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Sostenibilidad en la producción animal a través de uso de legumbres autóctonas

Se prevé que la población mundial alcance los once mil millones de personas en 2.100. Paralelo a ese crecimiento habrá un incremento en el consumo y producción de carne
Agricultor abriendo una vaina de guisante


Se prevé que la población mundial alcance los once mil millones de personas en 2.100. Paralelo a ese crecimiento habrá un incremento en el consumo y producción de carne, especialmente de pollo y cerdo. Este incremento de la producción de carne ocasionará no solo un aumento del censo ganadero sino también un incremento en el rendimiento productivo de cada animal. A pesar de los beneficios múltiples de la producción de carne en las zonas rurales y de la demanda de alimentos de alto contenido proteico, ese incremento de la población de animales de granja tendrá consecuencias profundamente negativas para la Tierra, como la deforestación, la erosión, y la polución de aire y agua. Todos estos factores acelerarán el cambio climático con una pérdida de la biodiversidad y un aumento de las enfermedades[1].

Mejora de eficiencia productiva y necesidades de proteína

La eficiencia productiva en animales de granja se puede mejorar a través de la selección genética de la población para incrementar la producción. También se puede mejorar genéticamente la eficiencia alimentaria de cada animal (cantidad de kg de carne producido por kg de pienso). Animales con una genética de alta producción, sin embargo, requieren también de una alimentación con piensos elaborados a partir de materias primas de alta calidad que permitan una expresión de su potencial alto de producción. De lo contrario, estos animales pueden verse más afectados por factores de estrés ambiental y enfermedades que los animales con un nivel genético más bajo en cuanto a producción y exigencia de nutrientes.

La necesidad de recursos alimentarios de alta calidad está ligada a los últimos avances en granjas de producción intensiva y a la agricultura y ganadería de precisión. Esto ha generalizado la cotización en los mercados internacionales de materias primas para fabricación de piensos con un valor nutricional alto (bienes básicos o commodities). Por ejemplo, la harina de soja es un ingrediente común en las dietas de cerdos y gallinas por su alto contenido en proteínas (cercano al 50 %), un buen perfil de aminoácidos, contenido bajo de grasa, homogeneidad en su composición nutricional, y la facilidad para reducir o eliminar factores anti-nutritivos que pueden ocasionar efectos negativos en la digestibilidad de nutrientes o en la salud. En la actualidad están disponibles durante todo el año.

Sin embargo, debido a los tratados internacionales, y a que solo un 3 % de la superficie de la UE se dedica al cultivo de plantas proteicas, dependemos de la importación de países como Argentina, Brasil y EEUU, donde el cultivo de la soja ha eliminado ecosistemas naturales. Debido a esa fuerte dependencia de la importación de soja hay un interés creciente en la UE para promover el cultivo de proteaginosas destinadas a la alimentación ganadera y que se refleja en el Plan Proteico UE (o Plan de Proteína Vegetal de la UE)[2]. La producción local de plantas se considera sostenible, además, porque la energía utilizada para su transporte se reduce drásticamente, y consecuentemente, la emisión de gases de efecto invernadero.

En España, los cultivos extensivos de cereales de secano han modificado el paisaje durante siglos, generando un hábitat abierto de gran interés para muchas especies de aves de naturaleza esteparia. En estas estepas ibéricas es fundamental la rotación del cereal con leguminosas y barbechos. Estas aves encuentran en los cereales y leguminosas sus refugios para anidar, y en las leguminosas y barbechos sus zonas de alimentación, ricas en proteína vegetal e insectos. Las estepas españolas generadas por estos cultivos albergan las mayores y casi últimas poblaciones europeas de ganga ibérica (Pterocles alchata), avutarda (Otis tarda), sisón (Tetrax tetrax), alcaraván (Burhinus oedicnemus) y cernícalo primilla (Falco naumanni).

