# Inflación alimentaria: precios, consumo y dieta saludable > ¿Por qué los alimentos suben más que el IPC? Analizamos 55 años de inflación, consumo y acceso a una dieta saludable, con foco en los países de ingreso bajo --- Consulta la previsión del tiempo en tu localización exactaSuscríbete a nuestra Newsletter semanal [Home](https://www.plataformatierra.es/)/[Mercados](https://www.plataformatierra.es/mercados)/Coyuntura 08 September 2026 37 min # Inflación alimentaria y acceso a una dieta saludable ¿Por qué los alimentos suben más que el IPC? Analizamos 55 años de inflación, consumo y acceso a una dieta saludable, con foco en los países de ingreso bajo ![Una imagen de un gráfico de barras con diferentes tipos de alimentos.](https://static.plataformatierra.es/strapi-uploads/assets/4e34002a_7bde_4ba7_93ca_f9b5a8af734d_77d30e6ec2.webp) Guardar Compartir --- [Ver infografía: Inflación alimentaria](https://www.plataformatierra.es/infografias/inflacion-alimentaria) La inflación volvió en 2021 al centro de la política económica y lo hizo con una particularidad que interesa de forma directa al sector agroalimentario, porque el componente que más subió y que más tardó en normalizarse fue el de los alimentos. Saber si ese comportamiento responde a una coyuntura excepcional o a algo de fondo tiene consecuencias prácticas en un momento en que se negocia la PAC posterior a 2027, los fenómenos climáticos extremos ganan frecuencia sobre unas zonas productoras muy concentradas y el comercio de cereales se ha convertido en instrumento de presión geopolítica. En los grandes ciclos, los alimentos siguen la tendencia general, pero la amplifican en los picos y, desde el año 2000, se desmarcan de ella con más frecuencia desde entonces. Este patrón justifica analizarlos por separado, ya que la alimentación pesa entre el 14 % y el 52 % del gasto de los hogares, según el nivel de renta del país, y es además uno de los componentes menos aplazables. En 2022, mientras la inflación general mundial se situaba en el 8,1 %, la alimentaria alcanzó el 11,5 %, marcando la tercera ocasión en cincuenta y cinco años en la que se abría una brecha de esta magnitud. De ahí surge la pregunta que articula este análisis: ¿se encarecen los alimentos sistemáticamente más que el conjunto de la cesta de consumo, y qué consecuencias tiene esa brecha para el consumo y la asequibilidad de la población? Para responderla, se ha revisado la base de datos de inflación del Banco Mundial, que recoge series anuales de hasta 209 economías desde 1970, y se ha cruzado con sus datos de PIB, consumo de los hogares y población, así como con la estadística de asequibilidad alimentaria de la FAO. Ningún indicador, por sí solo, permite responder a ambas cuestiones, por lo que el análisis combina tres enfoques complementarios. El diferencial de inflación muestra si los alimentos suben más que el IPC agregado, aunque no informa sobre la capacidad de pago. La comparación entre evolución económica y precios indica si la renta media gana terreno, pero no cómo se distribuye. Por su parte, la estadística de la FAO evalúa si una dieta saludable resulta asequible para la población, sin detallar qué se consume realmente. Los grupos de países y su cobertura estadística se recogen en la nota metodológica final. --- ### La inflación alimentaria frente a la general Entre 1970 y 2024, el índice sintético de precios generales se multiplicó por 26,9, mientras que el de los alimentos lo hizo por 35,7. Esto sitúa la trayectoria acumulada de los precios alimentarios un **33 % por encima** de la general. La brecha descendió del 8 % en 1980 al 4 % en 2000, tras la desinflación de los años ochenta y noventa, pero posteriormente aumentó hasta el 15 % en 2010, el 23 % en 2020 y el 33 % en 2024. Estos índices ofrecen una referencia sintética para comparar ambas evoluciones, aunque su construcción mediante medianas, cuya composición puede variar cada año, impide interpretarlos exactamente como un nivel mundial de precios.. Para entender cómo se formó esta brecha acumulada, conviene observar las tasas anuales. La mediana de la inflación general entre países alcanzó el 16,9 % en 1974, en plena crisis del petróleo. A partir de entonces siguió una tendencia descendente durante cuatro décadas, interrumpida por repuntes asociados a sucesivos choques, hasta situarse en el 1,6 % en 2015. La estabilidad de precios se consolidó así como escenario habitual en buena parte de la economía mundial. El episodio de 2021-2023 alteró esa trayectoria y devolvió la inflación al centro de la política económica. La mediana alcanzó el 8,1 % en 2022 y descendió hasta el 3,2 % en 2024. Precios acumulados (1970 = 100) Tasa anual Precios generalesPrecios alimentarios Nivel de precios acumulado, base 1970 = 100 y escala logarítmica, obtenido encadenando las medianas anuales de cada serie. Las dos curvas discurren casi superpuestas hasta el año 2000 y se separan de forma visible a partir de entonces. En 2024 los precios generales multiplican por 26,9 los de 1970 y los alimentarios por 35,7, una brecha del 33 % que se abre sobre todo a partir del año 2000. Fuente: elaboración propia a partir de Banco Mundial, A Global Database of Inflation, abril de 2025. Precios generalesPrecios alimentarios Mediana mundial de las tasas anuales de inflación general y alimentaria. Fuente: elaboración propia a partir de Banco Mundial, A Global Database of Inflation, abril de 2025. Una vez descrita la evolución de la inflación general, el siguiente paso es comprobar si los alimentos se encarecen a mayor ritmo que el conjunto de la cesta. Una primera aproximación consiste en dividir, para cada país, la tasa de inflación alimentaria entre la general. Cuando ambas tasas son positivas, un cociente superior a 1 indica que los alimentos suben más deprisa, mientras que un valor inferior refleja un crecimiento más moderado. Las medianas por grupo de ingreso muestran un cambio de pauta a partir del año 2000, cuando el ratio se instala por encima de 1. Ingreso altoMediano altoMediano bajoIngreso bajo Inflación alimentaria dividida entre inflación general, media móvil centrada de 5 años aplicada al ratio anual. Se omite el agregado mundial porque una mediana no se descompone y la de todos los países