Home/Mercados/Coyuntura
32 min

Diez años de transformación del vino: caída del consumo, ajuste de oferta y retos de valor

16 December 2025
Estadísticas
Comercio Exterior
Economía Agroalimentaria
En la última década el mercado del vino se debilita: baja el consumo mundial y la producción. En España se produce menos y el sector gira hacia blancos; el consumo interno aguanta, pero la rentabilidad cae pese a exportar con más valor
Bodega en España.

16 December 2025

Resumen ejecutivo

En la última década el mercado mundial del vino ha entrado en una fase claramente más débil. El consumo global desciende de forma casi continuada, con una caída media anual cercana al 1,3 %, hasta marcar en 2024 el nivel más bajo de toda la serie. El desplome del mercado chino y la pérdida de peso del vino tinto frente a blancos y rosados explican buena parte de este retroceso. La producción mundial presenta más altibajos, con un gran pico en 2018 seguido de varios años de ajuste y un recorte muy acusado en 2023 y 2024, cuando las cosechas quedan claramente por debajo de la media del periodo. Las previsiones para 2025 apuntan solo a una ligera recuperación de la oferta, en torno al 1 %, lo que confirma un escenario de menos vino y menos consumo que una década antes. En este contexto, este informe tiene un carácter estructural y pretende examinar la evolución del mercado del vino en la última década, tanto en España como en el mundo.

En España la producción de vino se vuelve más baja y volátil, con un máximo en 2018 cercano a los 45 M Hl y un descenso marcado en las últimas campañas hasta situarse en torno a 27,5 M Hl en 2025. La superficie de viñedo se reduce un 5,8 % respecto a 2015, pero el comportamiento por comunidades es muy desigual. Andalucía, Murcia o Navarra pierden mucha superficie, mientras que Castilla y León, Galicia o País Vasco crecen ligeramente. Al mismo tiempo se incrementa el peso del regadío y de las plantaciones jóvenes y el mapa varietal cambia de forma significativa con menos Airén, Bobal, Monastrell o Cabernet Sauvignon y más Verdejo, Chardonnay, Garnacha Tinta o Garnacha Tintorera, reforzando el giro hacia blancos y tintos de mayor valor.

En cuanto a la estructura productiva, aumenta con fuerza el número de explotaciones vitícolas con orientación comercial pero su dimensión media es menor que la del conjunto del sector agrario. Son explotaciones más pequeñas en superficie, valor de producción y activos, lo que las hace más vulnerables. La rentabilidad se deteriora de forma clara. El valor añadido por unidad de trabajo desciende en el viñedo mientras aumenta en el resto de la agricultura; los costes de insumos y de mano de obra crecen mucho más deprisa que los ingresos y la dependencia de las ayudas se intensifica hasta representar más de una cuarta parte del valor añadido obtenido. Incluso comparando explotaciones de igual tamaño económico, el viñedo obtiene peores resultados que el promedio agrario, salvo en las explotaciones orientadas a vinos con denominación de origen, que prácticamente duplican la rentabilidad de las dedicadas a otros vinos.

En el lado de la demanda y del comercio exterior, el consumo interno de vino en España se mantiene sorprendentemente estable en torno a los 9,5–10 M Hl anuales. Las exportaciones en volumen se reducen, tanto en tinto como en blanco, y el peso relativo del granel sigue siendo alto, aunque en valor el sector logra crecer desde 2.630 a unos 2.940 M € en diez años gracias a la mejora de precios y a la expansión en mercados de América, Asia y África, mientras se desinfla China y se enfría en Reino Unido. Los precios al consumidor avanzan en línea con la inflación general: tras años relativamente tranquilos, el verdadero salto llega con la ola inflacionaria de 2022-23 y después se modera. El cuadro final es el de un sector que vende menos vino, con más competencia entre orígenes y colores, que se reestructura a marchas forzadas y que necesita ganar tamaño, valor añadido y eficiencia para recuperar rentabilidad.

Cambios en el mercado mundial

A lo largo del periodo 2015-2024 el consumo mundial de vino muestra una tendencia claramente descendente. Tras unos años iniciales muy estables en torno a 2015-2017, el consumo empieza a caer casi de forma continua y, para 2024, se sitúa en torno a un 10-12 % por debajo de la media de esos años. Esto refleja un debilitamiento estructural de la demanda de vino como bebida a escala global.

