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Riego eficiente para una viticultura sostenible y de calidad

El riego es una práctica de cultivo que en ambientes semiáridos condiciona notablemente la productividad de los cultivos.
Cubo de uvas recolectadas con un viñedo de fondo


El riego es una práctica de cultivo que en ambientes semiáridos condiciona notablemente la productividad de los cultivos. En el caso de la vid para vinificación, la influencia que puede tener sobre la composición final de la uva y del vino puede ser muy importante. Puede generalizarse que el riego aplicado para cubrir el total de las necesidades hídricas potenciales de la vid suele perjudicar a la calidad de la uva. Por lo tanto, es necesario establecer pautas de riego deficitario que permitan modular la composición de la uva en función del tipo de vino a la que irá destinada la uva a producir.

A continuación, se dan algunas recomendaciones para un manejo del riego que pueden ser empleadas para una primera aproximación para la toma de decisiones sobre el riego en la vid. La programación del riego debe realizarse integrando distintas metodologías de forma secuencial para ir ajustando la dosis de riego finalmente a aplicar en función de la fuente de información disponible y el grado de tecnificación del viticultor.

Estimación de las necesidades mediante el modelo ETo y Kc

Se estiman primero las necesidades hídricas mediante un procedimiento que tiene en cuenta:

  • Variables climáticas que influyen en la demanda evaporativa o evapotranspiración de referencia (ETo)
  • Un factor ligado al cultivo y su desarrollo fenológico, denominado coeficiente del cultivo (Kc)

Las necesidades hídricas o evapotranspiración del cultivo (ETc) se calculan como: ETc = ETo * Kc. En la Figura 1 se reflejan los Kc necesarios para satisfacer las necesidades hídricas óptimas para incrementar notablemente la producción, pero seguramente perjudicando la calidad de la uva. Por lo tanto, en la misma Figura 1 se presentan otros Kc que pueden emplearse para optimizar la calidad de la uva en distintas variedades de vid tanto para la producción de vinos tintos como blancos.

Con la aplicación de estos coeficientes de cultivo “deficitarios” es posible incrementar la producción entre un 10 y un 25 % con respecto al secano (dependiendo de la climatología de la campaña y de las variedades de estudio), sin apenas verse afectada la composición cualitativa de la uva o con, incluso, posibles mejoras de la misma en los años más secos. Debe por supuesto tenerse en cuenta que estos Kc son meramente orientativos y pueden suponer únicamente un paso inicial para la toma de decisiones sobre riego, debiéndose modular los mismos en función de las especificidades del viñedo.

Figura 1. Foto de una estación agroclimática y resumen de unos coeficientes de cultivo (Kc) orientativos que pueden emplearse para maximizar la producción de uva o la calidad de la misma en distintas variedades de vid

Determinación del estado hídrico del suelo

El método señalado anteriormente permite cuantificar la dosis de riego, pero no informa sobre la frecuencia de la aplicación del mismo. Para ello es necesario utilizar herramientas que permitan visualizar la evolución temporal del contenido de agua en el suelo. En la actualidad, los equipos más adecuados para la determinación del estado hídrico del suelo del viñedo son las sondas FDR.

El valor absoluto del contenido de agua a cada profundidad no es lo más importante sino cómo evoluciona y cuál es su tendencia a lo largo de un determinado periodo. Para el manejo del riego por este procedimiento es necesario definir un límite superior de contenido de agua que, generalmente, se establece en el valor a partir del cual no se produce drenaje por debajo de la zona radicular; y un límite inferior que corresponderá al nivel de estrés que no se desea sobrepasar (Figura 2).

Imagen de las Sondas capacitivas en un viñedo
Figura 2. Captura de pantalla de los datos que se pueden obtener con las sondas capacitivas en un viñedo mostrándose como durante el periodo de julio y agosto la humedad del suelo se mantiene dentro de los límites establecidos

Los límites superior e inferior no tienen por qué ser constantes a lo largo del año. Lo ideal sería tener definidos estos límites para cada fase del cultivo. Asimismo, se deben tener en cuenta los objetivos que se pretenden alcanzar a nivel de producción y calidad en el viñedo en cuestión, así como si se trata de variedades blancas o tintas. Por ejemplo, en el momento de la brotación el nivel de agua en el suelo debe ser relativamente elevado, aunque esta fase se corresponde con períodos de demanda evapotranspirativa baja y con lluvias suficientes, el límite inferior debe ser elevado.

En el momento de la floración, este límite inferior de contenido de agua en el suelo puede reducirse algo más que en el caso anterior e, incluso, durante la maduración de la baya se debería reducir también el límite superior cuando se pretende obtener un vino tinto de con mucha estructura.

Determinación del estado hídrico de las cepas

Las dos estrategias de riego ya mencionadas (información climática y medida de la humedad del suelo) tratan, en definitiva, de estimar de manera indirecta la “salud” hídrica de las cepas. Dado que las plantas integran las condiciones externas del entorno, clima y suelo a la vez, reflejándolo en su estado hídrico, parece lógica la utilización de métodos de programación del riego basados en la propia planta. El instrumento más empleado para cuantificar el estado hídrico de las cepas es la cámara de presión con la que se mide el potencial hídrico (Figura 3).

La determinación más usual es la del potencial hídrico de hoja no transpirante, comúnmente denominado “potencial de tallo”. En este caso, la hoja a medir se cubre con una bolsa de plástico de cierre hermético (que impide la transpiración) y exteriormente aluminizada (que refleja la radiación solar y reduce el calentamiento). Las determinaciones se llevan a cabo preferentemente a mediodía solar, que es cuando habitualmente se produce el grado máximo de estrés alcanzando por las plantas. En la propia figura se indican los valores de potencial hídrico de referencia que pueden emplearse para una primera aproximación para estimar el estado hídrico de la vid en distintos periodos fenológicos.

Cámara de presión y de hojas de vid embolsadas
Figura 3. Imagen de una cámara de presión y de hojas de vid embolsadas para determinación del potencial hídrico de hoja embolsada o de tallo y umbrales para la determinación del estado hídrico

En este este artículo se han dado algunas recomendaciones para un manejo del riego que pueden ser empleadas para una primera aproximación para la toma de decisiones sobre el riego en la vid. El ajuste final de la programación del riego deberá de todos modos modificarse en función de las especificidades del viñedo (material genético, clima y suelo) y de los objetivos enológicos del productor.

Agradecimientos

El conocimiento aquí resumido proviene de distintos proyectos de investigación, entre ellos “NITROGRAPE” financiado por la AEI AGL2017-83738-C3-3-R y un contrato con Cajamar Caja Rural sobre “Uso eficiente del agua ante escenarios de cambio climático”.


30 abril 2021
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