cadena alimentaria desequilibrada

El sector primario sigue siendo el eslabón más débil de una cadena dominada por grandes distribuidores e industrias. Ganar dimensión, reforzar el cooperativismo competitivo y usar bien las herramientas de la Ley de la Cadena Alimentaria son vías concretas para reequilibrar esa asimetría.

Intensificación sostenible: producir más sin deforestar

Frente a quienes proponen reducir la producción agraria como solución ambiental, la FAO y el IPCC defienden la intensificación sostenible: producir más en menos superficie, con menos insumos y menor huella ambiental. Agroecología, precisión, biotecnología y reducción del desperdicio alimentario son las palancas de este enfoque realista y científicamente respaldado.

El agua, la materia prima irrenunciable

En España, el 22,85 % de la superficie en regadío produce el 65 % de la producción agraria total. Defender el regadío eficiente, ampliar la fotovoltaica flotante sobre embalses y canales, y proteger el suelo agrícola de usos alternativos son decisiones estratégicas, no opciones ideológicas.

Un sector estratégico infravalorado

La agroalimentación representa el primer sector exportador neto de España y la base de toda la bioeconomía. No es un sector residual del PIB: es la columna vertebral de la seguridad alimentaria, la gestión del territorio y la transición ecológica. Reconocerlo es el primer paso para diseñar políticas a la altura del reto.

Esta obra, publicada por Cajamar en el marco de su compromiso histórico con el conocimiento agroalimentario, es una contribución rigurosa e imprescindible para quienes quieren entender de verdad los desafíos del sistema alimentario del siglo XXI.