La producción mundial, en cambio, es más volátil. Hay un pico muy acusado en 2018, claramente por encima de la media 2015-2017, seguido de varios años de relativa normalización y, finalmente, una caída fuerte en 2023-2024, cuando la producción queda claramente por debajo de la media del periodo base; una reducción ligada a condiciones climáticas adversas, pero también como reacción del sector ante la menor demanda.

No obstante, los datos provisionales de producción para 2025 de los principales países productores, que agrupan al 80 % de la producción, indican una ligera recuperación de la oferta de cerca del 1 % respecto a la campaña pasada.

 

Evolución de la oferta de vino en España

En el caso de España, la reducción de la producción ha sido 8 puntos superior a la media mundial hasta la campaña, siguiendo la misma trayectoria.

En nuestra serie también se observa cierta volatilidad, con un máximo claro en 2018, cuando se alcanzaron cerca de 45 millones de hl, y varios años de corrección posterior, especialmente en 2023 y por ahora 2025, cuando descendió aún más hasta rondar los 27,5 millones de hectolitros en esta campaña.

Al separar los datos por tipo de vino se apreciaba un cambio de tendencia claro, ya que en 2015 se producía casi la misma cantidad de tinto y rosado que de blanco, pero con los años el tinto y rosado fue perdiendo peso. Terminó cayendo casi a la mitad entre 2015 y 2025. El blanco también redujo su volumen, aunque de forma más suave y desde 2021 se produjo más vino blanco que tinto o rosado. En los últimos años analizados la producción española se inclinó claramente hacia los vinos blancos.

 

 

Para la nueva campaña, con los datos provisionales acumulados hasta el 31 de octubre de 2025, comparados con el mismo periodo de 2024, la producción de vino en España se sitúa en 27.482 mil hectolitros frente a 29.905 mil el año anterior. Esto supone una disminución de unos 2,4 millones de hectolitros, aproximadamente un 8 % menos en el acumulado a final de octubre.

El ajuste se concentra sobre todo en las grandes regiones productoras del centro y sur. Castilla-La Mancha, que sigue siendo con diferencia la principal productora, pasa de 17,6 a 15,5 millones de hectolitros acumulados a 31 de octubre, lo que equivale a una caída cercana al 12 % y explica buena parte del descenso nacional. Andalucía recorta aún más en términos relativos y baja de 720,6 a 430,4 mil hectolitros, alrededor de un 40 % menos. La Rioja también muestra un retroceso notable, desde 1.185,1 a 942,9 mil hectolitros, en torno a un 20 % de descenso. Extremadura reduce su volumen de 2.847,3 a 2.606,4 mil hectolitros. aproximadamente un 8,5 % menos que a la misma fecha del año previo. Navarra, Murcia, Comunidad Valenciana y Canarias presentan igualmente menores volúmenes acumulados, con especial intensidad en el caso de Navarra, donde la caída ronda el 25 %.

En contraste, algunas comunidades incrementan su producción acumulada hasta el 31 de octubre. Cataluña destaca claramente, al pasar de 1.962,4 a 2.435,6 mil hectolitros, un aumento superior al 24 % frente al año anterior. Castilla y León también mejora sus cifras, de 1.904,8 a 2.018,5 mil hectolitros, cerca de un 6 % más. Aragón, Galicia y País Vasco también registran subidas más moderadas, que ayudan a amortiguar parcialmente el retroceso general.

Evolución de superficies, rendimientos, variedades

En 2025, la superficie plantada de viñedo en España asciende a 903.170 ha, lo que representa un 5,8 % menos que la existente en 2015, por lo que se habría producido un descenso anual aproximado del 0,6 %. Sin embargo, la variación habría sido muy diferente entre las principales CCAA productoras, con fuertes descensos en Andalucía (-28,6 %), Murcia (-20,1 %) y Navarra (-14,1 %), descensos más moderados en la Comunidad Valenciana (-8,3 %), Aragón (-7,5 %), Extremadura (-5,3 %), Castilla-La Mancha (-4,8 %) y Cataluña (-1,7 %), ligero aumento en La Rioja (+0,6 %), Galicia (+1,4 %) y País Vasco (+3,8 %) y fuerte aumento en Castilla y León (+13,1 %).

 

 

En términos relativos respecto al potencial vitícola, la superficie plantada en 2025 representa el 97,2 % del potencial, cuando hace una década el margen era superior, puesto que la superficie en 2015 representaba el 93,4 % del potencial. En 2025, la superficie plantada supera el 99 % del potencial en Murcia, La Rioja y País Vasco y se acerca en Castilla y León, existiendo algo más de margen en el resto de principales regiones productoras.

