
15 January 2026
Los precios de los cereales en España han mostrado un comportamiento algo dispar en España desde el inicio del verano. El trigo blando se ha mantenido prácticamente estable, con 208,71 euros por tonelada a comienzos de julio y 207,74 euros por tonelada a principios de enero, según los precios medios nacionales del Ministerio de Agricultura. La cebada, por su parte, ha encadenado una subida moderada desde 188,86 hasta 195,38 euros por tonelada, con el tramo más firme durante el otoño y una leve corrección al comenzar el año. El maíz ha seguido la senda contraria. Tras un repunte en agosto dentro del periodo analizado, ha ido perdiendo fuerza hasta situarse en 218,68 euros por tonelada, por debajo del nivel de principios de julio, que era 223,73 euros por tonelada.
Detrás esta corrección se encuentra la abundante cosecha internacional, que ha disparado las importaciones de cereal desde el final del verano, compensando el descenso de las compras de grano en el exterior de los meses anteriores por el aumento de la oferta nacional,
La publicación del WASDE del lunes 12 de enero de 2026 apunta incluso a una oferta algo mayor de granos, y eso se traduce en existencias finales más elevadas en trigo, maíz, cereales secundarios, arroz y soja.
En trigo, la producción mundial de 2025/26 se revisa al alza y las existencias finales aumentan, mientras el consumo total apenas varía; el resultado es un ligero repunte del ratio existencias/uso, señal de un balance algo más desahogado que el estimado en diciembre. En cereales secundarios (maíz principalmente) ocurre algo parecido: la producción mundial sube con claridad y el consumo total también aumenta, pero el incremento de oferta pesa más y las existencias finales avanzan, elevando el ratio existencias/uso.
En arroz, los cambios son más moderados, pero aun así enero incrementa las existencias finales y mantiene el consumo prácticamente estable, con un pequeño repunte del ratio existencias/uso. En soja, suben la producción y las existencias finales y, aunque el uso también crece, el balance global queda ligeramente más holgado que en diciembre.
En trigo, la disponibilidad global sube hasta 1.102,2 millones de toneladas, empujada por un incremento de producción en Argentina y Rusia que compensa el recorte previsto en Turquía. Argentina encamina una cosecha récord de 27,5 millones de toneladas y Rusia eleva su previsión a 89,5 millones. El consumo mundial también avanza hasta 823,9 millones de toneladas, con mayores usos en Rusia, Ucrania y Marruecos. El comercio internacional crece hasta 219,8 millones de toneladas por un aumento de exportaciones de Argentina y Kazajistán, solo parcialmente neutralizado por menores previsiones para la Unión Europea y Ucrania. Con este equilibrio, las existencias finales globales aumentan a 278,3 millones de toneladas, sobre todo por la acumulación en Rusia y Argentina.
En cereales secundarios, la producción mundial se proyecta en 1.591 millones de toneladas, con China como principal motor al elevar su cosecha de maíz a un récord de 301,2 millones de toneladas. El comercio se mantiene prácticamente sin cambios, pero las existencias finales suben y los stocks mundiales de maíz alcanzan 290,9 millones de toneladas, reflejando en gran medida una mayor acumulación en China
En arroz, el balance mundial también se amplía. La oferta global aumenta hasta 732,4 millones de toneladas gracias a mayores existencias iniciales y a un incremento de producción en China y Japón. El consumo apenas crece hasta 542,0 millones de toneladas, mientras el comercio sube ligeramente a 63,5 millones de toneladas, impulsado por mayores envíos de China que compensan recortes de Pakistán y Estados Unidos. Las existencias finales mundiales se elevan a 190,3 millones de toneladas, con subidas destacadas en China, Japón, Bangladesh y Pakistán
En oleaginosas, la soja vuelve a situar el foco en Sudamérica. La producción mundial aumenta a 425,7 millones de toneladas por el avance de Brasil y Estados Unidos, pese a una caída en China. Brasil marca la pauta con 178,0 millones de toneladas, favorecido por condiciones meteorológicas beneficiosas en el Centro-Oeste y mejores perspectivas de rendimiento en el sur.
La molienda global se incrementa y se reajustan los flujos de subproductos, con más exportaciones de harina desde Brasil y Estados Unidos y un ajuste en la Unión Europea, que reduce su molienda e importaciones de soja ante una mayor disponibilidad de harina importada. En el comercio de grano, las exportaciones mundiales bajan ligeramente a 187,6 millones de toneladas porque el aumento de Brasil se ve compensado por menores envíos de Estados Unidos. Las existencias finales globales suben a 124,4 millones de toneladas, principalmente por mayores acumulaciones en Brasil y Estados Unidos, reforzando la lectura de un mercado más abastecido en 2025/26.
En definitiva el WASDE dejó un mensaje de oferta más holgada y el mercado lo descontó con rapidez, primero en Chicago y después en Europa. En la sesión del propio lunes, el maíz en CBOT encajó el golpe principal con una caída de alrededor del 5,4 % frente al cierre del viernes, mientras el trigo estadounidense retrocedió cerca del 1,2 %, un movimiento más contenido pero coherente con un informe que elevó las existencias finales de maíz y también las de trigo, además de apuntalar una lectura global de mayor disponibilidad en exportadores clave.