cae fuera del rango de las de los cuatro grupos en siete de los cincuenta y cinco años. Fuente: elaboración propia a partir de Banco Mundial, A Global Database of Inflation, abril de 2025. Al comparar los grupos de ingreso, cabría esperar que el propio diseño del IPC atenuara las diferencias observadas. Como los alimentos forman parte del índice general, un peso mayor hace que este siga más de cerca su evolución y aproxima el cociente a 1. Las cuentas nacionales del Programa de Comparación Internacional del Banco Mundial ofrecen una referencia aproximada de ese peso, aunque sus proporciones pueden diferir de las ponderaciones utilizadas en cada IPC nacional. La alimentación representa el 14 % del gasto de los hogares en los países de ingreso alto, el 27 % en los de ingreso mediano alto, el 38 % en los de ingreso mediano bajo y el 52 % en los de ingreso bajo. El comportamiento observado apunta en una dirección distinta. El promedio de las medianas anuales del cociente durante todo el periodo alcanza **1,02 en ingreso alto**, 1,08 en mediano alto, 1,07 en mediano bajo y **1,10 en ingreso bajo**. Los valores tienden, por tanto, a ser mayores en los grupos de menor ingreso, con una ligera inversión entre las dos categorías intermedias. Esto sugiere que las diferencias en la evolución de los precios superan el efecto aritmético derivado de las ponderaciones del IPC. Las tasas de inflación alimentaria de 2022 refuerzan esta interpretación mediante una medida independiente del valor de la inflación general. La mediana alcanzó el **10 %** en los países de ingreso alto, el **11,8 %** en los de ingreso mediano alto, el **12,2 %** en los de ingreso mediano bajo y el **13,1 %** en los de ingreso bajo. Ambas comparaciones sitúan al grupo de ingreso bajo como el más afectado, mientras que las tasas de 2022 muestran además un aumento ordenado de la inflación alimentaria a medida que disminuye el nivel de ingreso. El cociente arrastra, sin embargo, dos limitaciones que conviene tener presentes. La primera aparece cuando la inflación general se aproxima a cero, ya que el resultado puede dispararse aunque los alimentos apenas hayan subido. Esto ocurrió en las economías de ingreso alto en 2014, 2015, 2016 y 2020, años en los que la inflación general se mantuvo por debajo del 1,2 %. El caso más claro fue 2020, cuando el cociente alcanzó 3,83 pese a que la inflación alimentaria fue de apenas el 2,3 %. El reducido valor de la inflación general amplificó el resultado. La segunda limitación surge con las tasas negativas, que invierten su interpretación. Si la inflación general es del −1 % y la alimentaria del −2 %, el cociente toma un valor de 2 aunque los alimentos se hayan abaratado más que el conjunto de la cesta. Estas limitaciones aconsejan completar el cociente con la diferencia entre ambas tasas. #### El encarecimiento relativo de los alimentos, país por país La comparación de las tasas anuales se completa con una perspectiva acumulada que permite comprobar hasta qué punto el fenómeno se repite entre países. Para ello, se divide el IPC alimentario de cada país entre su IPC general, ambos con base 100 en el año 2000. Un resultado de 116 indica que la relación entre ambos índices ha aumentado un 16 % desde entonces y que los alimentos se han encarecido en esa proporción respecto al conjunto de la cesta. Al partir de una misma base, el cociente aísla la evolución relativa de los alimentos dentro de cada país y permite comparar los resultados con independencia de los niveles iniciales de precios. Grupo Países Precio relativo, mediana Mitad central de los países Países donde los alimentos suben más Ingreso alto 54 116 109–125 85 % Ingreso mediano alto 33 125 110–141 94 % Ingreso mediano bajo 25 126 103–137 88 % Ingreso bajo 12 113 103–130 75 % _Índice del precio relativo de los alimentos en 2023, base 2000 = 100, calculado país por país. La mediana es el valor del país que queda justo en el centro del grupo. La columna «mitad central de los países» muestra entre qué dos valores se sitúa el 50% de los países más próximos a esa mediana, dejando fuera solo el cuarto más bajo y el cuarto más alto: por ejemplo, en ingreso alto la mitad de los países queda entre 109 y 125. Requiere serie anual completa entre 2000 y 2023, lo que limita la muestra. Fuente: elaboración propia a partir de Banco Mundial, A Global Database of Inflation._ El patrón está ampliamente extendido. Entre 2000 y 2023, los alimentos se encarecieron más que el IPC general en el **85 % de los países de ingreso alto, el 94 % de los de ingreso mediano alto, el 88 % de los de ingreso mediano bajo y el 75 % de los de ingreso bajo**. La mediana del encarecimiento relativo oscila entre el 13 % en el grupo de ingreso bajo y el 26 % en el de ingreso mediano bajo. De todas las medidas analizadas, esta ofrece el resultado más consistente entre países. ### El diferencial en puntos porcentuales y los episodios de tensión El diferencial en puntos porcentuales evita la inestabilidad del cociente porque se obtiene restando la inflación general de la alimentaria. Su lectura se mantiene estable incluso cuando las tasas son reducidas o negativas. Su alcance se limita a medir la distancia entre ambas, por lo que debe interpretarse junto con las tasas anuales para conocer también la intensidad absoluta de la subida. MundoIngreso altoMediano altoMediano bajoIngreso bajo Diferencial medio en puntos porcentuales, alimentaria menos general, por década y para 2020-2024, que abarca cinco años. En el grupo de ingreso bajo el último dato disponible es 2023. Fuente: elaboración propia a partir de Banco Mundial. La evolución de este diferencial varía entre los grupos de ingreso, aunque todos comparten dos rasgos. El periodo 2020-2024 registra el valor medio más elevado de los seis intervalos analizados tanto en el conjunto mundial como en los cuatro grupos, con **+2,31 puntos en ingreso bajo** y **+1,43 puntos en ingreso alto**. El mínimo aparece en todos los casos durante la década de 1990 y presenta un valor negativo en cuatro de los cinco agregados. El elevado diferencial del último periodo lleva a examinar con mayor detalle los años de mayor tensión. Ante la ausencia de un umbral oficial, el análisis adopta un criterio propio que combina