El descenso de la superficie de viñedo no está reñido con una presencia relativamente importante de plantaciones jóvenes (entendiendo como tales, ateniendo a la fuente ESYRCE del MAPA, las de menos de 5 años), impulsadas por el apoyo a la reestructuración y reconversión de viñedo de la PAC, primero a través del PASVE y luego del PEPAC. Durante el trienio 2022-2024, las plantaciones jóvenes de viñedo han representado el 8,9 % de la superficie de viñedo en producción. Pero las diferencias entre regiones son muy importantes, contrastando el fuerte dinamismo de Extremadura (15 % de plantaciones jóvenes) con la casi ausencia de plantaciones jóvenes en el País Vasco (0,5 %).

El gráfico adjunto combina la evolución de la superficie plantada de viñedo con el porcentaje que representan las plantaciones jóvenes. En el cuadrante superior derecho, se encuentran las regiones en las que la superficie ha evolucionado por encima de la media nacional (bien ha crecido o descendido, pero menos que el 5,8 % que ha descendido la media nacional) y la presencia de plantaciones jóvenes supera también la media. Es el caso de Extremadura, Cataluña y Castilla y León. El cuadrante contrario, con mayor descenso del viñedo y menor presencia de plantaciones jóvenes es ocupado por Andalucía y Navarra. Por su parte, Aragón, Comunidad Valenciana y Castillla-La Mancha presentan valores muy cercanos a la media nacional, en el centro del gráfico, por tanto. Finalmente, destacar también la posición de La Rioja, Galicia y País Vasco, donde la presencia de plantaciones jóvenes es baja, pero la superficie de viñedo ha crecido ligeramente, superando por tanto la situación media nacional.

 

 

Al tiempo, durante la década se ha incrementado la superficie de viñedo en regadío. Aunque sigue siendo minoritaria y se trata en la mayoría de los casos de riegos de apoyo, de baja dotación, el porcentaje de viñedo en regadío habría pasado del 22,4 % en 2015 al 31 % en 2022 (último año disponible en el Anuario de Estadística del MAPA). Según los datos del Anuario, la mayor expansión relativa del regadío se habría producido en Extremadura (del 10,5 % al 41,4 %) seguida de Castilla y León (del 3,9 % al 15,6 %).

Las series de ESYRCE permiten también analizar cómo ha evolucionado el rendimiento por hectárea en el viñedo, que alcanzó sus máximos en el bienio 2015-16, con algo más de 6.000 kg en secano y 10.000 kg en regadío. A partir de ese momento y hasta el trienio 22-24, aun con variaciones anuales, los rendimientos habrían descendido de media un 16 % en secano y un 14 % en regadío. Por regiones, Extremadura y Aragón han experimentado descensos fuertes en sus rendimientos, Cataluña y la Comunidad Valenciana han registrado descensos suaves, en Castilla-La Mancha y Castilla y León el secano desciende mientras el regadío se mantiene, y solo Galicia muestra un aumento en los rendimientos.

Concluimos este viaje por los cambios en el viñedo nacional deteniéndonos en el cambio de variedades. Para ello analizamos la información disponible en el MAPA (Distribución de la superficie plantada de uva de vinificación por variedades) desde 2018, comparándola con 2024, último año disponible. Tomando exclusivamente las variedades que en 2024 contaban con más de 1.000 ha, este grupo de variedades principales habría mantenido su superficie en blancas y descendido en tintas. Descendiendo a nivel de variedad, las casuísticas son muy variadas. Así, entre las variedades tintas:

  • Aumentan más de un 10 % su superficie la Garnacha Tinta (59.209 ha en 2024), Garnacha Tintorera (42.849), Tinto de la Pámpara Blanca (8.712), Cariñena (5.721), Graciano (2.830) y Pinot Noir (1.244).
  • Se mantienen (variación entre -10 % y + 10 %) las superficies de Tempranillo (195.076 ha), Merlot (11.556), Mencía (8.236), Petit Verdot (2.124), Listán Negro (1.421) y Trepat (1.318).
  • Descienden más de un 10 % su superficie las variedades Bobal (51.952 ha en 2024), Monastrell (32.947), Cabernet Sauvignon (16.557), Syrah (15.402), Prieto Picudo (2.809) y Tinto Velasco (1.086). Por su parte, en el caso de las variedades tintas:
  • Aumentan más de un 10 % de superficie la Verdejo (25.208 ha en 2024), Chardonnay (12.087), Montúa o Chelva (11.814), Moscatel de Alejandría (9.327), Parellada (9.325), Souvignon Blanc (8.876), Garnacha Blanca (3.592), Palomino Fino (3.229), Malvasía Riojana (3.199), Godello (2.076), Malvasía Castellana (1.782), Treixadura (1.097) y Malvasía Volcánica (1.006).
  • Se mantienen (variación entre -10 % y + 10 %) las superficies de Viura (56.896 ha), Cayetana Blanca (12.350), Xarello (11.040), Albariño (6.739), Moscatel de grano menudo (2.938) y Listán Blanco de Canarias (1.463).
  • Descienden más de un 10 % su superficie las variedades Airén (185.614 ha en 2024), Jaén Blanco (21.083), Palomino (8.897), Pedro Ximénez (6.100), Zalema (3.091), Merseguera (1.839), Verdoncho (1.292) y Pardillo (1.093).

