# La defensa inducida en plantas: el arte vegetal de resistir sin ayuda > De la inmunidad vegetal al campo: el futuro de la protección de cultivos sin pesticidas --- Consulta la previsión del tiempo en tu localización exactaSuscríbete a nuestra Newsletter semanal [Home](https://www.plataformatierra.es/)/[Innovación](https://www.plataformatierra.es/innovacion)/Transferencia 15 April 2026 20 min # La defensa inducida en plantas: el arte vegetal de resistir sin ayuda De la inmunidad vegetal al campo: el futuro de la protección de cultivos sin pesticidas Manejo de Cultivos Biotecnología ![Planta de tomate protegida contra plagas y enfermedades en crecimiento saludable.](https://static.plataformatierra.es/strapi-uploads/assets/web_defensa_inducida_abril26_6e9056f97c.jpg) Guardar Compartir --- ## Introducción Las plantas no son tan indefensas como parecen A simple vista, las plantas parecen estar a merced de todo lo que las rodea: hongos, bacterias, insectos, virus... Sin embargo, llevan más de 400 millones de años sobreviviendo sin poder moverse, y eso no ha sido casualidad. A lo largo de la evolución, han desarrollado sistemas de defensa increíblemente sofisticados que, aunque diferentes a los de los animales, tienen una función muy parecida: reconocer al enemigo, activar una respuesta y lo más sorprendente, _"recordar"_ la agresión para estar mejor preparadas la próxima vez.  Este último punto es la clave de lo que los científicos llaman **defensa inducida**: la capacidad de la planta de activar sus mecanismos de protección en respuesta a un estímulo externo, y de hacerlo de forma más rápida y eficaz cuando ha sido previamente "_entrenada_". No se trata de magia ni de ciencia ficción; es biología vegetal aplicada y tiene un enorme potencial para transformar la manera en que protegemos nuestros cultivos. En las últimas dos décadas, grupos de investigación de todo el mundo (en España, Holanda, Suiza, Reino Unido o Estados Unidos, entre otros), han avanzado enormemente en la comprensión de estos mecanismos. Sus descubrimientos están abriendo la puerta a nuevas estrategias agrícolas mucho más sostenibles y respetuosas con el medio ambiente.  ## 1\. ¿Qué es la defensa inducida?  Para entender la defensa inducida, primero hay que saber que las plantas tienen dos tipos principales de defensas:  **Las defensas permanentes o constitutivas** son aquellas que la planta tiene siempre activas, sin necesitar ningún estímulo. Son como las murallas de un castillo: la cutícula cerosa que recubre las hojas, los pelos glandulares (tricomas), la dureza de la epidermis o ciertos compuestos químicos como los alcaloides y las saponinas que ya están presentes en sus tejidos antes de que llegue cualquier patógeno (Vivanco _et al_., 2005).  **Las defensas inducidas**, en cambio, se activan solo cuando la planta detecta una amenaza. Este tipo de defensa incluye la producción de compuestos tóxicos para el invasor, el refuerzo de las paredes celulares, o la muerte controlada de las células infectadas para cortar el paso al patógeno (Intagri, 2017). La clave de la defensa inducida es que no solo responde al ataque presente, sino que deja a la planta en un estado de "alerta elevada" para futuros ataques, incluso si esos ataques vienen de un tipo de agresor diferente al primero. Este estado de alerta preparado se conoce en la literatura científica como _priming_ o precondicionamiento (Mauch-Mani _et al_., 2017).  ## 2\. Los tres grandes tipos de resistencia inducida Los investigadores han descrito distintos tipos de resistencia inducida según quién la activa y cómo funciona. Los más estudiados son tres: ###  2.1 La Resistencia Sistémica Adquirida (SAR): cuando la infección inmuniza a la planta Cuando un patógeno, como un hongo, ataca una hoja de una planta, la planta responde localmente, pero no solo eso: manda señales químicas por toda la planta para avisar al resto de sus tejidos de que hay un peligro. Las hojas que no han sido infectadas reciben ese aviso y se preparan. Si llega un segundo ataque, incluso de un tipo diferente de patógeno, la planta ya está lista para responder mucho más rápido y con más fuerza. Eso es la **Resistencia Sistémica Adquirida (SAR)** (Durrant y Dong, 2004).  