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Sistemas de plantación intensivos en cultivos leñosos: una realidad creciente para una sostenibilidad necesaria

Mejora de Cultivos y Herramientas
Sostenibilidad
La evolución de los costes de producción en fruta dulce y en fruta seca muestra una tendencia creciente en las últimas décadas
Manzanos pequeño en plantación intensiva


Resumen

La intensificación en cultivos leñosos lleva décadas de andadura con diferencias notables entre especies. Esta se inició a mediados del siglo pasado en frutales como el manzano y el peral, donde la mano de obra supone una parte importante del coste de producción y en las que se disponía además de patrones enanizantes. 

La intensificación, o lo que es lo mismo disponer de más arboles por unidad de superficie, permite una entrada en producción más rápida.

Además, disponer de copas más pequeñas bidimensionales y accesibles posibilita la reducción de los costes de producción y un uso más eficiente de inputs como son los fertilizantes, los tratamientos fitosanitarios o el agua de riego. 

Se expone la evolución y situación actual de los costes de producción y precios percibidos, los principales fundamentos en los que se basa la intensificación, el estado actual de su desarrollo en especies leñosas y algunos ejemplos de eficiencia.

La reducción y modificación del volumen y la forma de la copa en especies frutales se remonta a la época de los imperios greco-romanos

Los costes de producción y los precios percibidos por los productores

La evolución de los costes de producción en fruta dulce y en fruta seca muestra una tendencia creciente en las últimas décadas, con incrementos anuales superiores o muy superiores a la inflación, en especial la mano de obra, cada vez más escasa y de disponibilidad incierta, los carburantes o la energía eléctrica. 

Este incremento ha mermado la competitividad de los sectores afectados como el del melocotón o la manzana. Sin embargo, los precios han experimentado una tendencia inversa, mayoritariamente a la baja en cultivos frutales, con la excepción de los frutos secos.

La intensificación de las plantaciones en especies frutales. Fundamentos

La reducción y modificación del volumen y la forma de la copa en especies frutales para facilitar su manejo se remonta a la época de los imperios greco-romanos, pasando por los siglos XVII-XVIII en Francia e Italia, hasta nuestros días. 

Pero fue a partir de los trabajos de selección de principios del siglo XX, realizados en East Malling (Inglaterra), cuando esta transición fue realmente significativa para la producción frutal tras la obtención del patrón enanizante EM-9.

Por ello, el manzano ha sido la especie de referencia en el proceso de intensificación, que posteriormente se extendería al peral, cerezo, melocotón, olivo y más recientemente al almendro y a los cítricos. En la mayoría de las especies, la intensificación ha ido asociada unívocamente a la disponibilidad de patrones de poco vigor para un control natural del mismo y sin el uso de fitorreguladores, es decir una producción más sostenible.

Las razones agronómicas que explican el porqué de un proceso continuado hacia la intensificación en especies de frutales, olivo o cítricos son numerosas, pero el objetivo final es lograr una mayor eficiencia de las plantaciones, incluido el menor coste de producción. Esta mayor eficiencia está ligada básicamente a un menor volumen de copa y a una mayor densidad de plantación.

Solamente por el menor volumen de copa asociado a árboles más pequeños, se reduce la madera estructural, se aproximan los frutos a los canales de nutrición, se reducen las zonas sombreadas y se mejora la accesibilidad para las diferentes operaciones de cultivo, ya sean manuales o mediante el uso de máquinas mejorando su eficiencia (Figura 1). 

Por el uso de patrones enanizantes en plantaciones intensivas se mejora la eficiencia productiva de los fertilizantes y del agua de riego.

Además, se mejora la eficiencia de los tratamientos fitosanitarios al disminuir la deriva y el gasto energético, por tratarse de árboles de menor altura (Figura 1). En la mayoría de las especies frutales los sistemas intensivos se basan en arquitecturas de copa de formas más o menos aplanadas o bidimensionales y de mayor o menor altura, según especies, respondiendo la mayoría al modelo expuesto en la Figura 2 utilizado en almendro. Esta particular arquitectura de copa favorece la accesibilidad tanto de la mano de obra como de las máquinas, aumenta su eficiencia y reduce el coste de producción.

Figura 1: Ejemplo de la evolución del volumen y forma de la copa en frutales que determinan la exposición a la luz y la accesibilidad a la misma
Figura 1: Ejemplo de la evolución del volumen y forma de la copa en frutales que determinan la exposición a la luz y la accesibilidad a la misma
Figura 2: Modelo en alta densidad o seto propuesto para el almendro, con densidades de plantación según variedad y condiciones edafo-climáticas.
Figura 2: Modelo en alta densidad o seto propuesto para el almendro, con densidades de plantación según variedad y condiciones edafo-climáticas.

La eficiencia es un parámetro que va a marcar el futuro en todos los ámbitos de la economía pues implica “hacer más con menos”, en el caso de los frutales una mayor eficiencia productiva asociada a menor consumo de inputs. Esta mayor eficiencia se consigue con la innovación, tanto en el diseño de las plantaciones y su volumen-forma de copa, como en el proceso productivo. Esta mejora de la eficiencia se traduce en una mayor sostenibilidad de las plantaciones y una contribución a la protección del medio ambiente y el clima, en la línea de la propuesta del Pacto Verde de la UE.