Evolución de estructuras productivas y rentabilidad

Una vez analizado en el apartado anterior cómo ha evolucionado la superficie de viñedo en España, queremos analizar en este cómo han cambiado las estructuras productivas, es decir, cómo han evolucionado las explotaciones dedicadas a la producción de uva para vinificación. Para ello, como ya nos hemos planteado en alguna ocasión para el conjunto del sector, cabe empezar planteándose cómo definir una explotación de uva de vinificación.

Si partimos de la definición más incluyente, según el MAPA, en 2024, existían 532.034 explotaciones vitícolas, entendiendo como tales que tuvieran superficie de uva de vinificación, independientemente de su tamaño o de la presencia o no de otros cultivos o actividades. La superficie media por explotación ascendía a 1,72 hectáreas. El 70 % de las explotaciones tienen menos de media hectárea y ocupan, en conjunto, el 5,6 % de la superficie de viñedo. Sólo el 4 % de las explotaciones cuenta con más de 10 hectáreas pero representan en total el 61,5 % del viñedo.

Si somos algo más exigentes con la definición y acudimos al Censo Agrario o la más reciente Encuesta sobre Estructura de Explotaciones Agrarias de 2023 y buscamos las explotaciones de la OTE (Orientación Técnica-Económica) viñedo, es decir, aquellas explotaciones orientadas principalmente a este cultivo en las que el viñedo representa más del 65 % de su producción bruta, el número desciende a 64.707 explotaciones, con una superficie total de 8.885.480 ha.

Finalmente, si tomamos como fuente la Red Contable Agraria Nacional (RECAN) y nos centramos en las explotaciones dedicadas a viñedo que tienen una orientación comercial al alcanzar al menos 8.000 euros anuales de producción bruta, el número desciende (año 2023) a 39.339 explotaciones. Será esta fuente que utilicemos en este apartado de análisis estructural para centrarnos en cómo han evolucionado a lo largo de la última década las explotaciones dedicadas comercialmente al viñedo.

Analizando esta fuente y haciéndolo de manera comparada con el conjunto de explotaciones agrarias de España (todos los sectores), se observa un crecimiento del número de explotaciones, pero con menor dimensión media. El número de explotaciones vitivinícolas con orientación comercial ha aumentado un 20,5 % entre 2014 y 2023, duplicando el incremento del conjunto del sector agrario (10,1 %). Sin embargo, este crecimiento se concentra principalmente en los estratos de menor dimensión económica (8-25 UDE), que representan el 48,6 % del total.

Las explotaciones de viñedo son estructuralmente más pequeñas que el promedio agrario: menor superficie (25,2 ha frente a 42,9 ha), menor valor de producción (57.000€ frente a 109.259€) y menores activos (291.327€ frente a 418.797€), aunque mantienen niveles similares de empleo (1,7 UTA frente a 1,8 UTA). En esta evolución hay que tener en cuenta que una parte de la mayor presencia de explotaciones de orientación comercial responde exclusivamente a la propia evolución del incremento de los precios (efecto inflación).

 

 

La misma fuente permite analizar, también en el tiempo y de manera comparada con el conjunto de actividades agrarias la evolución de la rentabilidad, arrojando un deterioro preocupante de la rentabilidad del sector vitivinícola. Los indicadores de rentabilidad muestran una evolución negativa entre los períodos 2016-2017 y 2022-2023 (se ha tomado el último bienio con datos disponibles para suavizar posibles variaciones coyunturales). El Valor Añadido Neto por UTA medio en explotaciones de viñedo ha disminuido un 7,2 % (frente a un aumento del 14,2 % del conjunto agrario), situándose en 21.271€/UTA frente a los 32.902€/UTA de media agraria. Todo ello en términos nominales.