Cultivos proteaginosos en España y biodiversidad de aves esteparias

En España, las legumbres de interés para forrajes, o grano para los piensos, son:

Los guisantes (primavera e invierno)

  1. Altramuces
  2. Vezas
  3. Alberjones
  4. Yeros
  5. Algarrobas
  6. Titarros
  7. Alholvas
  8. Y garbanzos negros

Son cultivos de gran interés por su adaptación a las condiciones edafo-climáticas españolas, su resistencia a patologías y sus rendimientos productivos con un potencial elevado. Las legumbres obtenidas localmente aportan otros beneficios a la agricultura sostenible.

Por ejemplo, se pueden utilizar en el cultivo mixto con otras plantas (generalmente cereales: la “camuña palentina”) y también en la rotación de cultivos, técnica heredada de los romanos, que ya eran conscientes de que la utilización de un solo cultivo empobrecía el suelo y las cosechas.

 Hoy en día, la rotación de cultivos se ha obviado por la utilización de fertilizantes minerales y por el uso de productos químicos contra las malas hierbas y enfermedades. Sin embargo, los fertilizantes convencionales, y en particular los fertilizantes de nitrógeno requieren mucha energía para su producción.

Debido a ello, desde 2015, la UE prima la investigación del cultivo de proteaginosas para alimentación ganadera incluyendo legumbres autóctonas y su rotación con cereales y la producción animal sostenible con un énfasis en mitigar el cambio climático. Otra ventaja de las leguminosas es su capacidad de participar activamente en la fijación de nitrógeno atmosférico por su simbiosis con bacterias del género Rhizobium, añadiendo, además, nitrógeno al suelo. Esto supone que no necesitan fertilizantes de nitrógeno para su crecimiento, evitando la contaminación de acuíferos o cursos fluviales que podría causar su eutrofización.

Altramuces apilados en un recipiente. En España, las legumbres de interés para forrajes son los guisantes, altramuces, vezas, alberjones, yeros, algarrobas, titarros, alholvas, y garbanzos negros
En España, las legumbres de interés para forrajes son los guisantes, altramuces, vezas, alberjones, yeros, algarrobas, titarros, alholvas, y garbanzos negros

La producción local de leguminosas para piensos representa el punto de conexión para la sostenibilidad integrada de los cultivos de plantas y los sistemas de producción ganadera en granjas. Cuando se habla del rendimiento de estos cultivos y se compara con los cereales parece existir un desfase notable, con producciones muy superiores de cebada, trigo, etc. Sin embargo, el guisante, la legumbre local que más se ha investigado y mejorado, puede rendir cantidades similares a los cereales; incluso cosechas con la mitad del rendimiento de una cebada.

Teniendo en cuenta su mayor precio de venta, que no necesita fertilizantes y que desde 2015 recibe subvenciones de la UE, su siembra puede resultar rentable. Que este tipo de cultivos, con leguminosas como alberjones, titarros, algarrobas, etc., denominados “menores” por la UE, hayan empezado a recibir ayudas según el Artículo 34 del Real Decreto 1075/2014[3], supone un estímulo fundamental para su siembra. El objetivo es contribuir a la autonomía alimentaria del sector ganadero basada en los cultivos de alto contenido proteico con destino a su utilización en alimentación animal.

El uso de leguminosas como alternativas proteicas en alimentación porcina

Nuestras investigaciones, sustituyendo parcial o totalmente la soja por guisante de invierno, titarro o alberjón, en dietas para cerdo blanco o Ibérico, son de enorme interés para su aplicación en condiciones comerciales. 

El alberjón es particularmente interesante para ganado porcino por varios motivos. Tiene una media de proteína, según variedades, del 26 % con niveles aceptables de aminoácidos limitantes como la lisina y más elevados de aminoácidos azufrados -metionina, cistina- que el guisante. La presencia del dipeptido γ‐glutamyl‐S‐ethenyl‐cysteina (GEC), un bioactivo (mal llamado anti-nutritivo) específico suyo, origina sabores que pueden limitar el consumo.

Nuestros resultados indican que, en cerdo blanco, dependiendo de la cantidad añadida al pienso, estimula el consumo o lo reduce[4,5]. En el caso del cerdo Ibérico (cruzado 50 % Duroc), el interés radica en reducir la ingesta de pienso para cumplir con las exigencias de la Norma del Ibérico llegando a los 10 meses de vida sin pesos demasiado elevados; con alberjones se puede conseguir si sabemos la cantidad de GEC en la variedad empleada.