la distancia respecto a la inflación general con la intensidad de la subida. Se considera año de tensión aquel en que la mediana mundial de la inflación alimentaria supera a la general en más de 2 puntos porcentuales y alcanza además una tasa superior al 6 %. MundoIngreso altoIngreso bajo Episodio de tensión Diferencial inflación alimentaria y general anual en puntos porcentuales. Zonas naranja, años que cumplen el criterio en la serie mundial. Fuente: elaboración propia a partir de Banco Mundial. Con este criterio se identifican dos episodios de tensión, **2007-2008** y **2022-2023**. El diferencial alcanzó un máximo de +4,37 puntos en el primero y de +3,07 en el segundo. El año **1973** quedó cerca, con +1,72 puntos y una inflación alimentaria del 13,3 %. Un umbral de 1,5 puntos lo incorporaría a la lista, mientras que uno de 2,5 excluiría 2007 y 2022, aunque mantendría 2008 y 2023. La duración exacta de los episodios depende, por tanto, del umbral elegido. La frecuencia anual ofrece una perspectiva más amplia. La inflación alimentaria superó a la general en **ocho de los diez años de la década de 1970, en seis de la de 1980, en tres de la de 1990 y en ocho años tanto de la década de 2000 como de la de 2010**. También lo hizo durante los cinco años comprendidos entre 2020 y 2024. Los años noventa constituyen la principal excepción del periodo analizado. La mayor parte del diferencial se concentra en los años de tensión. Su promedio alcanza +2,90 puntos durante esos cuatro años y +0,16 en los cincuenta y uno restantes. El quinquenio 2020-2024 registra una media de +1,59 puntos, prácticamente igual a los +1,60 de 2005-2009, otro periodo que reunió dos años de tensión. Esta similitud indica que los promedios aumentan sobre todo cuando varios choques se concentran en pocos años, una pauta coherente con una oferta agraria que reacciona lentamente y una demanda alimentaria que se ajusta poco a corto plazo. En estos episodios, los alimentos se separan con mayor intensidad del conjunto de los precios y aumenta el riesgo de crisis alimentarias en los países más expuestos. Las restricciones comerciales adoptadas por algunos exportadores pueden intensificar el proceso al reducir la oferta disponible en los mercados internacionales. Al mismo tiempo, los programas públicos y la ayuda alimentaria afrontan un mayor coste por ración cuando también puede crecer el número de personas que necesitan apoyo. Los dos episodios están separados por catorce años, una evidencia insuficiente para establecer una tendencia en su frecuencia. La concentración geográfica de la producción, la longitud de las cadenas de suministro y el aumento de los fenómenos climáticos extremos justifican vigilar esa posibilidad, que permanece como una hipótesis fuera del alcance de este análisis. --- ### PIB y consumo real de los hogares, 2000-2023 El mayor encarecimiento de los alimentos revela una presión adicional sobre los hogares, pero deja abierta una cuestión importante. Durante ese mismo periodo, el consumo real también pudo aumentar o disminuir. Para incorporar este contexto económico, comparamos el PIB real per cápita con el gasto de consumo final real de los hogares por habitante. Ambos indicadores descuentan la inflación mediante sus respectivos deflactores, por lo que sus variaciones recogen cambios en el volumen de bienes y servicios. El PIB real per cápita mide la producción generada por habitante y refleja la evolución general de la actividad económica. Su alcance incluye el consumo privado, la inversión, el gasto público y el saldo exterior. Conviene recordar además que resulta de dividir el PIB total entre la población, de modo que su variación combina dos factores distintos: cuánto crece la producción del país y cuánto crece su población. Un PIB per cápita que cae puede reflejar una economía que se contrae, pero también una economía que crece sin que la producción logre seguir el ritmo de una población en expansión; ambos casos producen la misma cifra final aunque describan situaciones muy diferentes. Por esa razón, el crecimiento del PIB puede diferir del experimentado por los hogares. El gasto real de los hogares se acerca más a su experiencia material, ya que mide la evolución del volumen total de bienes y servicios que consumen, una vez descontada la variación media de sus precios. La comparación permite comprobar si el crecimiento económico estuvo acompañado por un avance similar del consumo. Cuando este último aumenta menos que el PIB, la mejora del consumo por habitante queda rezagada respecto a la actividad económica. Su interpretación es descriptiva, ya que las causas de esa diferencia pueden encontrarse en la inversión, el gasto público, el sector exterior, el ahorro o el endeudamiento. La distribución del consumo entre hogares y la asequibilidad específica de los alimentos requieren indicadores adicionales. Los datos proceden del Banco Mundial y están expresados en dólares constantes de 2015. Para facilitar la comparación, ambas series se transforman en índices con base 100 en el año 2000. Un valor de 136 en 2023 representa un crecimiento real acumulado del 36 %. La muestra incluye las 126 economías que disponen de ambos indicadores en 2000 y 2023. Entre esos años, la mediana del PIB real por habitante aumentó un 36 % en las economías de ingreso alto, un 77 % en las de ingreso mediano alto, un 49 % en las de ingreso mediano bajo y un 42 % en las de ingreso bajo. Las medianas separadas del consumo son algo superiores en tres de los cuatro grupos, aunque cada una puede corresponder a un conjunto diferente de países. Esta primera lectura ofrece una referencia general. Para determinar qué ocurrió dentro de cada economía, el siguiente paso compara directamente el crecimiento del PIB y del consumo país por país. #### La brecha entre el PIB y el consumo, país por país Para realizar una comparación precisa, analizamos el PIB y el consumo dentro de cada país. Ambos índices parten de 100 en el año 2000. La brecha indica en qué porcentaje el índice de consumo queda por encima o por debajo del índice de PIB en 2023. Si el PIB alcanza 120 y el consumo 108, la brecha es del −10%. Un valor positivo señala un mayor crecimiento del consumo y uno negativo refleja un avance inferior. El