Si en lugar de tomar el valor medio tomamos la mediana (lo que representa mejor a una explotación comercial al suavizar el efecto que sobre el total pueden tener las grandes explotaciones), la rentabilidad mediana ha caído un 23,6 % en viñedo, mientras que en el conjunto del sector agrario descendía solo un 3,6 %. En ambos casos, aunque obviamente con mayor intensidad en viñedo, llama la atención como la evolución de las medias es mejor que la de las medianas, mostrando la tendencia el creciente peso que sobre el conjunto tienen los resultados de las pocas explotaciones de gran dimensión económica.

Este deterioro de la rentabilidad se debe a que los costes han aumentado más que los ingresos: los costes intermedios han crecido un 65 %, los costes laborales un 61 %, mientras que el valor de la producción solo ha aumentado un 19,9%. Esta situación ha incrementado la dependencia de las subvenciones corrientes, que ahora representan el 26,8 % del VAN mediano (frente al 18,5 % en 2016-2017), si bien todavía este indicador se encuentra por debajo del conjunto del sector agrario (donde alcanza el 33,1 %).

 

 

Profundizando en el análisis de la rentabilidad sectorial, habida cuenta de la importancia de las economías de escala, que se refleja en las diferencias tanto en valor absoluto como en evolución de los valores medios y medianos, cabe preguntarse si la menor rentabilidad del viñedo respecto a otras actividades agrarias se explica por la menor dimensión de sus explotaciones o si, a igualdad de dimensión, el viñedo sigue siendo menos rentable. Para eso se muestran los resultados en el cuadro adjunto dividiendo las explotaciones en tres estratos: explotaciones con una producción bruta anual de entre 8.000 y 25.000 euros, de entre 25.000 y 100.000 euros y de entre 100.000 y 500.000 euros (por encima de este umbral no existen suficientes explotaciones para proporcionar resultados significativos).

 

 

Como en el conjunto de la actividad agraria, la diferente rentabilidad de las explotaciones, especialmente medida en VAN/UTA (no tanto en VAN/Activo) se explica por la dimensión económica de las explotaciones: las explotaciones pequeñas son menos rentables y presentan mayor dependencia de las ayudas. Dada la mayor proporción de las explotaciones de menor dimensión en la OTE de viñedo, esto arrastra a los resultados generales de menor rentabilidad en la explotación media de viñedo que en otros sectores. En todo caso, a igualdad de estrato de dimensión económica, la rentabilidad (VAN/UTA) en viñedo en 2023 ha sido menor que en el conjunto del sector agrario:

  • 8-25 UDE: 12.012 € /UTA viñedo vs 15.324 €/UTA total agrario, en media y 7.600 vs 11.766 en mediana
  • 25-100 UDE: 20.752 € /UTA viñedo vs 24.591 €/UTA total agrario, en media y 22.351 vs 17.322 en mediana
  • Más de 100 UDE: 31.085 € /UTA viñedo vs 36.254 €/UTA total agrario, en media y 28.488 vs 35.189 en mediana

Los datos de Red Contable, especialmente en su versión digital ofrecen otras muchas posibilidades de análisis, que no desarrollaremos por no extender en exceso el informe. En todo caso, sí apuntamos que segmentando por tipos de vino, las explotaciones con producción destinada a Denominación de Origen (62 % del total) duplican la rentabilidad de las de "otros vinos": 24.462€/UTA frente a 12.680€/UTA. Las diferencias regionales también son significativas: a modo de ejemplo, en el estrato 25-100 UDE, las explotaciones de La Rioja obtienen 27.241€/UTA mientras que las de Castilla-La Mancha apenas alcanzan 15.702€/UTA, pese a tener el doble de superficie y emplear más mano de obra.

Cambios en la demanda

- Evolución de la demanda internacional

En 2024 el mundo bebió menos vino que en ningún otro año de la serie: unos 214,9 millones de hectolitros, un 3 % menos que en 2023. Si se mira todo el periodo 2015-2024, el consumo mundial ha ido disminuyendo a una tasa media anual de alrededor del 1,3 %, es decir, cada año se bebe un poco menos que el anterior. El máximo se alcanzó en 2017 y desde entonces la curva global mantiene una pendiente descendente.