La molécula que actúa como mensajera principal en la SAR es el **ácido salicílico**. Cuando sube el nivel de ácido salicílico en la planta, se activan los llamados **genes PR** (genes relacionados con la patogénesis), que producen proteínas con capacidad antimicrobiana: quitinasas que destruyen la pared de los hongos, glucanasas que degradan los patógenos, etc. Lo más valioso de la SAR desde el punto de vista agrícola es que protege frente a un rango muy amplio de enfermedades, no solo frente a la que la activó, y esa protección puede durar días o semanas (Oostendorp _et al_., 2001).  ### 2.2 La Resistencia Sistémica Inducida (ISR): los microorganismos del suelo como "vacunadores"  Hay otro tipo de resistencia inducida que no la activa un patógeno, sino todo lo contrario: **microorganismos beneficiosos que viven en el suelo**, principalmente bacterias que colonizan las raíces, conocidas como rizobacterias promotoras del crecimiento vegetal (PGPR, por sus siglas en inglés). Cepas como Pseudomonas _fluorescens_, _Bacillus subtilis_ o _B. pumilus_ son capaces de colonizar las raíces de las plantas y sin causarles daño alguno, ponerlas en estado de alerta. Este efecto se extiende por toda la planta (es sistémico) y la prepara para responder mejor frente a hongos, bacterias, virus e incluso insectos (Pieterse _et al_., 2014). La ISR funciona de manera distinta a la SAR: no activa directamente los genes de defensa, sino que simplemente "afina" la maquinaria de respuesta. La planta no produce más defensas de lo habitual en condiciones normales, pero cuando llega el ataque, responde más rápido y con mucha más energía. Este mecanismo es el que los científicos llaman _priming_ (Van Wees _et al_., 2008).  ### 2.3 La Resistencia Inducida por Micorrizas (MIR): inducción por hongos beneficiosos Las micorrizas son hongos que forman una alianza mutualista con las raíces de la mayoría de las plantas del planeta (más del 80 % de las especies terrestres). Se sabía desde hace mucho que mejoran la absorción de nutrientes como el fósforo. Lo que se ha descubierto más recientemente es que también activan la resistencia de la planta frente a enfermedades y plagas, incluidas las que atacan las hojas, aunque las micorrizas estén en las raíces (Jung _et al_., 2012).  En España, el grupo de **Agroecología Molecular de la Estación Experimental del Zaidín (EEZ-CSIC, Granada)**, liderado por la Dra. María José Pozo, ha demostrado en tomate que las plantas colonizadas por el hongo micorrícico _Glomus mosseae_ son significativamente más resistentes a patógenos foliares como _Botrytis cinerea_ y Alternaria alternata, y responden mejor al daño por insectos herbívoros. Esta resistencia está ligada a un aumento de la hormona señalizadora **sistemina**, que activa las defensas mediadas por el ácido jasmónico (Pozo y Azcón-Aguilar, 2007).  Sin embargo, esta línea de investigación no es exclusiva de España. Grupos de la **Universidad de Utrecht** (Países Bajos), liderados por el Prof. Corné Pieterse, han sido pioneros mundiales en entender cómo los microorganismos del suelo activan la ISR en plantas modelo como _Arabidopsis thaliana_, describiendo con precisión las vías de señalización implicadas (Pieterse _et al_., 2014). También el grupo del Prof. Brigitte Mauch-Mani en la Universidad de Neuchâtel (Suiza) ha contribuido de forma decisiva al entendimiento del _priming_ como mecanismo de memoria defensiva en plantas (Mauch-Mani _et al_., 2017).  ![Image](https://static.plataformatierra.es/strapi-uploads/assets/image_22e8506814.png) Figura 1.- Esquema de los distintos tipos de resistencia inducida en plantas. (Elaboración propia).  ## 3\. ¿Cómo se activa la defensa?  El lenguaje molecular entre la planta y sus agresores Entender cómo la planta detecta y responde a los agresores es importante y en los últimos años se ha avanzado mucho al respecto.  ### 3.1 Reconocer al enemigo: los receptores de alarma La planta tiene sensores en la superficie de sus células que son capaces de detectar _"señales de peligro"_. Estas señales pueden ser moléculas que forman parte del propio patógeno (como la quitina de los hongos o la flagelina de las bacterias), conocidas como **PAMPs** (patrones moleculares asociados a patógenos). También pueden ser señales de daño que libera la propia planta cuando alguna de sus células es destruida, llamadas **DAMPs** (señales de daño propias) (Boller y Feliz, 2009). Cuando uno de estos receptores detecta la amenaza, lanza una primera respuesta defensiva rápida: cierre de estomas para que el patógeno no entre, producción de especies reactivas de oxígeno que dañan al invasor, y refuerzo de las paredes celulares. Esto es lo que los científicos llaman **inmunidad basal o PTI** (Jones y