03 August 2026
8 min
El seto que hay dentro del invernadero: así funciona el control biológico por conservación en pepino
La Estación Experimental Cajamar 'Las Palmerillas' aplica en el cultivo de pepino la estrategia que lleva más de una década validando: plantas auxiliares dentro de la nave para que la fauna útil se instale antes de que llegue la plaga

En el invernadero de pepino de la Estación Experimental Cajamar 'Las Palmerillas' hay algo que no encaja con la idea clásica de cultivo intensivo: una banda de flores que no produce nada. Siempreviva, aliso de mar e hinojo crecen pegados a la línea de plantas, en los pasillos y junto a las bandas laterales. No dan kilos ni ocupan sitio por error. Son la infraestructura sobre la que se sostiene el control de plagas del cultivo.
Esa banda florida es la parte visible del control biológico por conservación, la variante más avanzada del biocontrol: en lugar de limitarse a soltar enemigos naturales cuando aparece el problema, se modifica el hábitat para que la fauna auxiliar viva permanentemente en el invernadero, encuentre allí refugio y alimento y colonice el cultivo antes de que la plaga se instale.
El control biológico por conservación no sustituye a las sueltas: cambia el punto de partida. Cuando la plaga llega, los enemigos naturales ya están dentro
Qué es exactamente el control biológico por conservación
La Estación Experimental Cajamar empezó a trabajar en esta línea hace ya quince años. En 2011 estableció una parcela experimental con especies vegetales autóctonas seleccionadas por su capacidad de aportar recursos a los enemigos naturales de las plagas: polen, néctar, refugio y presas alternativas cuando en el cultivo principal no hay alimento disponible.
El planteamiento respondía a un problema muy concreto. Con más de 32.000 hectáreas de invernadero en el Poniente almeriense, la presión para la proliferación de plagas es enorme, tal y como explicaba Corpus Pérez Martínez, investigadora de la Estación desde 1997 y responsable de Control Biológico, en el proyecto en el que se recogieron las experiencias de tres agricultores almerienses con este método. Las plagas se venían controlando mediante sueltas preventivas o curativas de fauna auxiliar; aprovechar además los recursos que ofrece el propio ecosistema permite aumentar la biodiversidad de estas zonas y hacer el sistema más estable.
La diferencia práctica es de calendario. El control biológico clásico responde; el control biológico por conservación anticipa. Y ese adelanto es determinante en un cultivo como el pepino, de ciclo corto, donde el margen para reaccionar es estrecho.
Tres plantas que hacen casi todo el trabajo
En los ensayos de 'Las Palmerillas' la infraestructura vegetal se apoya en tres especies que aparecen sistemáticamente, y que son las mismas que sostuvieron el control de plagas en el ensayo de polinización con sírfidos en sandía desarrollado en la misma estación:
- Aliso de mar (Lobularia maritima). La planta auxiliar de referencia del invernadero almeriense. Floración continua, porte bajo y una capacidad enorme de atraer enemigos naturales.
- Siempreviva azul (Limonium sinuatum). Aporta floración persistente y estructura al seto, con un consumo de agua muy contenido.
- Hinojo (Foeniculum vulgare). Sus umbelas de flor amarilla son una fuente clásica de polen y néctar para depredadores y parasitoides.
El criterio no es estético ni improvisado: se trata de que haya flor disponible de forma continua, porque la fauna auxiliar adulta necesita polen y néctar para reproducirse y permanecer en la nave cuando en el pepino todavía no hay presa que comer.
No vale cualquier planta. Hay que saber qué especies atraen fauna útil y plantarlas antes que el cultivo
Ese matiz es importante y lo han subrayado repetidamente los técnicos del sector en las sesiones de la Serie de Gestión Integrada de Plagas organizada por Cajamar: la infraestructura vegetal se diseña antes de la plantación, no se improvisa cuando ya hay pulgón en la hoja. En cooperativas con largo recorrido en biodiversidad funcional, parcelas enteras de sandía y calabacín se controlan sin ninguna suelta de auxiliares, solo con la fauna que atraen las plantas instaladas de antemano.
El pepino: ciclo corto, pulgón y poco margen
El pepino es un cultivo especialmente sensible a esta cuestión del tiempo. En los ciclos de primavera de cucurbitáceas —melón, sandía y pepino— el pulgón es la plaga dominante, y la recomendación de los técnicos que ya trabajan así es adelantar al máximo la instalación de los auxiliares: en pepino de mayo, incluso empezar las sueltas sobre las bandejas en semillero, con floración ya disponible en la nave para que los enemigos naturales encuentren alimento desde el primer día.
A ello se suma la gestión climática. Mantener la humedad relativa entre el 40 y el 60 % favorece la instalación de la fauna auxiliar y, al mismo tiempo, frena directamente plagas como la araña roja. El control biológico por conservación no es solo botánica: es clima, monitoreo y planificación.