Dentro de este contexto se distinguen varios grupos de países. En primer lugar están los que resisten relativamente bien la tendencia. Estados Unidos, Italia, España, Portugal y, en menor medida, el Reino Unido muestran niveles de consumo bastante estables. En 2024 Estados Unidos ronda los 33,3 millones de hectolitros; cae un 5,8 % respecto a 2023, pero si se compara con 2015 el balance sigue siendo ligeramente positivo, con una tasa media anual algo por encima del 0,5 %. Italia se sitúa en torno a 22,3 millones de hectolitros, prácticamente igual que el año anterior, y también presenta un ligero crecimiento medio desde 2015. España se mueve cerca de los 9,9 millones, sube un 1,2 % frente a 2023 y, en conjunto, conserva un nivel muy similar al de hace diez años. Portugal es el caso más llamativo en positivo: alcanza unos 5,6 millones de hectolitros, su valor más alto de toda la serie, y su consumo aumenta de forma sostenida, con una tasa media anual de crecimiento en torno al 1,5-2 %.

En un segundo grupo se encuentran los países tradicionales donde el consumo va a menos. Francia desciende hasta unos 22,4 millones de hectolitros en 2024, casi un 5 % menos que el año anterior y claramente por debajo del máximo que marcó en 2017; su consumo se reduce, de media, cerca de un 2 % cada año. Alemania sigue un patrón parecido: pasa de 20,5 millones de hectolitros en 2015 a unos 18,6 en 2024, con pequeñas oscilaciones pero una tendencia general a la baja, en torno al 1 % anual. Rusia, Argentina y Australia muestran una evolución similar, con valores máximos al comienzo de la serie y mínimos o casi mínimos en 2024 y tasas medias de descenso que se sitúan entre algo menos del 1 % y algo más del 3 % al año.

Por último, está el caso extremo de China. En 2017 su consumo de vino se acercaba a los 19,7 millones de hectolitros y aparecía como uno de los grandes motores de crecimiento. En 2024 apenas llega a 5,5 millones. Solo entre 2023 y 2024 la caída es del 23 %, y si se observa toda la década el retroceso medio ronda el 12-13 % al año. Es, con mucha diferencia, el ajuste más brusco entre los países analizados y un factor clave para entender por qué el consumo mundial se ha reducido tanto, además teniendo en cuenta que el 92 % del vino que se bebe allí es tinto.

 

 

Esto es precisamente importante, ya que el descenso de consumo se ha concentrado exclusivamente en el vino tinto, que desde 2000 ha perdido 3 puntos sobre el total (del 51,3 % al 48,3 %), mientras que blancos y rosados ganan terreno: el blanco pasa del 40 % al 42,2 % y el rosado del 8,7 % al 9,5 %. El tirón del blanco está muy ligado al éxito de los espumosos, y el del rosado a su buena acogida en mercados como Reino Unido, Alemania y Estados Unidos. Francia sigue siendo, con mucha diferencia, el principal consumidor de rosado, con más de un tercio de la demanda mundial.

Por países, el consumo de vino tinto cae sobre todo en los grandes mercados europeos tradicionales (Francia, Italia, España, Alemania), mientras que aumentó hasta 2020 en nuevos mercados como el Reino Unido, Estados Unidos o Rusia, pero menos que el blanco, y China, donde incluso llegó a crecer más que el blanco.

Evolución de las exportaciones españolas

A lo largo de las 10 últimas campañas, las exportaciones totales se han ido reduciendo por los cambios en la demanda internacional y por la menor oferta interna disponible. El vino blanco pasó de unos 11,9 millones de hl exportados en 2015/16 a 9,8 millones en 2023/25, con un mínimo en 2019/20 y cierta recuperación posterior. El tinto partió de 12,7 millones de hl y fue bajando casi de manera continuada hasta situarse en torno a 8,8 millones de hl al final del periodo. Eso hizo que, en los últimos años, las ventas exteriores de blanco se acercaran mucho a las de tinto e incluso las superaran en algunos cursos, señal de un mayor equilibrio entre ambos colores en los mercados internacionales.

Por tipo de presentación, el vino a granel se mantuvo claramente por encima del envasado en volumen durante todo el periodo. El granel osciló entre unos 13,5 y 11,4 millones de hl, con un pico en 2020/21, mientras que el envasado descendió de casi 9,8 millones de hl a algo más de 7,2 millones de hl. Esto indica que, aunque España sigue exportando mucho vino, la parte de mayor valor añadido (el envasado) perdió peso relativo frente al granel en términos de volumen.

