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Proyecto Life Agromitiga: un sector agrario “hipocarbónico” gracias a la agricultura de conservación

La UE necesita reducir las emisiones de GEI de su agricultura y adaptar su sistema de producción alimentaria para hacer frente al cambio climático
Cultivoss verdes con agricultura de conservación


Si bien es indudable el avance que ha supuesto el modelo basado en el laboreo mecanizado para la agricultura española, este sistema, iniciado hace más de medio siglo, en la actualidad se demuestra como insostenible, al constituir un modelo emisor de gases de efecto invernadero y no favorecer la adaptación de los cultivos frente a los escenarios esperados por la acción del cambio climático, al degradar el suelo y reducir, por tanto, la resiliencia de los ecosistemas agrarios.

La agricultura de conservación para favorecer el secuestro del carbono en el suelo

El proyecto europeo Life Agromitiga, liderado por la Asociación Española Agricultura de Conservación Suelos Vivos, y en el que participan Asaja Sevilla, la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible de la Junta de Andalucía, la Federación Europea de Agricultura de Conservación, el IFAPA y la Universidad de Córdoba, hace suyo esta problemática.

Promueven como solución ante este escenario, la implantación de las técnicas de agricultura de conservación, favoreciendo así el secuestro de carbono en los suelos agrícolas, y desarrollando herramientas en dispositivos móviles para la cuantificación del incremento de materia orgánica.

Según el special report Climate Change and Land publicado por el IPCC en 2019, la agricultura, junto con la silvicultura y con otros usos de la tierra, constituyen una importante fuente “neta” de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Concretamente, se estima que las emisiones de CO2 equivalente procedentes de estos usos del suelo supusieron un 23 % del total en el periodo 2007-2016.

La agricultura, lejos de ser sólo un sector emisor de GEI, sufre además las consecuencias del cambio climático, pues tal y como afirma el IPCC en dicho informe, el incremento de temperaturas que se viene produciendo por el calentamiento global está alterando el comienzo y el final de los períodos vegetativos y está reduciendo la disponibilidad de agua dulce. Ello supone que, a la postre, el rendimiento de los cultivos disminuya.

En este sentido, la Agencia Europea de Medio Ambiente indica que “la UE necesita reducir las emisiones de GEI de su agricultura y adaptar su sistema de producción alimentaria para hacer frente al cambio climático”.

En este contexto, los suelos agrícolas pueden jugar un papel determinante en lo que a la mitigación del cambio climático se refiere. Con tres veces más carbono (C) que la atmósfera, los suelos son reconocidos como el segundo almacén de este elemento en el planeta después de los océanos (Burjano-Orjuela, 2018).

Históricamente, los suelos han sufrido diversos procesos (erosión, desertificación, salinización, entre otros), que han provocado que gran parte del carbono almacenado en su interior haya sido liberado a la atmósfera en forma de CO2. Como una de las causas promotoras de dichos procesos, se encuentran las prácticas agrícolas basadas en el laboreo, ya que aceleran la descomposición y mineralización de la materia orgánica (MO).

Se estima que este tipo de agricultura ha contribuido a la pérdida de entre un 30 % y un 50 % del C en las últimas dos décadas del siglo XX (Reicosky, 2011). España no es ajeno a este problema, por cuanto debido al bajo contenido de C presente en el suelo, el 88 % de las provincias españolas se encuentra en riesgo de pérdidas importantes en la calidad de sus suelos.

“la UE necesita reducir las emisiones de GEI de su agricultura y adaptar su sistema de producción alimentaria para hacer frente al cambio climático"

Este hecho no hace sino poner de manifiesto el gran potencial que los suelos agrícolas tienen para secuestrar el CO2 atmosférico a través de la implantación de prácticas agrícolas que favorezcan los procesos de fijación de C, habida cuenta la cantidad de este elemento que han ido perdiendo década tras década, y la agricultura de conservación, se presenta como una de las soluciones más eficaces en este sentido, sin que por ello se ponga en compromiso la sostenibilidad económica y social de las explotaciones agrícolas.

Los principios de la agricultura de conservación

Los principios de la agricultura de conservación, sobre los que se fundamentan una implantación exitosa y unos beneficios reales sobre los ecosistemas agrarios, son los siguientes:

  • Realizar la siembra sin remover el suelo. En la práctica se traduce en suprimir el laboreo, de manera que se mejore la integridad estructural del suelo y los restos vegetales queden sobre su superficie.
  • Mantener una cobertura vegetal sobre el suelo durante todo el año. Esto se traduce en el mantenimiento de los rastrojos en cultivos herbáceos y en la siembra o conservación de cubiertas vegetales entre hileras de árboles en los cultivos leñosos. Al menos el 30 % del suelo debe quedar cubierto tras la siembra, para protegerlo eficazmente contra la erosión. No obstante, son deseables coberturas mayores al 60 % para tener un control casi total sobre este proceso de degradación del suelo.
  • Programar rotaciones o diversificación de cultivos en cultivos anuales. De esta forma, se controlan mejor plagas y enfermedades, rompiendo ciclos que se mantienen en monocultivos, además de incorporar cultivos que puedan mejorar la fertilidad natural del suelo y la biodiversidad.