También pesa el marco normativo. El Real Decreto 1311/2012 de uso sostenible de productos fitosanitarios obliga a priorizar los métodos no químicos —el control biológico en primer lugar— antes de recurrir a los de síntesis. Con una disponibilidad de materias activas cada vez más limitada, el biocontrol es la herramienta de control más sostenible a largo plazo.
Mirar el envés de la hoja: el método no funciona sin seguimiento
La parte del trabajo que no se ve en el seto es la que se hace hoja por hoja. En el invernadero de pepino de 'Las Palmerillas' el seguimiento consiste en girar la hoja y leer lo que hay en el envés: focos incipientes de plaga, huevos, ninfas y, sobre todo, la presencia de los enemigos naturales que confirman que el sistema está funcionando.
Ese diagnóstico visual periódico es lo que permite decidir con criterio: reforzar con una suelta puntual, ajustar el clima o simplemente esperar porque la fauna auxiliar ya está haciendo su trabajo. La detección temprana es lo que separa un foco controlado de un cultivo perdido, y ninguna infraestructura vegetal sustituye a esa revisión.
Qué dicen los datos: el proyecto GO BIOFUN
Que la biodiversidad dentro del invernadero es hoy una práctica extendida está documentado. El proyecto GO BIOFUN (Biodiversidad funcional sin virus en cultivos protegidos, GOPC-AL-23-0006), liderado por Coexphal en colaboración con Fundación Grupo Cajamar, Coprohníjar y Vicasol, y desarrollado entre diciembre de 2023 y junio de 2025, encuestó a 82 agricultores de distintos perfiles y cultivos, el pepino entre ellos. Los resultados dibujan un sector que ya ha interiorizado la práctica:
- Todos los encuestados hacen control biológico y el 73 % cuenta con biodiversidad en el interior de sus invernaderos desde hace entre 3 y 16 años o más.
- Se identificaron 22 especies vegetales introducidas como biodiversidad funcional. Lobularia maritima es la más habitual, con el 34 % de los casos, seguida de cebada (13,6 %), hinojo (7,7 %) y girasol (6,8 %).
- Al terminar el cultivo principal, el 54,9 % mantiene las plantas auxiliares en la nave para conservar los enemigos naturales de cara al ciclo siguiente. El 45,1 % restante las retira.
El proyecto detectó también el punto débil del sistema: junto a las auxiliares plantadas conviven arvenses espontáneas —Dittrichia viscosa, cerraja y cenizo concentran más del 70 % de ellas— que pueden actuar como reservorio de virus y no aportar beneficio alguno al control biológico. De ahí el objetivo central de GO BIOFUN: identificar especies que sumen fauna útil sin abrir la puerta a las virosis.
Una planta auxiliar tiene que alimentar a los enemigos naturales sin ser hospedante ni fuente de inóculo de enfermedades víricas
De la parcela experimental al invernadero comercial
El recorrido de Almería en biocontrol explica por qué esta estrategia ha encontrado terreno fértil. Las primeras sueltas de fauna auxiliar en la provincia se remontan a finales de los años ochenta, en cultivos al aire libre y frente a la mosca blanca. En la campaña 2007-2008 la reconversión alcanzaba ya el 36 % de la superficie invernada, con el pimiento a la cabeza —sueltas en el 90 % de la superficie— y el pepino y el tomate en una horquilla del 15 al 20 %.
Dos décadas después, el debate ya no es si el control biológico funciona, sino cómo hacer que empiece a funcionar antes. En esa pregunta se juega el ciclo de primavera del pepino, y la respuesta que apuntan tanto la investigación como los técnicos con más recorrido es la misma: infraestructura vegetal planificada, seguimiento constante y una idea de campaña que no termina con el arranque del cultivo.
Cinco claves para llevarlo al invernadero
- Planificar antes de plantar. El seto tiene que estar en flor cuando entra el cultivo, no después.
- Elegir las especies con criterio. Aliso de mar, siempreviva e hinojo son la base contrastada; las arvenses espontáneas no son un sustituto y pueden ser reservorio de virus.
- Sostener la floración todo el ciclo. Sin polen ni néctar, la fauna auxiliar no se queda.
- Vigilar el clima. Una humedad relativa del 40-60 % favorece a los auxiliares y penaliza a la araña roja.
- Mirar la hoja cada semana. El envés es donde se detecta el foco a tiempo y donde se comprueba que el sistema funciona.
Como resumía uno de los técnicos participantes en la Serie GIP, "la primavera hay que empezarla en el otoño". Un cultivo de pepino que termina con la plaga bien controlada es la mejor garantía para el ciclo siguiente: el coste inicial puede ser algo mayor, pero la rentabilidad final también.