cálculo mediante un cociente permite comparar países con ritmos de crecimiento muy diferentes. La brecha se expresa en porcentaje, mientras que el diferencial de inflación del apartado anterior se mide en puntos porcentuales. Grupo Países PIB real, mediana Consumo real, mediana Consumo por debajo del PIB Diferencia entre el crecimiento de consumo y PIB Mitad central de los países Ingreso alto 52 +36 % +49 % 48 % +0,1 % −7,7 % a +12,2 % Mediano alto 33 +77 % +97 % 30 % +7,0 % −6,7 % a +11,9 % Mediano bajo 28 +49 % +60 % 50 % −1,0 % −8,4 % a +13,2 % Ingreso bajo 13 +42 % +32 % 69 % −4,7 % −9,9 % a +4,2 % _Variación del PIB y del consumo de los hogares entre 2000 y 2023 (base 2000 = 100). Las medianas del PIB y del consumo se calculan por separado y pueden corresponder a países distintos. La brecha relativa se obtiene en cada país dividiendo el índice de consumo entre el índice de PIB y restando uno. Después se calcula la mediana de cada grupo. La mitad central comprende los valores situados entre los percentiles 25 y 75. Fuente de los datos, Banco Mundial. Elaboración propia__._ En las 126 economías analizadas, la brecha relativa mediana es de apenas **+1,7 %**. El consumo creció menos que el PIB en el **46 % de los países** y lo igualó o superó en el 54 %. El balance general se encuentra cerca del equilibrio, aunque las diferencias entre países son considerables. La distribución por grupos carece de una progresión ordenada según el nivel de ingreso. El grupo de ingreso mediano alto presenta el resultado más favorable, con una brecha mediana del **+7 %** y un 30 % de países con el consumo por debajo del PIB. El grupo de ingreso bajo registra el resultado más desfavorable, con una brecha del **−4,7 %** y un 69 % de países por debajo. Grupo de renta:Ingreso altoMediano altoMediano bajoIngreso bajoIgual crecimiento Cada punto es un país. Eje horizontal, índice de PIB real per cápita en 2023 con base 2000 = 100. Eje vertical, el mismo índice para el consumo real de los hogares. Los países por encima de la diagonal vieron crecer más su consumo que su producción, y los que quedan por debajo, lo contrario. Escala logarítmica en los dos ejes. Fuente: elaboración propia a partir de datos del Banco Mundial. Los casos extremos muestran la amplitud de las diferencias. Tayikistán presenta una brecha del **−44 %**, Irlanda del −41 % y Ruanda del −38 %. En el extremo opuesto, Ucrania alcanza el **+126 %** y Bielorrusia el +104 %. Entre las grandes economías, China registra una brecha del +11 % e India una cercana al −9 %. Estos resultados requieren cautela cuando existen conflictos, cambios demográficos o revisiones estadísticas. **Alcance y limitaciones.** La comparación muestra si el consumo agregado avanzó al mismo ritmo que el PIB. La renta disponible, su distribución entre hogares y la asequibilidad de los alimentos quedan fuera de su alcance. El consumo incluye además alquileres imputados y otras partidas sin desembolso monetario directo. La muestra exige datos únicamente en 2000 y 2023, lo que permite incorporar más países. La cobertura continúa siendo limitada en el grupo de ingreso bajo, donde solo 13 de sus 25 economías disponen de ambos indicadores. Sus resultados representan una aproximación basada en los países con información disponible. #### Una perspectiva complementaria sobre el PIB El gráfico siguiente muestra la evolución anual del PIB real por habitante desde 1980 mediante los agregados oficiales del Banco Mundial. Utiliza otro periodo y un método de agregación diferente, por lo que aporta una perspectiva complementaria sobre la trayectoria del crecimiento. PIB per cápita, nivel (1980 = 100) PIB per cápita, variación anual MundoIngreso altoMediano altoMediano bajoIngreso bajo PIB real por habitante en dólares constantes de 2015, índice con base 1980 = 100. Serie 1980-2024. Fuente: elaboración propia a partir de Banco Mundial, NY.GDP.PCAP.KD. MundoIngreso altoMediano altoMediano bajoIngreso bajo Variación anual del PIB real por habitante, año contra año y sin suavizar. Serie 1980-2024. La línea gris marca el cero. Fuente: elaboración propia a partir de Banco Mundial, NY.GDP.PCAP.KD. Con esta serie más larga, el crecimiento del PIB real por habitante se desacelera en los cinco agregados entre la década de 2010 y el tramo 2020-2024, del 1,99 % al 1,62 % en el mundo y del 1,63 % al 1,35 % en las economías de ingreso alto. El grupo de renta baja no solo se desacelera, sino que retrocede en niveles: su PIB real por habitante **cae un 22 % entre 2010 y 2024**, y su consumo real de los hogares un 18 en el mismo periodo, ambos según los agregados oficiales del Banco Mundial. Esa caída del PIB por habitante no proviene de una contracción de la economía, porque el PIB total del grupo **creció un 13 %** en esos catorce años. Lo que ocurrió es que su población aumentó un 45 % en el mismo periodo, un ritmo muy superior, de modo que una producción en expansión terminó repartida entre muchas más personas. La caída no es reciente ni puntual, porque empieza ya en la década de 2010 y se prolonga hasta el final de la serie, con un pequeño repunte del consumo entre 2015 y 2019 que la pandemia y la crisis alimentaria posterior borraron por completo. Conviene leer la desaceleración de los otros cuatro grupos como el rasgo de un periodo reciente y corto, condicionado por la pandemia y por la invasión rusa de Ucrania, y no como evidencia de un agotamiento estructural, pero el retroceso de la renta baja tiene una base más larga y no se explica solo por esos dos choques. --- ### La asequibilidad de una dieta saludable Los apartados anteriores muestran cómo evolucionan los precios de los alimentos y si el crecimiento económico estuvo acompañado por un aumento del consumo. La asequibilidad exige reunir ambas dimensiones y determinar cuántas personas disponen de recursos suficientes para mantener una alimentación adecuada. La FAO y el Banco Mundial estiman para ello cuánto cuesta una dieta saludable en cada país y qué proporción de la población puede pagarla. La serie abarca de 2017 a 2025 y ofrece resultados anuales para los cuatro grupos de ingreso. Estos indicadores constituyen uno de los ejes de [SOFI 2026](https://www.fao.org/newsroom/detail/sofi-2026--hunger-not-inevitable--fao-says-as-global-hunger-report-shows-progress/en), el