Dangl, 2006) Los patógenos más evolucionados han aprendido a esquivar esta primera barrera. Para hacerlo, inyectan en la célula vegetal proteínas especiales llamadas **efectores** que intentan bloquear la maquinaria defensiva. Pero las plantas, a su vez, han desarrollado a lo largo de la evolución otras proteínas de resistencia (proteínas R) que reconocen a estos efectores y activan una segunda respuesta aún más potente: **la inmunidad ETI (inmunidad desencadenada por efectores por sus siglas en inglés)**. Esta segunda respuesta suele acompañarse de la llamada **respuesta hipersensible:** las células en torno al punto de infección mueren de forma programada y controlada, creando una barrera que aísla al patógeno y le corta el acceso a nutrientes y agua. Es una estrategia radical pero muy efectiva (Jones y Dangl, 2006). ## 3.2 Los mensajeros internos: las hormonas vegetales  Una vez que la planta ha detectado el problema, necesita comunicar la alarma al resto del organismo. Para eso usa hormonas vegetales que viajan por sus tejidos y coordinan la respuesta:  El **ácido salicílico (AS)** es el mensajero clave de la SAR, responsable de activar los genes de defensa en toda la planta tras una infección localizada. Es el responsable de esa protección de amplio espectro y larga duración que caracteriza a la SAR (Durrant y Dong, 2004).  El **ácido jasmónico (AJ) y el etileno (ET)** toman el mando cuando el agresor es un insecto herbívoro o un hongo que mata los tejidos para alimentarse. También son fundamentales en la ISR activada por rizobacterias (Pieterse _et al_., 2014).  Lo interesante es que estas dos vías, la del ácido salicílico y la del ácido jasmónico, interactúan entre sí de forma compleja: en general se inhiben mutuamente, lo que permite a la planta "elegir" la estrategia más adecuada según el tipo de ataque. Si el patógeno es un biotrofo (vive del tejido vivo), predomina la vía del AS. Si es un herbívoro o un necrotrofo (mata el tejido), predomina la del AJ. Esta regulación cruzada (llamada "crosstalk") fue estudiada en detalle por Pieterse _et al_. (2009).  ### 3.3 El priming: la "_memoria_" de las plantas El concepto más revolucionario de toda esta área de investigación es el **priming o precondicionamiento:** la planta puede ser "_entrenada_" previamente para que, cuando llegue el ataque, responda mucho más rápido y con más fuerza.  ### ¿Cómo funciona esto a nivel molecular?  La planta, tras recibir el estímulo inductor, acumula en sus células ciertos componentes de la maquinaria defensiva (como proteínas quinasas inactivas) que están "_listos para disparar_". Cuando llega el patógeno, la respuesta se desencadena de forma fulminante, sin necesidad de construirla desde cero. El resultado es una defensa más efectiva con un coste energético mucho menor (Mauch-Mani _et al_., 2017).  La ventaja fundamental del priming desde el punto de vista agrícola es que no supone ningún coste en ausencia de amenaza: la planta no gasta energía en mantener sus defensas permanentemente activas (lo que reduciría su crecimiento y producción), sino que solo las activa cuando realmente las necesita. Esto la diferencia radicalmente de las defensas constitutivas, que sí tienen un coste continuo \[9\].  En la figura 1 se puede observar la activación de la defensa inducida. Un hongo ataca al **tomate** de la izquierda. Sus hojas desarrollan manchas necróticas y la planta lanza una señal química de alarma (ácido salicílico) que baja por el tallo hacia las raíces.  Esa señal viaja por la **red micorrícica subterránea** y a través de las bacterias del suelo, cruzando hasta las raíces del pimiento vecino. Por el aire, los volátiles de alarma refuerzan el mensaje. El **pimiento** recibe el aviso y entra en estado de **priming**: sin estar enfermo, acumula defensas en sus hojas y queda en alerta máxima. Si el hongo llega, lo frenará mucho más rápido.  ![Image](https://static.plataformatierra.es/strapi-uploads/assets/image_9aa65027ba.png) Figura 2.- Activación en la planta de la defensa inducida en la planta. (Elaboración propia).  ![Image](https://static.plataformatierra.es/strapi-uploads/assets/image_9e491550d3.png) Figura 3.- Esquema general de la activación de la defensa en plantas. (Elaboración propia).  ## 4\. ¿Cómo podemos activar estas defensas en el campo?  El conocimiento de la defensa inducida ha dado lugar a un amplio catálogo de herramientas prácticas para el agricultor.  ### 4.1 Elicitores químicos: activadores de síntesis  Son compuestos que, al aplicarse sobre la planta, imitan las señales naturales de alarma y activan sus defensas. Los más utilizados son: **Análogos del ácido salicílico:** el benzotiadiazol es el activador de SAR más conocido y utilizado a nivel mundial. Activa la misma cascada de señalización que el ácido salicílico sin ser fitotóxico, y protege frente a hongos, bacterias y virus en cultivos como trigo, arroz, tabaco o pepino (Oostendorp _et al_., 2001).  **Ácido β-aminobutírico (BABA)**: un aminoácido no proteico que actúa principalmente a través del priming, potenciando la respuesta de la calosa (refuerzo de las paredes celulares) frente a hongos como Phytophthora y Botrytis. Ha mostrado resultados prometedores en numerosos cultivos hortícolas (Mauch-Mani _et al_., 2017).  **Fosfitos de potasio**: estimulan la producción de fitoalexinas (sustancias antimicrobianas) mediante la activación de la enzima PAL (fenilalanina amoniaco liasa), clave en la síntesis de compuestos fenólicos defensivos. Son ampliamente usados en agricultura ecológica e integrada (Intagri, 2017). **Vitamina K3 y derivados (MSB)**: el Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA-CSIC, Tenerife) ha desarrollado y patentado el uso del menadiona sodio bisulfito (MSB), un derivado soluble de la Vitamina K3, como potente agente de priming frente a estreses tanto bióticos (patógenos, plagas) como abióticos (sequía, salinidad). Esta tecnología española ya tiene presencia en el mercado internacional con varios formulados comerciales (Borges _et al_., 2004).  **Quitosano**: derivado natural de la quitina (presente en exoesqueletos de insectos y paredes de hongos), activa las defensas vegetales y tiene además acción antifúngica directa. Es habitual en productos de agricultura ecológica y en certificaciones de residuo cero.  ### 4.2 Microorganismos inductores: la solución biológica El uso de microorganismos beneficiosos como inductores de resistencia es la herramienta con mayor potencial y proyección en la agricultura sostenible del futuro.  Las **rizobacterias PGPR** como _Pseudomonas fluorescens_, _Bacillus subtilis_, _B. pumilus_ o _Trichoderma spp_. son capaces de activar la ISR en un amplio rango de plantas y protegerlas frente a hongos, bacterias, nematodos e insectos. Algunas ya están disponibles como formulados comerciales registrados (Van Wees _et al_., 2008; Pieterse _et al_., 2014)  Los **hongos micorrícicos arbusculares** representan otra opción de gran valor. Investigaciones de diferentes centros entre los que se encuentran el CSIC de Granada, han demostrado que su uso no solo mejora la nutrición mineral, sino que activa mecanismos de resistencia sistémica en la planta frente a patógenos foliares y plagas de insectos.  En condiciones agrícolas reales, se ha comprobado que la aplicación de hongos micorrícicos beneficiosos mejora la productividad del tomate y su resistencia al minador Tuta absoluta (Minchev _et al_., 2024).  ### 4.3 La comunicación entre plantas: los volátiles de alarma Existe un mecanismo de defensa inducida que aún sorprende a mucha gente: las plantas pueden "avisarse" unas a otras. Cuando una planta es atacada por un insecto herbívoro, emite compuestos volátiles específicos que las plantas vecinas detectan como señales de alerta, activando sus propias defensas preventivamente. Estos compuestos se denominan HIPVs (volátiles inducidos por herbivoría) y han sido estudiados en detalle en numerosas especies como el tabaco, el maíz y el tomate (Vicanco _et al_., 2005).  ## 5\. Ventajas para la agricultura: ¿por qué apostar por la defensa inducida?  Las ventajas de incorporar la defensa inducida a los sistemas de producción son numerosas y afectan tanto a la economía del agricultor como a la sostenibilidad del modelo productivo: **Menor uso de pesticidas:** al reforzar las propias defensas de la planta, se puede reducir el número de tratamientos fitosanitarios. Esto se traduce en ahorro económico, menor residuo en el producto final y menor impacto ambiental, alineándose con los objetivos de la Estrategia de la Granja a la mesa de la UE, que persigue reducir el uso de pesticidas un 50% antes de 2030. **Protección de amplio espectro:** a diferencia de un fungicida que actúa solo sobre un tipo de patógeno, la resistencia inducida protege simultáneamente frente a hongos, bacterias, virus, nematodos e insectos. Esta versatilidad es muy valiosa en contextos donde la presión de distintos organismos nocivos coexiste (Oostendorp, _et al_., 2001).  **Durabilidad de la respuesta:** la SAR puede mantenerse activa durante días o semanas, mucho más que la ventana de acción de la mayoría de los fungicidas convencionales, que requieren reaplicaciones frecuentes (Durrant y Dong, 2004).  **Sin coste energético en ausencia de amenaza:** gracias al mecanismo del priming, la planta solo activa sus defensas reforzadas cuando realmente las necesita. En condiciones normales, el rendimiento del cultivo no se ve afectado (Pozo y Azcón-Aguilar, 2007; Mauch-Mani eta l., 2017)  **Compatibilidad con el Manejo Integrado de Plagas (MIP):** los inductores de resistencia se integran perfectamente con otras estrategias como el control biológico, las variedades resistentes o los tratamientos selectivos, sumando a la acción del control integrado.  **Tolerancia al estrés abiótico:** muchos inductores de resistencia también mejoran la tolerancia de las plantas a la sequía, la salinidad o las heladas, un valor añadido muy relevante en el contexto del cambio climático. Investigaciones del CSIC han demostrado que el MSB, por ejemplo, actúa como priming frente a ambos tipos de estrés (Borges _et al_., 2004).  **Mejora de la calidad del fruto**: algunos bioinductores y microorganismos beneficiosos muestran también efectos bioestimulantes, mejorando el cuajado, el tamaño del fruto y su calidad organoléptica y nutricional (Minchev _et al_., 2024). ¡No te pierdas nada! Artículos, cursos, informes, libros... Suscríbete a nuestro newsletter Suscribirse ## 6\. Limitaciones: lo que todavía hay que resolver  Sería injusto presentar la defensa inducida solo con sus ventajas. Como toda herramienta, tiene limitaciones que el técnico y el agricultor deben conocer:  En muchos casos, la resistencia inducida **no evita completamente la enfermedad**, sino que reduce su intensidad. No puede sustituir por sí sola a los tratamientos fitosanitarios en situaciones de alta presión de patógenos.  Los inductores necesitan un **período de latencia** (a veces varios días) entre la aplicación y el momento en que la planta está protegida, por lo que su uso debe ser preventivo, no curativo.  La **eficacia puede ser variable** dependiendo del genotipo de la planta, el estado nutricional, las condiciones ambientales y el tipo de patógeno. Los resultados obtenidos en ensayos controlados de laboratorio no siempre se trasladan con la misma intensidad al campo. En el caso de los inoculantes microbianos, la **variabilidad en campo** es uno de los principales retos reconocidos por la investigación. No todos los aislados funcionan igual en todas las condiciones ni en todos los cultivos. Este es precisamente uno de los objetivos del proyecto europeo **MiRA** (Microbiome-Induced Resistance in Agriculture), en el que la EEZ-CSIC de Granada participó junto a grupos de Escocia, Noruega y Dinamarca, con el fin de identificar los microorganismos más eficaces y los factores que condicionan el éxito de la resistencia inducida en condiciones reales de producción (Pozo y Azcón-Aguilar, 2007).  ## Conclusión: trabajar con la planta, no contra el patógeno  La defensa inducida nos propone un cambio de mirada radical en la protección de cultivos: en lugar de centrarnos exclusivamente en eliminar al patógeno desde fuera, podemos aprender a activar los propios mecanismos de defensa de la planta para que sea ella misma quien se proteja de forma más eficaz. Esta no es solo una promesa académica. Es una realidad respaldada por décadas de investigación básica y aplicada en centros punteros de todo el mundo, y ya cuenta con herramientas disponibles en el mercado: desde activadores químicos como el BTH o el MSB hasta inoculantes microbianos basados en Trichoderma, Pseudomonas o micorrizas arbusculares. Integrar estas herramientas en los sistemas de producción agrícola de forma estratégica, combinadas con el Manejo Integrado de Plagas y con variedades bien adaptadas al entorno, es uno de los caminos más sólidos hacia una agricultura más sostenible, rentable y resiliente frente a los retos que plantea el cambio climático y la reducción obligatoria de agroquímicos. > Dicho de otra manera: si enseñamos a nuestros cultivos a defenderse, necesitaremos menos escudos externos ## Referencias bibliográficas  1. **Boller, T. y Felix, G. (2009)**. A renaissance of elicitors: Perception of microbe-associated molecular patterns and danger signals by pattern-recognition receptors. 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