En las Figuras 3 y 4 se exponen dos ejemplos de eficiencia en la producción y en el uso de fitosanitarios. En ambos casos puede observarse que, gracias a la intensificación, a la reducción del volumen de copa y al cambio de su forma a 2D, se consigue un incremento muy importante de las producciones y de la eficiencia de las aplicaciones de productos fitosanitarios, al reducir la deriva en su aplicación.

Figura 3: Efecto de la innovación tecnológica (variedad, patrón, sistema de conducción, etc.) en la producción de manzana (t/ha) desde 1950-1960 hasta 2010-2018 en el Sudtirol (Italia).
Figura 3: Efecto de la innovación tecnológica (variedad, patrón, sistema de conducción, etc.) en la producción de manzana (t/ha) desde 1950-1960 hasta 2010-2018 en el Sudtirol (Italia).
Figura 4: Efecto del volumen, forma de copa y tecnología de pulverización en el porcentaje de pérdidas por deriva en la aplicación de productos fitosanitarios en cultivos leñosos, desde la aplicación a “todo viento” al “side by side”.
Figura 4: Efecto del volumen, forma de copa y tecnología de pulverización en el porcentaje de pérdidas por deriva en la aplicación de productos fitosanitarios en cultivos leñosos, desde la aplicación a “todo viento” al “side by side”.

El segundo aspecto que destacar es la intensificación. Disponer de un mayor número de árboles implica que estos ocupen de forma más rápida el espacio asignado. Por tanto, una mayor densidad de plantación va siempre asociada a una entrada en producción más precoz y a un retorno más rápido de la inversión, que también es superior, con precios razonables de venta. En algunas especies la intensificación precisa de una estructura de soporte que además mantiene la verticalidad, esta no es necesaria en el olivo, el almendro o los cítricos.

La situación actual de desarrollo de sistemas intensivos de plantación

La situación actual de implantación de los sistemas “intensivos”, con anterioridad denominados “superintensivos” y actualmente SES (Super Efficient System) o 2D, por su forma de copa bidimensional depende de las especies. Así, en las especies de fruta dulce, el manzano sigue siendo y ha sido la especie de referencia en el desarrollo de plantaciones intensivas, al disponer de un patrón enanizante como el M-9. Posteriormente, le seguiría el peral con los patrones de membrillero y más tarde otros frutales de hueso como el cerezo, el ciruelo o el melocotonero, yendo su desarrollo paralelo a la disponibilidad de patrones enanizantes.

En olivo, la introducción y desarrollo del modelo productivo denominado “seto” o “SHD” (Super High Density), se realizó por Agromillora hace ahora 25 años. Supuso una innovación altamente disruptiva con respecto a su cultivo tradicional en vaso de gran volumen. Se estima que en la actualidad se han plantado en España más de 250.000 ha con este modelo productivo y unas 320.000 ha en el mundo, siendo ‘Arbequina’ la variedad más importante por su buena adaptación a este sistema.

Posteriormente este modelo se inició en almendro con el patrón enanizante Rootpac-20, realizándose las primeras plantaciones en el año 2010. En la actualidad se encuentra difundido en España, Portugal, Italia, Marruecos o Chile, entre otros países, con una superficie a finales del año 2020 próxima a las 6.000 ha, la mayoría en España y Portugal.

Personal recogiendo frutas de árboles
Figura 5: La perfecta accesibilidad de las copas planas, con o sin plataformas, permite una alta eficiencia de la mano de obra para la recolección, con rendimientos de hasta 300 kg/h. Además, abre las puertas a una futura recolección robotizada. En el centro y derecha prototipos de Abundant Robotics y FF Robotics, respectivamente

En cítricos los sistemas de producción en seto se encuentran en fase inicial de desarrollo, por no disponer hasta ahora de patrones enanizantes o de vigor medio como el CIVAC-19 o el FA-517 de reciente introducción. Se dispone de plantaciones comerciales en fase de evaluación en España (Andalucía), Florida (Lost Lake) y Brasil (Agroterenas), para destino industrial y recolección con cabalgantes. Sin embargo, esta opción sería también interesante para producción en fresco cuando los precios percibidos remuneren esta opción. El mismo caso se da con la ciruela de Agen, disponiéndose de plantaciones comerciales en seto en Chile y en California que posibilitan la doble aptitud: para su secado industrial y recolección con cabalgantes o, si los precios son remuneradores, recolección manual para su consumo en fresco.

A modo de conclusión

La base de la producción agroalimentaria se enmarca cada vez más en un entorno social y económico basado en la protección del clima y del medio ambiente. Estas escenario se verá reforzado por políticas agrarias con un componente cada vez más ambiental como lo demuestra “El pacto verde” y la estrategia de la “Granja a la mesa” propuestos por la Unión Europea en el horizonte 2050.

El objetivo final es favorecer la implantación de sistemas productivos innovadores, precisos, eficientes y sostenibles tanto ambientalmente como para las rentas de los productores. Para ello, se van a establecer limitaciones en el uso de inputs y ayudas a dichos modelos productivos que pasan inequívocamente por la intensificación del cultivo y se enmarcan dentro del concepto de Agricultura 4.0, también denominada de “Precisión o Smart Agriculture”, como parte de la Agricultura Intensiva Sostenible. Como afirma la FAO es el nuevo paradigma para alimentar el mundo en el horizonte 2050: ”La intensificación sostenible de la producción de cultivos”.


15 noviembre 2020
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