informe anual sobre seguridad alimentaria y nutrición elaborado por cinco agencias de Naciones Unidas. #### Cómo se mide la inasequibilidad Una dieta saludable se considera inasequible cuando los ingresos estimados de una persona resultan insuficientes para cubrir conjuntamente su coste y una cantidad mínima destinada a necesidades básicas ajenas a la alimentación. La FAO estima este segundo componente mediante las líneas internacionales de pobreza y los patrones de gasto de los hogares con bajos ingresos. El indicador mide la capacidad económica para acceder a una dieta saludable. El consumo efectivo, los hábitos alimentarios y la disponibilidad física de los productos quedan fuera de su alcance. Para facilitar la comparación internacional, la FAO utiliza una cesta saludable común basada en las recomendaciones compartidas por distintas guías alimentarias nacionales. Esta cesta fija las cantidades necesarias de seis grupos de alimentos para aportar 2.330 kilocalorías diarias. En cada país se selecciona la combinación disponible de menor coste que permite cubrir esas cantidades. El cálculo detallado parte de los precios recopilados para 2021 por el Programa de Comparación Internacional. Los valores de los demás años se actualizan mediante el IPC alimentario de cada país. Este indicador reúne las dos dimensiones centrales de la asequibilidad, el coste de una dieta saludable y los recursos disponibles para pagarla. Por ello ofrece la medida más directa de las utilizadas en el artículo. Entre 2017 y 2025, el coste estimado de la dieta aumentó en los cuatro grupos de ingreso. La subida alcanzó el 48 % en ingreso alto, el 44 % en ingreso mediano alto, el 48 % en ingreso mediano bajo y el 25 % en ingreso bajo. Al mismo tiempo, la proporción de población afectada descendió en tres de los cuatro grupos. Esta combinación es posible porque la asequibilidad depende tanto del precio de la dieta como de la evolución de los ingresos y de su distribución. El grupo de ingreso bajo presenta el contraste más preocupante. Aunque registró el menor encarecimiento de la dieta, la mejora de la asequibilidad fue mínima. Este resultado señala la debilidad del poder adquisitivo como una limitación central. Ingreso bajoMediano bajoMediano altoIngreso alto Cada línea indica qué porcentaje de la población de ese grupo no puede costear una dieta saludable. Un 76 % significa setenta y seis personas de cada cien. Cuanto más baja la línea, mejor. Fuente: FAOSTAT, dominio Cost and Affordability of a Healthy Diet, y FAO, FIDA, UNICEF, PMA y OMS, El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026. En los tres grupos de mayor ingreso, la prevalencia de la inasequibilidad descendió entre 3,8 y 11,9 puntos porcentuales. En las economías de ingreso bajo apenas pasó del 77,5 % en 2017 al 76,1 % en 2025, después de alcanzar el 78,7 % en 2020. Al final del periodo, tres de cada cuatro habitantes de estos países seguían sin poder pagar una dieta saludable. El crecimiento demográfico agrava el resultado. A pesar del ligero descenso de la prevalencia, el número de personas afectadas en el grupo de ingreso bajo aumentó de 398 a 488 millones. En los demás grupos se redujo. Entre 2017 y 2025 pasó de 1.596 a 1.394 millones en ingreso mediano bajo y de 921 a 637 millones en ingreso mediano alto. Estas cifras requieren dos cautelas. La base utilizada reúne 174 países y los agregados se publican cuando las economías con información representan al menos la mitad de la población del grupo. Este criterio garantiza una cobertura mínima, aunque algunos resultados pueden apoyarse en una parte limitada de la población que pretenden representar. La segunda cautela afecta al grupo de ingreso mediano bajo. Su mejora se concentra en gran medida en India. Al excluir este país, el número de personas que carecían de recursos para pagar una dieta saludable aumentó de 791 millones en 2019 a 869 millones en 2024, según el desglose publicado por la FAO. El descenso agregado refleja así una mejora muy concentrada geográficamente, mientras que el total combinado del resto de los países evolucionó en sentido contrario. #### El coste desglosado por grupos de alimentos La FAO publica también el desglose del coste de la dieta por grupos de alimentos, aunque solo para 2021, y ese corte transversal ofrece un resultado menos intuitivo de lo esperado. Componente Ingreso alto Mediano alto Mediano bajo Ingreso bajo Alimentos de origen animal 0,73 0,96 1,10 1,39 Aceites y grasas 0,09 0,14 0,24 0,23 Cereales y tubérculos 0,46 0,53 0,57 0,63 Legumbres y frutos secos 0,31 0,42 0,37 0,35 Hortalizas 0,85 0,65 0,65 0,48 Frutas 0,76 0,75 0,58 0,39 _Coste diario por persona en dólares internacionales de paridad de poder adquisitivo, 2021, media ponderada de cada grupo. Fuente: FAOSTAT, dominio CoAHD._ Los alimentos de origen animal presentan la mayor diferencia de coste entre grupos de ingreso. En las economías de ingreso bajo cuestan casi el doble que en las de ingreso alto y representan alrededor del 40 % del coste total de una dieta saludable, frente al 23 % en los países de ingreso alto. En las frutas y hortalizas, la diferencia de coste entre ambos grupos es menor. Esta ventaja relativa en los precios convive con unos ingresos mucho más reducidos, por lo que el acceso económico continúa siendo limitado. El mayor coste de los alimentos de origen animal puede estar relacionado con una menor productividad ganadera, el precio de los piensos, las deficiencias de transporte y conservación o el reducido tamaño de algunos mercados. Determinar la importancia de cada factor requeriría un análisis específico. El [Banco Mundial](https://www.worldbank.org/en/programs/icp/brief/foodpricesfornutrition) confirma que este es el grupo alimentario más caro de la cesta saludable y que alcanza su coste máximo en las economías de ingreso bajo. #### El hambre disminuye, pero una dieta saludable sigue lejos para 2.700 millones La evolución reciente del hambre es más favorable. El informe [SOFI 2026](https://www.fao.org/newsroom/detail/sofi-2026--hunger-not-inevitable--fao-says-as-global-hunger-report-shows-progress/en) encadena tres años de mejora y estima que 645 millones de personas