18 September 2026
10 min
Tinta china natural: el proyecto europeo que cultivó índigo en valencia
Entre 2001 y 2004, un proyecto europeo con participación de Cajamar cultivó añil e índigo natural en Valencia, sentando las bases que hoy retoma Tintoremus

El índigo viene cultivándose desde la prehistoria, desde tiempos clásicos se ha comercializado desde el este hasta el oeste para usarlo como tinte: nuestros vaqueros, las velas de barcos antiguos, los kimonos japoneses, las túnicas tuareg. Es el índigo, uno de los colores más queridos de la historia de la humanidad. Y durante miles de años ese azul no salió de ningún laboratorio, sino de una hoja verde.
Un color tan antiguo como la propia pintura
Los primeros colores que usó el ser humano procedían todos de la naturaleza. Ya en las pinturas rupestres del hombre de Cromañón, hace entre 10.000 y 30.000 años, aparece el color marrón obtenido de minerales y tierras. Hasta bien entrado el siglo XX, todos los tintes que coloreaban telas y objetos venían de plantas, minerales o insectos.
El índigo es, probablemente, el más famoso de todos ellos. Se puede extraer de casi 350 especies distintas del género Indigofera, propias de zonas tropicales, pero también de dos plantas mucho más "nuestras": el añil europeo (Isatis tinctoria, conocido también como glasto) y el Polygonum tinctorium, tradicional en Japón, China y Rusia. Se sabe que ya se usaba en la India hacia el año 2600 a.C., y que llegó al Antiguo Egipto hacia el 2300 a.C.
En el norte de Europa, el cultivo del añil llegó a generar auténticas fortunas: ciudades como Toulouse, en Francia, o Erfurt, en Alemania, todavía conservan el rastro de aquella riqueza en sus centros históricos. En el siglo XIX Inglaterra monopolizó la producción mundial de indigo, cultivándolo extensamente en el noroeste de India. Las planta que producen indigo no son azules, son de color verde, sus hojas contienen indoxyl, componentes coloreados que son extraídos de la hoja. Pero todo cambió en 1897, cuando la industria química logró sintetizar el índigo en laboratorio. En pocas décadas, el cultivo del añil desapareció casi por completo de los campos europeos, incapaz de competir con un tinte sintético mucho más barato de producir.
SPINDIGO: cuando Europa quiso recuperar su añil
Entre 2001 y 2004 se puso en marcha SPINDIGO (Sustainable Production of Plant-derived Indigo), un proyecto de investigación financiado por la Unión Europea para averiguar si era realmente viable, tanto agronómica como económicamente, volver a cultivar en Europa las plantas de las que se extrae el índigo natural.
El proyecto lo coordinaba la Universidad de Reading (Reino Unido) y en él participaban diez socios de cinco países: las universidades de Reading y Bristol y la empresa Express Separations, en Reino Unido; el instituto Agrifood Research, en Finlandia; la Universidad de Pisa, en Italia; los centros TLL y Livos, en Alemania; y, representando a España, la Universidad de Valencia (a través de su Facultad de Farmacia, con Isabel Arrillaga, Rodolphe Kanhonou, Roc Ros y Juan Segura), junto con Fundación Grupo Cajamar, al frente de los ensayos de campo estuvieron Carlos Baixauli y Alfonso Giner.

El equipo valenciano montó sus parcelas experimentales en Paiporta y en una finca de la comarca de la Canal de Navarrés, y allí puso a prueba tres especies: el añil europeo (Isatis tinctoria), el añil chino (Isatis indigotica) y el Polygonum tinctorium.
Tres años aprendiendo a cultivar un color
Durante tres campañas se investigó, casi desde cero, cómo cultivar estas plantas de la mejor manera posible. Se estudió, entre otras muchas cosas:
- Cuándo sembrar y cuándo cosechar. Se comprobó que, bien gestionado, el cultivo permite hasta cuatro cortes al año y se diseñaron calendarios de producción, para conseguir una producción continuada.
- Qué densidad de plantación ofrece el mejor rendimiento por hectárea.
- Cuánto abono nitrogenado necesitan realmente estas plantas, sin gastar de más.
- Cuánta agua hace falta. En Paiporta se compararon tres niveles de riego. El primer año no se apreciaron diferencias en la cantidad de planta producida, pero en campañas posteriores se vio que, con el añil, una dosis de riego intermedia era la que sacaba más partido a cada hoja: no la que producía más planta, sino la que producía más índigo por kilo de hoja. Con el Polygonum, en cambio, las plantas con menos riego lucían un verde más intenso, aunque el mejor rendimiento seguía dándose con la dosis media.