 

 

Si analizamos el valor de las exportaciones, en los últimos diez años las exportaciones de vino han pasado de 2.630 millones de euros en 2015/16 a 2.940 millones en 2024/25. El sector ha sumado así unos 310 millones más, con un máximo en la campaña 2022/23 y una ligera corrección posterior, situandose cerca de los 3.000 millones de euros. Es un crecimiento moderado pero sostenido, que refleja más una senda de consolidación que grandes saltos.

Es decir, en los últimos 10 años las exportaciones de vino han seguido una tendencia clara bajan los litros enviados al exterior pero suben los ingresos y eso dibuja un sector más centrado en vender con mayor valor añadido que en mover grandes cantidades

El espumoso es el mejor ejemplo el volumen apenas retrocede un 4 % mientras el valor crece un 22 % lo que sugiere una mejora notable del precio medio y un posicionamiento más premium en los mercados internacionales

El vino envasado es el que acusa el mayor ajuste en cantidad con una caída del 17 % en volumen aunque mantiene un avance del 9 % en valor esto apunta a que se exporta menos pero se logra sostener la facturación gracias a precios más altos o a una oferta de mayor gama aunque la contracción de litros refleja una competencia más intensa o un cambio de preferencias en destino

En el granel también cae el volumen un 9 % pero el valor sube un 17 % un comportamiento que indica encarecimiento y una mejora del valor por litro incluso en un segmento tradicionalmente más orientado al precio.

El Espacio Económico Europeo se ha mantenido como destino principal y casi inamovible. Sus compras han aumentado de 1.391 a 1.558 millones de euros y su peso se ha movido en torno al 53 % del total durante todo el periodo. América del Norte ha ganado protagonismo. Ha pasado de 372 a 447 millones, con un avance de algo más del 20 %, y su cuota ha subido del 14 al 15 % aproximado, lo que la afianza como segundo gran mercado.

El cambio más llamativo se ha producido en América Latina y en otros mercados emergentes. América Central (México principalmente) casi ha duplicado sus importaciones, de 87 a 159 millones, y ha elevado su peso desde algo más del 3 % hasta por encima del 5 %. América del Sur ha multiplicado por más de dos sus compras, de 27 a 65 millones, y ya roza el 2 % del total. África subsahariana ha reforzado también su papel, al pasar de 71 a 95 millones, y se mueve en torno al 3 % de las exportaciones. En Asia, Japón ha subido de 79 a 95 millones, mientras que el resto de Asia sin China ha escalado de 42 a 69 millones, lo que le permite ganar algo de cuota hasta situarse por encima del 2 %.

En el lado contrario, Reino Unido y sobre todo China han ido perdiendo peso. El mercado británico ha reducido ligeramente sus compras, de 331 a 315 millones, y su participación ha caído de alrededor del 12,5 % al 10,5 %. El caso de China es mucho más severo. Sus importaciones han bajado de 151 a apenas 43 millones de euros, lo que supone un desplome de más del 70 % en línea con la caída del consumo interno y una caída de la cuota desde cerca del 6 % hasta alrededor del 1,5 %. El grupo del resto del mundo, aunque sigue siendo pequeño, ha pasado de 26 a 45 millones y ha ganado algo de presencia hasta situarse en torno al 1,5 %.

En conjunto, la década deja un mapa en el que Europa sigue actuando como gran ancla de las exportaciones de vino, América ha ido ganando terreno de forma clara y varios mercados emergentes han tomado relieve, mientras que China y en menor medida Reino Unido han dejado de tener el peso que mostraban al inicio del periodo.

 

 

Por tipo de vino, el espumoso es el que muestra un comportamiento claramente expansivo. Parte de 431 millones de € en 2016 y, pese al bache de 2020, termina en 2025 en torno a 526 millones, lo que supone un aumento de algo más del 22 %. Su peso en el total pasa de alrededor del 16,5 % a cerca del 18 %, de modo que gana relevancia dentro del mix exportador.

El envasado continúa siendo el segmento dominante, aunque crece bastante menos. Pasa de unos 1.705 millones a unos 1.862 millones en 2025, aproximadamente un 9 % más, con un máximo en 2023 por encima de 1.937 millones. En los dos últimos años se aprecia un ligero retroceso, y su cuota dentro del total desciende de cerca del 66 % a algo menos del 64 %, lo que indica una pérdida relativa de protagonismo.

Los graneles son la partida más volátil: suben con fuerza hasta alcanzar su máximo en 2018 (en torno a 628 millones), caen en 2019 y 2020 por debajo de 480 y 440 millones respectivamente, y desde 2021 recuperan terreno hasta situarse alrededor de 536 millones en 2025. En el conjunto del periodo aumentan algo más del 17 % y pasan de representar alrededor del 17,5 % del total a algo más del 18 %, reforzando también su peso relativo.