padecieron subalimentación crónica en 2025. La cifra equivale al 7,8 % de la población mundial, frente al 8,1 % de 2024 y el 8,6 % de 2022. Son 14 millones de personas menos que el año anterior y 43 millones menos que en 2022. La inseguridad alimentaria moderada o grave también descendió y afectó a unos 2.100 millones de personas, 86 millones menos que en 2024. África registró además la primera reducción de la prevalencia del hambre desde 2017, al pasar del 20,3 % al 20 %. La asequibilidad mundial también mejoró durante el último año, aunque una dieta saludable seguía fuera del alcance de unos **2.700 millones de personas** en 2025. Esta cifra refleja un problema diferente del hambre. La subalimentación mide la insuficiencia habitual de energía alimentaria, mientras que la asequibilidad evalúa si los ingresos permiten pagar una dieta variada y saludable junto con otras necesidades básicas. Disponer de calorías suficientes y poder mantener una alimentación adecuada representan, por tanto, logros distintos. --- ### La intervención pública sobre los precios Los resultados anteriores sobre precios y asequibilidad deben interpretarse teniendo en cuenta cómo responden los gobiernos a las subidas de los alimentos. Cada país combina instrumentos distintos y los aplica con diferente intensidad. Esas decisiones influyen tanto en la cantidad que pagan los hogares como en lo que después registran las estadísticas de precios. Las medidas actúan por tres vías. Los precios administrados, las subvenciones al consumo y las rebajas fiscales inciden directamente sobre el precio final. Las transferencias y los programas de distribución sostienen la capacidad de compra o facilitan el acceso a los alimentos. Las ayudas a los insumos, el apoyo agrario y las reservas públicas intervienen sobre los costes o la oferta. Cada vía deja una huella distinta en los datos. En muchas economías emergentes y de ingreso bajo tienen un peso importante los precios regulados, las subvenciones al consumo, la liberación de reservas y las rebajas arancelarias. Estas medidas suelen combinarse con ayudas a los productores para adquirir fertilizantes y otros insumos. También se recurre a restricciones comerciales. India prohibió en 2023 exportar arroz blanco distinto del basmati para contener el precio interno. Este tipo de decisiones puede aliviar temporalmente la presión dentro del país, pero reduce la oferta disponible en el mercado mundial y contribuye a elevar los precios internacionales, sobre todo cuando varios exportadores actúan a la vez. Un [estudio sobre las restricciones aplicadas por India](https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2211912424000166) analiza esos efectos internos y externos. A ello se suman redes de protección de enorme alcance. India mantiene un programa de distribución gratuita de cereales dirigido a unos [813 millones de personas](https://www.pib.gov.in/PressReleasePage.aspx?PRID=1980689), mientras el programa Benazir de Pakistán transfiere renta a [más de nueve millones de familias](https://documents1.worldbank.org/curated/en/099053124122038063/pdf/BOSIB1c8dae7ae03d181981243d144d13c8.pdf). Estas políticas amortiguan el impacto sobre los hogares mediante una mejora de su capacidad de compra o de su acceso a los alimentos. Su reflejo en el IPC depende de cómo trate cada estadística nacional los precios subvencionados y las entregas gratuitas. En los países de ingreso alto, una parte importante del apoyo se canaliza hacia los productores mediante marcos como la política agraria común europea y los programas agrícolas estadounidenses. Su influencia sobre el precio de venta al público suele producirse de manera indirecta, a través de los costes y de la capacidad productiva. Durante el choque de 2022, varios de estos países también aplicaron rebajas temporales del IVA de los alimentos y ayudas directas. La diferencia entre grupos reside, por tanto, en el peso y la combinación de los instrumentos empleados. El alcance del apoyo al productor puede ilustrarse con el estudio [_Scenar 2040_](https://publications.jrc.ec.europa.eu/repository/handle/JRC142503), elaborado por el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea. El trabajo simula la eliminación completa de la PAC y proyecta, frente al escenario de referencia para 2040, una subida de los precios al consumo en todos los grupos de productos. La producción de los principales cultivos caería alrededor de un 5%, mientras la de carne disminuiría un 7,1% y la de vacuno un 13,2%. El consumo también retrocedería con mayor intensidad en los productos ganaderos. El informe presenta este escenario extremo como un punto de comparación destinado a aislar el papel que desempeña la política agraria. De este ejercicio se desprende una advertencia aplicable al conjunto del análisis. El IPC recoge el precio efectivamente pagado por el consumidor. La presión previa sobre los costes, la reducción de los márgenes empresariales y el gasto asumido por el presupuesto público aparecen en otras estadísticas. Una subvención al precio puede reducir la inflación observada trasladando parte de la factura al contribuyente. Una transferencia directa mejora la capacidad de compra y mantiene inalterado el precio de mercado. Dos países expuestos a un choque similar pueden registrar tasas de inflación diferentes debido a la respuesta elegida por sus gobiernos. El presupuesto público impone el principal límite a esa protección. El [_Fiscal Monitor_ del Fondo Monetario Internacional de abril de 2026](https://www.imf.org/-/media/files/publications/fiscal-monitor/2026/april/english/execsumch1-combined.pdf) sitúa la deuda pública mundial en el 93,9 % del PIB en 2025 y proyecta que alcance el 100 % en 2029. Los pagos de intereses han pasado del 2 % a casi el 3 % del PIB mundial en cuatro años. En los mercados emergentes, excluida China, llegaron al 3,8 % del PIB en 2025, mientras el déficit se amplió hasta el 4,7 %. La presión resulta especialmente intensa en los países con menos recursos. [UNCTAD calcula](https://unctad.org/publication/world-of-debt) que 3.400 millones de personas viven en economías que destinan al pago de intereses más dinero que a sanidad o educación. En África, el gasto agregado en intereses supera tanto al sanitario