Ese giro se trasladó a Euronext con un impacto más amortiguado y con más matices de debido a la operativa real de compra y venta y la competencia del Mar Negro. El trigo panificable en París bajó en torno al 1,3 % el lunes, pero el martes recuperó parte del terreno perdido, reflejando que el contagio desde Chicago existe pero no manda en solitario. La dinámica europea quedó condicionada por el tipo de cambio y por la pugna exportadora, ya que un euro algo más débil tiende a mejorar la competitividad del trigo comunitario, al tiempo que la presión de precios desde el Mar Negro y Argentina siguió funcionando como techo para cualquier rebote sostenido.
Este ajuste ha encajado en un contexto de precios en maíz a la baja bajo el peso de una cosecha estadounidense muy abultada y de señales persistentes de oferta holgada, de modo que el mercado llegó a enero especialmente sensible a cualquier confirmación de existencias elevadas. El trigo, tanto en Estados Unidos como en Europa, se movió con un comportamiento menos claro pero con fondo bajista, y en Euronext pasó largas semanas cerca de mínimos de contrato, atrapado entre la competencia exportadora y el vaivén del euro, lo que hizo que la mayoría de rebotes se agotaran con rapidez.
Por otro lado, en los últimos meses el mercado ha dibujado un contraste claro entre el comportamiento de los cereales y el de los fertilizantes. Con los precios internacionales como referencia, los fertilizantes han tendido a encarecerse mientras que los cereales, apenas han ofrecido recorrido. Sin embargo, al mirar la misma evolución en euros el relato cambia de matiz: los fertilizantes se han movido poco y la caída se ha concentrado en los cereales. Esta diferencia es el reflejo del papel que ha jugado la cotización euro dólar durante el periodo.
La evolución del tipo de cambio ha actuado como amortiguador para Europa. Un euro más fuerte frente al dólar reduce el coste en euros de aquello que se negocia en dólares, y eso explica por qué el encarecimiento observado en fertilizantes al medirlo en dólares prácticamente desaparece cuando se traslada a euros. En paralelo, ese mismo efecto divisa ha empujado a la baja el valor en euros de los cereales, incluso cuando en dólares su comportamiento ha sido mucho más estable. En la práctica, el tipo de cambio ha suavizado el golpe en el lado de los insumos, pero lo ha endurecido en el lado de los ingresos ligados al grano.
La variable que mejor resume el impacto para el sector agrario es la relación entre el precio de los fertilizantes y el de los cereales, porque funciona como un termómetro del poder de compra. Cuando esa relación sube, el agricultor necesita más valor de grano para pagar el mismo paquete de fertilización. Eso es exactamente lo que ha ocurrido en el último año, con una relación que ha pasado de niveles de finales de 2024 a valores más exigentes al cierre de 2025 y con un pico especialmente duro en el verano de 2025, cuando los fertilizantes se encaramaron a máximos relativos al mismo tiempo que los cereales tocaban mínimos.
La comparación con la década anterior sitúa este episodio en un contexto todavía más revelador. El último año se mueve claramente por encima de la media de los diez años previos en términos de esa relación, lo que implica que el poder de compra del sector ha estado más presionado de lo habitual. Aunque los máximos históricos de la década se concentraron en la crisis de costes de 2021, el nivel medio actual vuelve a colocarse en una zona incómoda, y lo hace además por una combinación distinta: no tanto por un estallido de los fertilizantes en euros, sino por un cereal que se abarata aún más en moneda europea.
Para 2026, la previsión del Banco Mundial es que los precios de los fertilizantes en dólares desciendan un 5 % respecto a la media del año pasado, mientras que los cereales se mantendrían estables, lo que ayudaría a aliviar la situación.

En la UE, sin embargo, al esquema de sanciones a los fertilizantes de Rusia y Bielorrusia en vigor desde julio, se añade el mecanismo de ajuste en frontera por Carbono (CBAM), que entra este año en régimen definitivo. Esto provocará que el mercado de fertilizantes tienda a encarecerse y reorganizarse porque las importaciones pasan a generar obligación en función de las emisiones embebidas. Esto exige más trazabilidad y verificación y favorece a proveedores con menor huella de carbono o con precios de carbono reconocibles. Aun así, el impacto directo en 2026 será limitado porque la entrada es gradual y solo aplica el 2,5 % del carbono en 2026, aumentando hasta el 100 % a partir de 2034, en paralelo a la retirada progresiva de los derechos gratuitos del EU ETS.
El pago mediante compra de certificados se materializará desde febrero de 2027, por lo que en 2026 el efecto se verá sobre todo en primas de riesgo, renegociación de contratos y cambios de origen, con alivio parcial para importadores pequeños por la exención anual de hasta 50 toneladas de producto en las categorías cubiertas. Conviene recordar que los derechos gratuitos se aplican a la producción en la UE y se retiran entre 2026 y 2034, pero los importadores no reciben derechos gratis, sino que su obligación CBAM se ajusta por la parte equivalente aún cubierta por asignación gratuita en la UE.