 

Evolución del consumo en España

El consumo de vino en el mercado interior se ha mantenido bastante estable en los últimos 10 años. En la campaña 2015/16 se bebieron unos 981 millones de litros y siguió estable hasta el subidón de 2019/20, cuando se superaron los 1.022 millones de litros. Justo después vino una fuerte corrección en 2020/21, cuando el volumen cayó hasta unos 922 millones, el registro más bajo de toda la serie.

Desde entonces, el consumo vuelve poco a poco a la normalidad y en 2021/22 rondaba los 960 millones de litros y siguió recuperándose en las campañas siguientes. En 2023/24 y 2024/25 se sitúa de nuevo cerca de los 975 millones, prácticamente el mismo nivel que 10 años antes, aunque con una tendencia ligeramente a la baja.

El análisis del consumo de los hogares nos permite analizar el consumo por tipo de vino y ver que no todos han seguido el mismo camino. En 2020 y 2021 el consumo en casa sube de forma anormal por la pandemia, porque muchas ocasiones que antes eran fuera del hogar pasan a hacerse en casa. A partir de 2022 el mercado se recoloca, primero por la vuelta a hábitos más normales y, además, por la inflación tras la crisis de Ucrania, que empuja a las familias a ajustar la cesta.

En ese ajuste, los tintos son los que más marcan la tendencia porque son la categoría con más volumen. Tras el pico de pandemia, no solo bajan respecto a 2021, sino que también quedan por debajo del nivel prepandemia, continuando una tendencia a la baja que se repetía ya antes de la pandemia. En el último año móvil disponible, julio de 2025, se sitúan en 153,0 millones de litros, alrededor de un 10 por ciento menos que en 2019, pero al menos parece que su consumo se ha estabilizado. Es el tipo de vino que más explica que el total de hogares termine en un escalón inferior.

Los blancos, en cambio, muestran más aguante. Subían de forma clara incluso antes de la pandemia, pero después de esta su con sumo se después recortan, pero se queda cerca de su referencia pre Covid. En julio de 2025 están en 97,7 millones de litros, muy próximos a 2019, lo que sugiere un comportamiento más estable incluso en un entorno de precios altos.

Los espumosos muestran un comportamiento similar a los blancos. En pandemia se disparan y por eso, si se compara contra ese año, parece que caen con fuerza. Pero si se compara con 2019, la lectura es más simple. En julio de 2025 los espumosos están prácticamente igual que antes del Covid.

 

 

En cuanto a la evolución de los precios reales pagados por los hogares, en la siguiente gráfica podemos ver su evolución en comparación con el IPC del vino. El IPC muestra el pulso general de la inflación con una trayectoria más estable, mientras el precio real pagado por los hogares refleja mejor lo que pasa en la compra efectiva y por eso se mueve con más cambios, sobre todo en la serie original. En la gráfica, la lectura más útil está en la desestacionalizada y en su tendencia, porque ahí se ve la evolución de fondo sin el ruido del calendario.

El IPC en la gráfica actúa como la línea guía de la inflación general y su recorrido es mucho más continuo que el del precio real pagado por los hogares. Tras la subida de 2017 por el recorte de producción, en 2018 y 2019 se comportó forma bastante estable, reflejando un entorno sin grandes sobresaltos. En 2020 se aprecia un parón y un comportamiento más contenido, coherente con un shock económico que rompió patrones de consumo y enfría la presión inflacionaria en el índice general. En 2021 el IPC recupera tracción y vuelve a una senda más normalizada, preparando el terreno para el gran cambio de fase.

Ese cambio llega en 2022 y se prolonga en 2023, cuando el IPC se convierte en el protagonista de la historia porque acelera con fuerza y marca el tramo de inflación alta. En esos años el índice general suele ir por delante del precio real pagado desestacionalizado, lo que se interpreta como un desfase de transmisión. El IPC recoge antes el encarecimiento generalizado, mientras que el precio efectivamente pagado por los hogares ajusta de manera más gradual, amortiguado por decisiones de compra, sustitución hacia alternativas más baratas y mayor búsqueda de promociones.

En 2024 y 2025 el IPC cambia de tono y entra en una etapa de moderación y estabilización. Ya no empuja con la misma intensidad y eso facilita que el precio real pagado desestacionalizado y su tendencia se muevan de forma más acompasada, reduciendo las divergencias.

 

Estadísticas
Comercio Exterior
Economía Agroalimentaria