Dos son las técnicas de referencia de la agricultura de conservación, la siembra directa en cultivos herbáceos o anuales, y las cubiertas vegetales en cultivos leñosos o perennes. Tanto en un caso como en el otro, existe una ruptura con el paradigma de que para cultivar es necesario labrar el suelo, siendo necesario un cambio en la mentalidad del agricultor, siendo este el factor más determinante para el éxito de este tipo de prácticas, más que la capacitación o el empleo de maquinaria específica.

Cultivo de girasol en siembra directa
Cultivo de girasol en siembra directa

Dos son las técnicas de referencia de la agricultura de conservación, la siembra directa en cultivos herbáceos o anuales, y las cubiertas vegetales en cultivos leñosos o perennes

Las sembradoras directas en cultivos herbáceos

En el aspecto tecnológico, lo que resulta más novedoso respecto a un manejo convencional del cultivo, es la utilización de las denominadas sembradoras directas en los cultivos herbáceos, por cuanto es necesario implantar la semilla en un suelo cubierto por restos vegetales y sin ningún tipo de alteración mecánica previa.

Por todo ello, es necesario que la sembradora, además del mecanismo de depósito de la semilla en el suelo, disponga de una serie de implementos que posibiliten el corte del rastrojo, la apertura del surco en el suelo y el posterior enterrado de la semilla, de manera que se garantice una correcta implantación del cultivo.

En este sentido, en España se viene desarrollando durante más de dos décadas, sembradoras directas e implementos que se adaptan perfectamente a las condiciones del suelo de nuestro país, quedando ya muy atrás los tiempos que los que sólo se utilizaban máquinas importadas de otros países con las que no siempre se obtenían los resultados apetecidos.

Sembradora directa
Sembradora directa

El mecanismo de acción de la agricultura de conservación

El cambio en la filosofía de manejo que implica la práctica de agricultura de conservación induce modificaciones en la dinámica del carbono en el suelo, incrementando su concentración y cantidad fundamentalmente por dos motivos.

Por un lado, al dejar los restos vegetales cubriendo la superficie del suelo, se favorece que el CO2 atmosférico fijado en sus estructuras vegetativas a través de la fotosíntesis pase a formar parte del suelo como MO gracias a los procesos de descomposición realizados por los microorganismos del suelo.

Por otro lado, la eliminación de las labores sobre el suelo hace que se mejore la estructura del mismo, aumentando la estabilidad de los agregados frente a los procesos de desagregación, permitiendo una mayor protección de la MO frente a los ataques de la microfauna edáfica, y manteniendo “atrapado” en el espacio poroso del suelo el CO2 resultante de los procesos de mineralización de la MO, con lo que se contribuye a una reducción de las emisiones de este gas.

En definitiva, la agricultura de conservación promueve la entrada de CO2 en el suelo gracias a la presencia de restos vegetales y reduce las salidas de este gas como consecuencia de la reducción de las labores, lo que a la postre se traduce en un incremento del efecto sumidero.

Los resultados del proyecto Life Agromitiga

Sobre esta base se viene desarrollando el proyecto LifeAgromitiga, el cual, a través de sus acciones demostrará como, gracias al empleo de este tipo de prácticas, se incrementa el contenido de C en el suelo a la par que reduce las emisiones de GEI. El proyecto actúa sobre una red de 35 fincas de cultivos leñosos y cultivos herbáceos situada en Andalucía y en países como Portugal, Italia y Grecia.

Hasta la fecha, en todas las fincas se han observado mayores contenidos de carbono orgánico (CO) en los suelos manejados bajo las técnicas de AC que en los suelos manejados con agricultura convencional, con valores que llegan a ser hasta un 40 % mayores en cultivos herbáceos y un 35 % mayores en cultivos leñosos.

El proyecto tiene en el desarrollo de una herramienta tecnológica para dispositivos móviles, uno de los productos que estarán a disposición de los agentes del sector agrario para cuantificar y evaluar la ganancia de C gracias a las prácticas agrarias empleadas en la explotación.

Dicha herramienta se trata de una app capaz de cuantificar el contenido de C en el suelo a través de la toma de fotografías, y que calcule, en base al sistema de manejo empleado en el cultivo, el CO2 equivalente asociado al consumo energético, dando valores de reducción de emisiones de GEI gracias al empleo de las prácticas de agricultura de conservación.

Por otra parte, los resultados alcanzados y el conocimiento generado en el proyecto contribuirán a implementar las políticas que, en materia de cambio climático y medio ambiente, se desarrollarán en el marco de las grandes estrategias planteadas en el seno de la UE.

Así, iniciativas como el Green Deal, o la estrategia que ha surgido a su amparo como la denominada Farm to Fork, en las que se aboga por incrementar el objetivo de reducción de las emisiones de GEI en al menos un 55 % respecto los niveles del año 1990, y por un impacto medioambiental neutro o positivo, establecerán las bases para desarrollar prácticas agrícolas neutras para el clima mediante la reducción de las emisiones de GEI y el aumento del secuestro y almacenamiento de C en las explotaciones agrícolas.

En este sentido, el proyecto Life Agromitiga servirá para presentar a la red de fincas demostrativas como ejemplo y como uno de los modelos a seguir para la consecución de la neutralidad climática en las explotaciones agrarias.


01 febrero 2021
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