como al educativo. Esta aritmética condicionará la respuesta al próximo episodio de tensión. En muchos países, el margen disponible para financiar precios administrados, subvenciones, ayudas a los insumos y programas de distribución es ahora más estrecho. Las economías más expuestas a la inseguridad alimentaria suelen disponer además de menos recursos para sostener esas medidas. La capacidad de amortiguar el siguiente choque dependerá de su magnitud y duración, del diseño de las ayudas y del espacio presupuestario disponible. Las cifras de inflación y asequibilidad reflejarán, por tanto, tanto la subida de los alimentos como la respuesta pública frente a ella. --- ### Conclusiones Vista en conjunto, la inflación alimentaria ha superado a la general en la mayoría de los años del último medio siglo. La pauta solo se interrumpió con claridad durante la década de los noventa y volvió a imponerse a partir del año 2000. Esta recurrencia convive, sin embargo, con una intensidad muy desigual. La brecha alcanza sus valores más elevados durante los episodios de tensión y se reduce considerablemente en los años de calma. La inflación alimentaria actúa así como un amplificador de determinados choques, mientras durante los periodos de estabilidad evoluciona mucho más cerca del IPC general. Ese comportamiento de los precios representa el punto de partida. Sus consecuencias dependen de la evolución paralela de los recursos de los hogares. La comparación entre el PIB real por habitante y el consumo real muestra que el crecimiento económico se trasladó al consumo de forma muy desigual entre países, con el grupo de ingreso bajo como el más rezagado. Al mismo tiempo, el precio relativo de los alimentos aumentó en la gran mayoría de las economías analizadas. La combinación de ambos resultados indica que una misma subida resulta más difícil de absorber allí donde el consumo y los recursos familiares avanzan con mayor lentitud. Ese margen se reduce aún más cuando el crecimiento pierde impulso. El PIB real por habitante se ha desacelerado durante el periodo más reciente en todos los grupos de ingreso y ha llegado a retroceder en el de ingreso bajo. En este último caso, la producción total continuó creciendo, pero lo hizo más despacio que la población, de modo que la cantidad correspondiente a cada habitante disminuyó. El resultado refleja una presión demográfica que limita la mejora material incluso cuando la actividad económica mantiene tasas positivas. La combinación de alimentos relativamente más caros y un crecimiento que llega de forma desigual al consumo conduce a la cuestión central, la capacidad para pagar una dieta saludable. El indicador de la FAO ofrece la respuesta más directa. En 2025, tres de cada cuatro habitantes de los países de ingreso bajo seguían sin poder costearla, una proporción que apenas ha mejorado desde 2017 mientras el número de afectados aumentaba. Dentro del coste de la dieta, los alimentos de origen animal presentan la mayor diferencia respecto a las economías de ingreso alto. La asequibilidad depende, en última instancia, del precio del conjunto de la dieta y de los recursos disponibles para pagarla. La capacidad de los hogares también está condicionada por la respuesta pública. Las subvenciones y los precios administrados pueden reducir el precio pagado, mientras las transferencias y los programas de distribución sostienen la capacidad de compra. Estas medidas reparten parte del coste entre el presupuesto público, los productores y otros participantes de la cadena. En numerosos países, el aumento de la deuda y de los intereses ha estrechado ese margen de actuación, especialmente allí donde las necesidades de protección son mayores. La respuesta al próximo episodio dependerá así de la evolución de los mercados alimentarios, de los recursos de los hogares y de la capacidad fiscal de cada Estado. #### Lo que puede venir Los tres grandes momentos históricos de tensión respondieron a combinaciones diferentes de factores productivos, económicos y geopolíticos, aunque compartieron algunos mecanismos de propagación. A comienzos de los años setenta coincidieron las malas cosechas, las compras soviéticas, la reducción de las reservas y la crisis del petróleo. En 2007-2008 confluyeron unas existencias reducidas, cosechas deficientes, energía cara, biocombustibles y restricciones comerciales. En 2022-2023 se acumularon las perturbaciones posteriores a la pandemia, los elevados costes energéticos y de los fertilizantes, las condiciones meteorológicas adversas y la guerra de Ucrania. En los tres casos, una alteración inicial terminó amplificada por los costes, el comercio y las respuestas de los gobiernos. Estos tres antecedentes ofrecen una base demasiado reducida para predecir cómo evolucionará la frecuencia de las crisis. El cambio climático, la concentración geográfica de la producción y la tensión geopolítica aumentan, en cambio, la exposición a pérdidas de cosechas, interrupciones logísticas y restricciones comerciales. El sistema alimentario afronta así más vías potenciales de perturbación, mientras el momento en que puedan coincidir permanece abierto. La lectura conjunta de los resultados dibuja un comportamiento asimétrico. Durante los periodos de estabilidad, los alimentos evolucionan cerca del IPC general. En las grandes perturbaciones se encarecen con mayor intensidad y causan más daño entre quienes disponen de menos margen para absorber la subida. La seguridad alimentaria de los próximos años dependerá de la evolución habitual de los precios, de la frecuencia y la magnitud de estos episodios, del crecimiento de los recursos de los hogares y de la capacidad de los gobiernos para protegerlos. El punto crítico llegará cuando una subida brusca coincida con familias y Estados que apenas dispongan de margen para responder. #### Nota metodológica **Grupos de países.