- Plantel o siembra directa. Trasplantar plantas ya crecidas en semillero, en lugar de sembrar la semilla directamente en el campo, resultó ser la opción ganadora: crecimiento más rápido y homogéneo, menos trabajo para quitar malas hierbas, menos agua gastada en la fase de semillero y la posibilidad de elegir las mejores plantas antes de llevarlas al campo.
- Cómo conseguir semilla suficiente, un aspecto nada trivial, que depende de factores tan concretos como el frío que reciben las plantas y las horas de luz del día.
El esfuerzo mereció la pena: los resultados de estos ensayos se publicaron años después en una revista científica internacional, Industrial Crops and Products, de la mano de los propios investigadores del proyecto (Sales, Kanhonou, Baixauli, Giner, Cooke, Gilbert, Arrillaga, Segura y Ros, 2006), confirmando que la fecha de siembra, el trasplante, la densidad y el abonado nitrogenado influyen de forma clara en la cantidad de índigo que se puede obtener del añil en un clima mediterráneo como el valenciano.

En conjunto, se comprobó que el añil se adapta bien a climas muy distintos dentro de Europa, mientras que el Polygonum rinde mejor en las condiciones de Centroeuropa y el Mediterráneo. En las mejores condiciones de cultivo se llegaron a superar los 100 kilos de índigo por hectárea, apoyándose también en un trabajo paralelo de mejora genética clásica de las variedades ensayadas.
De la hoja a la tinta: la máquina que vino de Inglaterra
Cultivar la planta era solo la primera parte del reto. El índigo no está en la hoja en forma de pigmento ya hecho: hay que extraerlo y dejar que se oxide al aire para que aparezca ese azul tan característico. Para resolver esa parte del proceso, el proyecto trasladó desde Inglaterra un prototipo de extracción móvil, que se instaló durante varios días en las instalaciones del Centro de Experiencias Cajamar en Paiporta, procesando las cosechas recién recogidas tanto de los ensayos de riego de Paiporta como de la finca de la Canal de Navarrés.
La experiencia de la primera campaña sirvió para mejorar el diseño de la máquina, ganando en movilidad y en facilidad de uso. Al año siguiente, el prototipo perfeccionado viajó por los cinco países del proyecto para realizar extracciones piloto, ajustando cada vez mejor el proceso sobre todo con el añil y explorando también qué se podía hacer con los restos vegetales que quedaban tras la extracción.