No detectamos diferencias estadísticas significativas en eficiencia alimentaria entre los grupos (con y sin suplementos de alberjón)[6]. Por otro lado, la utilización de materias primas locales da un valor añadido a su comercialización y a la posibilidad de producir carne diferenciada con sello de calidad: “productos de cerdos alimentados con legumbres locales”.

Porcinos ibéricos alimentándose en el campo
La reducción de la ingesta provocada por algunos factores anti nutricionales presentes en algunas leguminosas pueden ser una ventaja comparativa en porcino ibérico

Está claro que existe un gran interés en la UE, y en particular en España, para reducir la dependencia de la importación de semillas de alto contenido proteico y para mejorar la sostenibilidad del campo. La reintroducción de legumbres locales, bien sea en cultivos mixtos o en rotación, integrando la producción ganadera, forma parte de lo que se considera “economía circular”.

Sin embargo, para que estas alternativas sean viables económicamente, es necesaria una participación activa y conjunta de los diferentes actores implicados. Se tiene que producir un cambio en la cultura productiva, con financiación e información, así como inversiones en investigación para la mejora genética simultánea de las variedades locales de leguminosas y de los animales de granja, con el objetivo de mantener una producción ganadera eficiente y sostenible.

Hemos de remarcar que quizás el factor más limitante para la incorporación de leguminosas locales a los piensos es el desconocimiento de sus factores bioactivos. Determinar cuáles presentan, en qué cantidad y su actividad, nos abre un mundo de posibilidades al beneficiarnos de sus efectos favorables, consiguiendo alimentos de mayor calidad para los animales y, en consecuencia, una carne más saludable.

Fuentes consultadas:

[1] WM Rauw, L Rydhmer, I Kyriazakis, M Øverland, H Gilbert, JCM Dekkers, S Hermesch, A Bouquet, E Gómez Izquierdo, I Louveau, L Gomez-Raya, 2020. Prospects for sustainability of pig production in relation to climate change and novel feed resources. Journal of the Science of Food and Agriculture 100: 3575-3586. https://doi.org/10.1002/jsfa.10338.

[2] Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentacion, Gobierno de España, 2019. Plan de proteína vegetal de la UE. https://www.mapa.gob.es/es/agricultura/temas/producciones-agricolas/1_planproteicoue-sgchiao_tcm30-508169.pdf.

[3] Boletin Oficial del Estado, 2014. Real Decreto 1075/2014. https://www.boe.es/eli/es/rd/2014/12/19/1075/con.

[4] E Gómez‐Izquierdo, JJ Ciruelos, C Tomás, E Guillamón, E Varela, M Martín‐Pedrosa, P López‐Nuez, MA Latorre, E de Mercado. Interés del alberjón (Vicia narbonensis) en alimentación de cerdo graso. Datos Productivos. AIDA, XVIII Jornadas sobre Producción Animal: Zaragoza, España, 2019; pp. 269–271. https://www.aida-itea.org/aida-itea/files/jornadas/2019/comunicaciones/2019_NyA_65.pdf.

[5] E Gómez‐Izquierdo, E de Mercado, J Gómez‐Fernández, C Tomás, E Guillamón, E Varela, M Muzquiz, MM Pedrosa, P López‐Nuez, MA Latorre. Tolerancia a diferentes factores antinutritivos en lechones alimentados con guisantes de invierno (Pisum sativum) y alberjón (Vicia narbonensis) en la fase estárter. ITEA 2018, 114, 243–258. https://www.aida-itea.org/aida-itea/files/itea/revistas/2018/114-3/(243-258)%20A58168%20(114-3).pdf.

[6] E Gómez Izquierdo, L Gomez-Raya, E de Mercado de la Peña, JJ Ciruelos, WM Rauw, 2020. Feed efficiency can be sustained in pigs fed with locally produced Narbon vetch (Vicia narbonensis L.). Sustainability 12: Artículo 3993. https://www.mdpi.com/2071-1050/12/10/3993.


07 mayo 2021
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