** Usamos una sola clasificación en todo el artículo, la de grupos de renta del Banco Mundial correspondiente al ejercicio fiscal 2026, que clasifica **países** y no personas, vigente entre julio de 2025 y junio de 2026. Los agregados de inflación son la mediana de los países de cada grupo. - **Ingreso alto**, 86 economías, 63 con serie de inflación alimentaria. Estados Unidos, la mayoría de los países de la zona euro, Japón, Reino Unido, Canadá o Australia. - **Ingreso mediano alto**, 54 economías, 49 con serie alimentaria. China, Brasil, México, Turquía o Sudáfrica. - **Ingreso mediano bajo**, 50 economías, 45 con serie alimentaria. India, Indonesia, Pakistán, Nigeria, Egipto o Vietnam. - **Ingreso bajo**, 25 economías, 21 con serie alimentaria, casi todas en África Subsahariana. La decisión de aplicar esa clasificación a toda la serie histórica es nuestra, ya que el Banco Mundial la publica referida al ejercicio corriente. La clasificación FY2027, en vigor desde el 1 de julio de 2026, reclasificó al alza seis economías, entre ellas Togo, que pasó de ingreso bajo a mediano bajo. Una clasificación fija facilita la comparación temporal, aunque sitúa a cada economía en el grupo que ocupa actualmente y no en el que tenía al comienzo del periodo, por lo que las diferencias históricas entre grupos deben interpretarse con cautela. #### Agregados de inflación Son la mediana de los países de cada grupo, con un mínimo de observaciones por año. La mediana del grupo de ingreso alto reproduce el agregado de economías avanzadas que publica el Banco Mundial con una correlación de 0,997 y una diferencia media de 0,03 puntos porcentuales, lo que valida el método. La media móvil del gráfico del cociente se aplica al ratio anual y no a las dos tasas por separado; en los extremos de la serie se calcula con menos de cinco observaciones. #### Episodios de tensión El criterio de más de 2 puntos de diferencial y más del 6% de inflación alimentaria es nuestro. Probado con umbrales alternativos, entre 1,5 y 2,5 puntos de diferencial y entre el 5 % y el 8 % de tasa alimentaria, aparece al menos un año en torno a 2007-2008 y otro en 2022-2023 en todos los casos, aunque la duración exacta de ambos episodios cambia; con el umbral más exigente, 2,5 puntos y 8 %, solo permanecen 2008 y 2023, y 1973 entra únicamente con el criterio más laxo. Los años que superan el percentil 90 del diferencial son 1973, 2007, 2008, 2020, 2022 y 2023. #### PIB y consumo real de los hogares Los dos indicadores proceden del Banco Mundial y están en dólares constantes de 2015, con base 100 en el año 2000. Sólo se comparan los datos de 2000 y  2023, sin serie anual completa, criterio que amplía la muestra a 126 economías y reduce el sesgo hacia los países con mejores sistemas estadísticos. La brecha entre consumo y PIB se calcula para cada país y se agrega después mediante la mediana y el recorrido intercuartílico, porque la diferencia entre las medianas de ambos indicadores puede corresponder a países distintos y no permite concluir nada sobre el país típico. El precio relativo de los alimentos, en cambio, sí requiere serie anual completa, ya que se obtiene encadenando las tasas de los dos índices de precios. #### Indicador de asequibilidad de la FAO La serie cubre 174 países, no todos, y los agregados por grupo de renta solo se publican cuando los países con dato representan al menos el 50 % de la población del agregado. Hasta la edición de 2023 el umbral era fijo, con la dieta considerada inasequible si costaba más del 52 % del ingreso, porcentaje tomado del gasto medio en alimentación de los países de ingreso bajo. Desde la edición de 2024 el método es distinto y calcula el coste de las necesidades básicas no alimentarias a partir de las líneas de pobreza internacionales y de las cuotas de gasto no alimentario propias de cada grupo de renta. Los agregados por grupo son medias ponderadas por población y solo se publican cuando los países con dato cubren al menos el 50 % de la población del agregado. #### Sesgo de supervivencia en periodos largos Con base 1980 en lugar de 2000 la cobertura se desploma y el grupo de ingreso bajo se queda en ocho países, el 21 % de su población, precisamente aquellos cuyo sistema estadístico no se interrumpió, lo que excluye a Afganistán, Siria, Yemen, Somalia o Sudán. Cualquier resultado sobre periodos largos en países pobres arrastra ese sesgo. ### Fuentes Elaboración propia a partir de las siguientes fuentes.  - **Inflación general y alimentaria:** Banco Mundial, _A Global Database of Inflation_, actualización de abril de 2025. La base incluye hasta 209 economías, con una cobertura variable según el año y el indicador. Referencia metodológica: Ha, Kose y Ohnsorge (2023). - **PIB per cápita, consumo de los hogares y población:** Banco Mundial, _World Development Indicators_. Indicadores NY.GDP.PCAP.KD —PIB per cápita—, NE.CON.PRVT.PC.KD —gasto de consumo final de los hogares per cápita—, ambos expresados en dólares constantes de 2015, y SP.POP.TOTL —población total—. - **Cuota del gasto destinada a alimentación:** Banco Mundial, Programa de Comparación Internacional. - **Coste y asequibilidad de una dieta saludable:** FAOSTAT, dominio _Cost and Affordability of a Healthy Diet_ (CoAHD), datos de 2017 a 2025. El desglose por componentes solo está disponible para 2021. - **Hambre e inseguridad alimentaria:** FAO, FIDA, UNICEF, PMA y OMS, _El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026_. - **Medidas de contención de los precios:** Banco de Pagos Internacionales y documentación nacional de los programas analizados. - **Deuda pública y gasto por intereses:** Fondo Monetario Internacional, _Fiscal Monitor_, abril de 2026, y Naciones Unidas, _A World of Debt_. - **Escenario de eliminación de la PAC:** Fellmann, T.; Tassinari, G.; Lasarte López, J.; et al. (2025), _Scenar 2040: A Scenario Study on the Common Agricultural Policy_. Centro Común de Investigación, Oficina de Publicaciones de la Unión Europea, JRC142503. [License![Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional. Se permite la reproducción total o parcial del contenido siempre que se cite la fuente original.](https://i.creativecommons.org/l/by/4.0/88x31.png)](https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/) Esta obra está bajo una [Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional. Se permite la reproducción total o parcial del contenido siempre que se cite la fuente original.](https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/) --- Guardar Compartir --- --- Source: https://www.plataformatierra.es/mercados/inflacion-alimentaria-dieta-saludable