En una de las reuniones de coordinación del proyecto, celebrada en la ciudad finlandesa de Vantaa, el equipo visitó una escuela politécnica local donde se enseñaban otros tintes naturales: el amarillo de la Rubia tinctoria, rojos de origen mineral, o tonos obtenidos de la cochinilla, un pequeño insecto usado como colorante desde hace siglos.
Cuando el añil llegó a las pasarelas
El interés por este trabajo no se quedó en el campo ni en el laboratorio. Varias firmas de moda quisieron probar el pigmento obtenido. La primera campaña, una casa de moda inglesa lo utilizó durante la semana de la moda de Londres. Al año siguiente, la firma italiana Karada lo incorporó a su colección Corpo Nove, en chaquetas de fibras naturales, y la marca Mely's Maglieria lo usó en su línea Kos. A comienzos de 2004, este mismo índigo tiñó también materiales presentados en la feria internacional Grüne Woche, en Berlín.
El equipo puso además mucho empeño en contar lo que estaba haciendo: reportajes en prensa, apariciones en televisiones autonómicas y nacionales, e incluso una jornada de puertas abiertas en la que se pudo ver funcionar el prototipo de extracción en directo. Como resultado, llegaron consultas de empresas tan lejanas como El Salvador o Francia, además de varias españolas, interesadas en saber más sobre el proyecto.
Veinte años después, el añil vuelve a estar de moda
SPINDIGO terminó en 2004 con un objetivo claro: poner a disposición de los agricultores semilla, técnicas de cultivo, sistemas de extracción y, con suerte, un mercado para todo ello. Dos décadas después, aquella apuesta parece haber tenido más razón de la que entonces se pensaba.
Hoy sabemos que la industria textil es responsable de en torno al 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y de una quinta parte de la contaminación mundial del agua, y buena parte de esa huella tiene que ver, precisamente, con teñir tejidos, incluido el vaquero que llevamos casi todos en el armario. Ese dato ha vuelto a poner sobre la mesa la pregunta que se hizo SPINDIGO hace veinte años.

En España, el ejemplo más visible es el de Tintoremus, la iniciativa de la marca de moda sostenible El Ganso que, desde 2022, cultiva Persicaria tinctoria la misma planta que el proyecto europeo llamaba Polygonum tinctorium primero en Extremadura y después en Santa María de las Lomas. Hoy es ya el mayor cultivo de índigo natural de Europa, con más de diez hectáreas y medio millón de plantas, y ha empezado a teñir con su propio índigo el tejido vaquero de sus prendas. En paralelo, distintos grupos de investigación europeos siguen trabajando en los mismos retos que ya identificó SPINDIGO: cómo lograr rendimientos más estables, cómo mejorar la extracción y cómo conseguir un pigmento lo bastante puro como para usarlo también en cosmética.
Visto con perspectiva, aquellos tres años de trabajo, entre semilleros, dosis de riego y una máquina de extracción llegada desde Inglaterra, no fueron un experimento aislado. Fueron una pieza más de un esfuerzo europeo que sentó las bases agronómicas de algo que hoy vuelve a ser noticia: un pigmento milenario que, tras un siglo dormido a la sombra del petróleo, ha vuelto a nacer de una hoja verde.
Para saber más
- Balfour-Paul, J. (1998). Indigo. Londres: British Museum Press.
- Burkhill, I.H. (1921). A note upon plants grown for blue dyes in the North of Malay Peninsula. Gardens' Bulletin: Straits Settlements, 2, 426-429.
- Gilbert, K. y Cooke, D. (2001). Dyes from plants: past usage, present understanding and potential. Plant Growth Regulation, 34, 57-69.
- Perkin, A.G. y Everest, A.E. (1918). The Natural Organic Colouring Matters. Londres: Longmans, Green and Co.
- Seefelder, M. (1994). Indigo: Kultur, Wissenschaft und Technik. Landsberg: Ecomed.
- Sales, E., Kanhonou, R., Baixauli, C., Giner, A., Cooke, D., Gilbert, K., Arrillaga, I., Segura, J. y Ros, R. (2006). Sowing date, transplanting, plant density and nitrogen fertilization affect indigo production from Isatis species in a Mediterranean region of Spain. Industrial Crops and Products, 23, 29-39.
- Campeol, E., Angelini, L.G., Tozzi, S. y Bertolacci, M. (2006). Seasonal variation of indigo precursors in Isatis tinctoria L. and Polygonum tinctorium Ait. as affected by water deficit. Environmental and Experimental Botany, 58, 223-233.
- SPINDIGO Consortium (2004). The Sustainable Production of Plant-Derived Indigo. Informe final, EU FP5 Grant QLK5-CT-2000-30962, Bruselas.
- John, P. y Angelini, L.G. (2009). Indigo. En Handbook of Natural Colorants. Wiley.
- FashionUnited / Transition Pathway for the Textile Ecosystem (2025). From field to fashion: Tintoremus' homegrown indigo cultivation promotes natural dyes.
- www.spindigo.net

